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El Papu Gómez tiene un objetivo tras cumplir la sanción por doping: "Me gustaría jugar..."

El campeón con la Selección Argentina en el Mundial Qatar 2022 estuvo 776 días sin jugar y volvió al ruedo en el Calcio Pádova de la Serie B de Italia. 

Volvió a hacer lo que más le gusta: jugar al fútbol. Tras cumplir una sanción de dos años por doping, Alejandro “Papu” Gómez volvió a la acción en el Calcio Pádova de la Serie B y dejó en claro que no se le pasa por su cabeza colgar los botines, al menos en el corto plazo. 

"Soy un espíritu libre, me cuesta adaptarme a la rutina, para mí es como estar en la cárcel. Ahora solo estoy concentrado en recuperar el tiempo perdido. Quiero volver a disfrutar del fútbol... Si todo va bien, me gustaría jugar otros tres o cuatro años más", declaró el campeón en el Mundial Qatar 2022 con la Selección Argentina a La Gazzetta dello Sport.

El “Papu” regresó a jugar de manera profesional el 22 de noviembre pasado, mientras que su último partido había sido el 8 de octubre de 2023, cuando era jugador del Monza. Luego llegó una sanción de dos años por haber dado positivo en un control antidopaje cuando formaba parte del Sevilla, en una prueba realizada antes del Mundial Qatar 2022.  Más allá de eso, el futbolista de 37 años siempre defendió su inocencia y explicó el positivo por haber tomado un jarabe de su hijo pequeño sin saber que contenía terbutalina, una sustancia prohibida.

“Algunas personas desaparecieron. Otras, y no me lo esperaba, se mantuvieron muy cerca de mí. A veces, las cosas malas que te pasan sirven para comprender quién realmente quiere estar a tu lado y quién no. He comprendido muchas cosas. En Instagram y en la calle, los aficionados me demostraron un cariño increíble tras la sanción. Pero ya no soy tan activo en las redes sociales, ese mundo un poco falso me ha cansado”, contó Gómez sobre cómo vivió la suspensión.

Para cerrar, reveló que pidió ayuda psicológica para poder lidiar con toda la situación: "Tras la sanción pedí ayuda, ya que había entrado en un bucle del que no podía salir. Tengo que dar las gracias a mi mujer, me ayudó muchísimo, sobre todo a comprender el camino que debía recorrer y la ruta que debía seguir. No podía entrenar con mis compañeros, no podía entrar en un centro deportivo, no podía estudiar para ser entrenador o director deportivo... Tuve que encontrar la fuerza para seguir adelante: yo era mi preparador físico, mi entrenador y mi entrenador mental".

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