Una marea humana inundó la Plaza de la República y decenas de calles adyacentes en París para repudiar el atentado del miércoles pasado contra el semanario francés Charlie Hebdo y la serie de ataques de los días posteriores, encabezada por dirigentes de más de 50 países y los familiares de las víctimas.

A diferencia de los primeros días posteriores al atentado cuando el clima era sombrío, esta vez la multitud que tomó el centro de la capital francesa lo hizo cantando la Marsellesa, al grito de "Charlie Charlie" y "libertad de expresión" y con breves raptos de aplausos que contagiaban incluso a los más serios y parcos.

La ciudad se vistió para la ocasión

Todos los carteles de publicidad quitaron su contenido habitual y pusieron la leyenda que ya marcó este momento histórico, "Soy Charlie", y listas con los nombres de las 17 víctimas que dejó la ola de violencia iniciada por dos hombres, sindicados por las autoridades francesas como islamistas radicalizados, contra el semanario Charlie Hebdo. Desde las ventanas y los balcones de los edificios de los grandes bulevares que desembocan en la Plaza de la República, la multitud era seguida por francotiradores e innumerables cámaras de televisión de medios de todo el mundo. Muchas ventanas también estaban decoradas con listones negros y las velas, cuya llama se había extinguido desde temprano por el duro frío del invierno parisino. En la calle, la manifestación tiene varias cabeceras.

Primero caminaron los familiares de las 17 víctimas, entre ellas los principales caricaturistas y el director del semanario Charlie Hebdo. Un poco más atrás, iba la columna encabezada por los líderes políticos de Francia y de gran parte del mundo.

En la primera línea, con los brazos enganchados, avanzaron durante varias cuadras el presidente anfitrión, Francois Hollande, y sus pares de Alemania, Angela Merkel, de Israel, Benjamin Netanyahu, de Palestina, Mahmud Abbas, de España, Mariano Rajoy, y los primeros ministros británico, David Cameron, e italiano, Matteo Renzi. Ellos comenzaron a marchar desde la Plaza de Chemin Vert, un punto intermedio entre la Plaza de la República y la Plaza de la Bastilla.

Por otras arterias avanzaban, en tanto, las organizaciones sociales y de derechos humanos y los sindicatos más importantes del país. Excepto por estas columnas, fuertemente resguardadas por la policía, el resto de la multitud que salió a marchar en París hace rato que no puede avanzar ni retroceder. La cantidad de gente es tal que ya no hay espacio libre alrededor de la Plaza de la República.

Entre los manifestantes hubo buen ánimo, la gente se mira, se sonríe, se hace comentarios sobre los carteles que levanta y todo el tiempo se arengan los unos a los otros para gritar el nombre del semanario atacado o reiterar a viva voz su defensa inclaudicable a la libertad de expresión. Entre la gente se ven muchas banderas de Francia, pero también de otros países europeos y carteles que recuerdan otros conflictos y masacres, como la desaparición el año pasado de 43 estudiantes en México o los constantes ataques y secuestros masivos de la milicia islamista extremista de Nigeria, Boko Haram.

A diferencia de las primeras marchas que tomaron París después del atentado contra Charlie Hebdo, esta vez la multitud es más multicultural y multirreligiosa. Los musulmanes se mezclan con los judíos ortodoxos y miembros de la élite política francesa se cruzan con referentes de la cultura -como el director de cine grecofrancés, Costa Gavras- y habitantes de los suburbios más pobres de la capital francesa.

El sábado ya habían salido a marchar unas 700.000 personas en toda Francia. Es imposible saber aún cuántos salieron a manifestarse en París y en el resto del país -en Lyon las autoridades ya hablan de más de 150.000 personas-, pero pocos tenían dudas en las calles de que eran parte de un día que quedará en la historia de su país.