Por Gabriel Arias
garias@cronica.com.ar

La suba en los combustibles llevada a cabo hace una semana no hizo más que encender las alarmas de los habitantes, quienes por un lado creen que esto, más el aumento del dólar, puede recaer en costos más altos en los alimentos. Por otro lado, los consumidores no entienden por qué la leche es más cara que el combustible, siendo un alimento tan importante en la cadena nutricional. Crónica salió a la calle para conocer la opinión de los ciudadanos respecto del tema.



Un joven llamado Marcos dijo que “esta situación afecta no sólo en el bolsillo de la gente, sino en los medios de transporte y también a los sueldos de los empleados, porque con el aumento llega el pedido de paritarias. Además, creo que va a llegar a los alimentos, porque la mayoría de los impuestos pasa a los alimentos, o sea, a la gente que trabaja, al más pobre. En cuanto a la leche, me parece que tendría que estar más barata ya que en los tambos del interior el precio es otro, y toda la plata que se le pone al producto interno es de impuestos”.

Damián es encargado de un kiosco y agregó que “el aumento en los combustibles termina repercutiendo en todo el resto. Sería fundamental que los precios estén lo más estabilizados posible, porque si no, termina subiendo todo. En nuestro rubro, la diferencia de venta es muy grande y se vende cada vez menos, es mucha la proporción en los últimos tres meses. Otro de los temas que no se entiende es el precio de la leche, que es más cara que el combustible y es clave para nutrirnos porque es una base de la alimentación”.

Lo cierto es que el aumento de los combustibles en esta ocasión merodeó el 7,2% (se espera un nuevo porcentaje para octubre) y el litro de nafta (según la empresa petrolera) arranca desde los 19,72 o 19,99 pesos en la súper, mientras que un litro de leche tiene una base inicial de 20 o 23 pesos según la marca y calidad del producto, es decir, ambos productos son caros pero la leche lo es más que el combustible, teniendo en cuenta que esta es un alimento fundamental, una necesidad contra un producto utilizado para trabajar u ociar.

Adrián suele utilizar su automóvil para trabajar y, en cuanto a la consulta realizada por Crónica, argumentó que “en la comparación con el último año, la suba de los combustibles se notó mucho, de hecho, el gas se equiparó bastante con la nafta. No veo por qué esto no se transforme en aumento en los alimentos, todo está caro. Respecto de la leche, tiene su laburo sacarla y no sé cuánto terminan ganando los productores, ya que los tambos están cerrando y la cadena no está bien. Tal vez el producto sea caro porque los sueldos son malos. Me parece que tendrían que bajar algún impuesto para nivelar el precio, y no dejar todo librado al mercado porque no les importa nada, es por eso que debería intervenir el Estado en este tema”.

A su vez, Abel coincidió: “No entiendo por qué la leche es más cara que los combustibles, me parece que habría que aplicar algo para bajar su costo”. “La leche, que es un alimento necesario, es más cara que la cerveza y la nafta. Es algo incomprensible”, planteó por último Juan.

El segundo aumento de los combustibles fue de 7.6%

Una semana atrás, el Ministerio de Energía y Minería a cargo de Juan José Aranguren autorizó el segundo aumento del año para los combustibles y se estima que habrá un tercero en el mes de octubre. El incremento del último domingo fue de 7,2% para la nafta y 6% para el gasoil. De esta manera y según publicó un portal de noticias, Argentina puso el valor del combustible medido en dólares por encima de lo que se paga en Afganistán, Irak, Siria y otros países en guerra.

Por Florencia Golender
@flopa01

Lo que varios interpretan como “una distorsión del mercado”, otros observan como una consecuencia de las decisiones en materia de economía. Más allá de la forma en que se aborde, en la actualidad el litro de leche está más caro que el de nafta y eso evidencia, por lo menos, un problema de prioridades a resolver de manera urgente.

La comparación entre los precios de un alimento básico y un insumo fundamental para la productividad de un país, como son los combustibles, es un método recurrente entre los especialistas para “diagnosticar” el rumbo económico. Principalmente, porque pone en relieve qué tan grave es la inflación (suba de precios) que vienen sufriendo los alimentos en general.

El último Indice de Precios al Consumidor que publicó el Indec en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los partidos que integran el Gran Buenos Aires registró en el mes de mayo una variación de 1,3% con relación al mes anterior. La leche fresca entera en sachet arrojó durante este mes un precio promedio de $20,36, mientras que en abril fue de $19,98, es decir que en 30 días la leche se encareció un 1,9%. Al ser un alimento de primera necesidad, sirve como ejemplo de lo que ocurre con la canasta alimenticia en general.

Crónica observó los precios en las góndolas de tres supermercados ubicados en una zona céntrica de Buenos Aires, allí el precio del litro de leche en sachet fue de entre $24 y $26, aproximadamente. El domingo pasado, el Ministerio de Energía y Minería autorizó una segunda suba del precio de la nafta y el gasoil en lo que va del año (ver página 2). Con este ajuste, el litro de Súper llegó a $19,75. A pesar del aumento, el precio de la leche es un 33% superior.

“Esto ocurre porque la inflación está descontrolada y el gobierno nacional no aplica las leyes sobre consumo que tiene a disposición para que los precios de los alimentos no sigan subiendo”, explicó a Crónica el representante legal de Consumidores Libres, Héctor Polino.

Combo fatal

Para colmo de males, cuando en una misma semana sube el precio del combustible y el dólar (pasó la barrera de los 17 pesos), la situación de los alimentos se agrava. “En seguida, se traslada a la los precios de la comida, ya lo vimos muchas veces”, aseguró el experto en consumo. En este escenario, sería justo considerar que el precio de la leche subirá aún más. “La única forma de poner un freno es que el gobierno ejerza más control sobre las empresas”.

Vale mencionar que el sector lechero atraviesa una profunda crisis desde hace varios años. El presidente de la Unión General de Tamberos (UGT), Guillermo Draletti, señaló por estos días que “no hay soluciones de fondo” a la crisis que vive la producción de leche y afirmó que desde el oficialismo “se juega a contar con una lechería de poca producción y no de exportación”.

Menos litros por persona

Según datos del Ministerio de Agroindustria de la Nación, en 2016 los argentinos consumieron, en promedio, 40,1 litros de leche, siendo esta la cifra más baja de consumo desde el año 2002-2003, cuando se consumieron 37,8 y 37,3 litros respectivamente. En 2015, el consumo per cápita fue superior, de 44,2 litros. “La caída del consumo de la leche marca un deterioro en la calidad de vida de los argentinos. Lo mismo pasa con el yogur, el dulce de leche y la carne vacuna, cuyas ventas también se redujeron”, analizó Polino.

Al respecto, el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) afirmó que “los efectos recesivos del proceso inflacionario en 2016 afectaron el consumo doméstico y es altamente probable que ello no se revierta en el corto plazo”.

Al mismo tiempo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recomienda el consumo de 500 mililitros por jornada por niño, ya que un vaso de leche (200 ml) aporta un 30% de la dosis diaria de calcio recomendada.