Por Matías Resano

La iniciativa del trueque surgió en los últimos meses como paliativo a la crisis que sacude a estas madres solteras, quienes se encuentran una vez por semana con sus pocos recursos, solidaridad y organización. No obstante, para continuar con esta elemental actividad, ellas necesitan de un establecimiento techado para estar a resguardo de las bajas temperaturas y las lluvias. Un requerimiento que hasta el momento no ha sido escuchado por las autoridades municipales.

A las 15, unas 150 mujeres fueron llegando al punto de encuentro de cada miércoles, la pista de skate cercana a la estación de trenes de San Miguel, con sus bolsas cargadas de mercaderías y de necesidades.

Allí intercambian los bienes previamente acordados por las redes sociales, en las cuales cada integrante ofrece un producto y posteriormente se lo entrega a la primera que lo haya solicitado, quien a su vez lo retribuye con un bien propio. Al respecto, Elizabeth, una de las administradoras del intercambio, detalló a Crónica que "cada mercadería se cambia de acuerdo al valor y, en el caso de la ropa, si las prendas son nuevas será por cuatro productos, si son usadas por tres".

La cruzada comenzó a desarrollarse hace seis meses, por impulso de la propia Elizabeth, conmovida por las dificultades que comenzó a observar a su alrededor en forma más frecuente. "Veía cada vez más gente durmiendo en la calle, madres solas con sus hijos en brazos que no tenían nada para darles de comer y no lo podía soportar. Entonces decidí hacer algo", señaló una de las mentoras.

Justamente, en base al boca en boca, al uso de Facebook y la conformación de grupos de watsApp, fue fomentando que cada una aporte lo poco que tiene para obtener lo que le falta. La particularidad del emprendimiento radica en que son mujeres, en su mayoría madres solteras, quienes lo llevan adelante. Es el caso de Yanina, mamá de un pequeño de 7 años, quien sufre del síndrome de Noonan, que es su impulso para estar allí cada semana, con el afán de satisfacer sus necesidades.

En este sentido, la joven reconoce que "es mi manera de ayudar a mis papás, que viven conmigo, y de darle de comer a mi nene". A sus pocos pasos asentía Carolina, que arribó a San Miguel desde la localidad vecina de Tortuguitas, y que agregó, a lo expuesto por su compañera, que "tengo un taller de costura en mi casa pero no tengo trabajo, entonces vengo acá y cambió mi mercadería, como latas de salsa y paquetes de fideos, por la leche en polvo que necesitan mis hijos".

En medio de esta serie de necesidades de estas madres, hay una mayor y se vincula con la urgencia de contar con un lugar cerrado ya que "cuando llueve no podemos venir. Hemos estado un mes sin intercambios y nos quedamos sin la comida de nuestros chicos. Además, se nos hace más difícil con el frío de estos días, porque muchas mamás vienen con sus hijos recién nacidos".

No obstante, semejante panorama desolador no ha llamado la atención de las autoridades municipales, quienes no respondieron a tal requisitoria y, en consecuencia, las que componen el intercambio planifican otras opciones para conseguir ese espacio que les falta para profundizar tan admirable accionar.