Por Florencia Bombini

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La vida de un chico de 17 años suele estar marcada por las salidas de los fines de semana, los amigos y el viaje de egresados. Sin embargo, la realidad de Javier es muy distinta: ninguno de estos aspectos de la adolescencia están dando vuelta por su cabeza y su rutina se divide entre el estudio, el fútbol y el merendero “Jesús y los niños”, ubicado en Ingeniero Maschwitz.

El joven, que vive en Escobar y que aún no cumplió la mayoría de edad, está cursando su último año de secundaria, juega en la quinta división del club Muñiz y, desde hace seis meses, colabora con este emprendimiento que alberga a más de 100 niños.

Y esta iniciativa de Javier de poder ayudar a otros chicos contagió al resto de sus compañeros de la entidad deportiva, quienes observaron sus publicaciones en las redes sociales y se sumaron a la propuesta. Mientras el joven participa activamente del merendero, los demás jugadores junto al cuerpo técnico de la cuarta y quinta división y reserva encabezado por Martín Kogovsek brindan su granito de arena desde su lugar.

Lo hacen recolectando alimentos no perecederos y ropa de invierno, además de visitar el lugar y jugar al fútbol con los chicos los sábados a la mañana.

“Son el futuro”

Javier fue consultado por “Crónica” acerca de su participación en el merendero y su primera respuesta fue: “Los chicos son el futuro”, palabras que dan cuenta de que este adolescente va más allá de sus cortos 17 años.

El ingreso a este emprendimiento le permitió descubrir un mundo nuevo a este defensor de la quinta división de Muñiz. “Para mí fue todo nuevo. Me doy cuenta que uno se queja por algo que no llega a tener y ellos, que no tienen nada, se la rebuscan día a día. Van con una zapatilla de cada color y eso te hace ver la realidad. La merienda les sube el ánimo porque muchas veces llegan tristes”, relató el adolescente.

Y detalló que “se nota que a muchos les falta cariño y eso es lo que intentamos darles nosotros”. El merendero funciona los lunes, miércoles, jueves y sábados y alterna entre desayuno, almuerzo y merienda para más de 100 chicos que, en su mayoría, son menores de 13 años.

Además de disfrutar de una de las comidas del día, los niños tienen distintas actividades. “Los sábados los llevamos a jugar a la pelota para que se olviden de los problemas. Y las chicas se encargan de brindarles charlas”, explicó.

La rutina de Javier comienza con el entrenamiento en Muñiz. Después, asiste a clases y posteriormente ayuda en el merendero. “Vale la pena tanto esfuerzo. Estar con los chicos y poder brindarles cariños es algo único para mí”, comentó el juvenil, que piensa en estudiar en la facultad y “conseguir un trabajo en alguna fábrica” para el próximo año, mientras sigue haciendo feliz a los niños.