Por Florencia Bombini
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Las veredas están invadidas. Cerca del cordón, hay una manta con ropa de niños. Enfrente, contra la pared, hay tres chicas con un cajón con artículos de limpieza. En el medio quedó lugar para un pasillo de menos de un metro donde apenas pasa un transeúnte entre cientos de personas que circulan con carteles gritando nombres, con voces que se entremezclan. Otras prefieren obviar este paso y pegan un papel con su identificación en la pared, otras lo llevan colgando o lo tienen en la mano, como quien va a encontrarse con alguien en un aeropuerto.

Esto sucede tres veces por semana: lunes, miércoles y viernes a partir del mediodía. Nadie quiere estar ahí, nadie quiere pasar una tarde al rayo del sol ofreciendo sus productos para obtener otros y llegar a fin de mes pero la situación económica llevó a este grupo de gente a juntarse en la calle Luque Honorio, a metros de la estación de Laferrere, en el partido bonaerense de La Matanza.

El trueque volvió a escena, ese método que se popularizó durante la crisis de 2001, cuando la sociedad buscaba la forma de subsistir en un momento económico muy difícil del país.

No son un grupo de amigas que van a cambiar una remera por una yerba. Es una sociedad que no puede hacerle frente a la inflación y la demuestra en esas dos cuadras, una frente a la otra, donde se juntan cientos de personas, en su mayoría mujeres con niños, no sólo de Laferrere, sino también de Isidro Casanova, González Catán, Rafael Castillo, y distintas zonas aledañas.

A diferencia de lo que ocurría hace 16 años, hoy existen muchísimos grupos de Facebook que organizan de antemano el encuentro y cada uno tiene sus códigos, aunque todos coinciden en que “no hay que faltarse el respeto”, como indica Abigaíl Zabaliche, una joven de 21 años que hace tortas fritas para intercambiar por pañales para sus hijos, mientras su madre prepara tartas de coco y su abuela empanadas para cambiar por “aceite, yerba, azúcar o fideos y puré de tomate cuando llega fin de mes”.

Se puede ver de todo en esos 200 metros. Desde ropa, artículos de limpieza, electrodomésticos hasta comida preparada que la gente lleva para intercambiar por productos como aceite, harina, yerba o azúcar, que son los que más salen.

“Por un producto que sale hasta 30 pesos, te llevás una cosa. Lo que sale más, vale doble”, explicó Abigaíl, quien detalló también que en época de redes sociales, “se puede castigar al que no cumplió con su palabra eliminándolo del grupo”.

Otra joven, de nombre Romina, de unos 35 años apróximadamente y administradora de estos nuevos grupos virtuales, comentó: “A nosotros nos sirve la mercadería, entonces en Facebook publicamos una prenda que tenemos guardada y no usamos”.

El fantasma del 2001 volvió a aparecer en forma de trueque, con una sociedad que retomó este método para poder llegar a fin de mes.