
La lesión de Giovanni Moreno volvió a abrir el debate sobre la actuación de los árbitros en los partidos de fútbol, quienes, en su mayoría, no aplican la misma sanción con todos los jugadores.
El nivel del fútbol argentino en los últimos años viene en decadencia. Basta con ver la cantidad de puntos con la que cada equipo se corona para darse cuenta que todo se emparejó, lamentablemente, para abajo. Las grandes promesas de inferiores que cada club tiene en su cantera, son absorbidos por los elencos europeos que se fijan en estos para reforzar aún más sus poderosos conjuntos.
Pasó a principios de la década, cuando el Barcelona posó sus ojos en Javier Saviola, o cuando Atlético de Madrid incorporó a Sergio Agüero, con apenas tres torneos disputados en Independiente, y en la actualidad con Rogelio Funes Mori o Erik Lamela, quienes fueron tentados desde el Viejo Continente.
Todos migraron, o lo están por hacer en el corto plazo, y casi no pudimos disfrutar de sus cualidades técnicas y tácticas.
En la actualidad hay varios jugadores que tienen una habilidad superior que el resto y que su presencia dentro del campo de juego, marca la diferencia. Hablamos de Giovanni Moreno, Maximiliano Moralez, Lamela, Juan Román Riquelme, David Ramírez y Leandro Romagnoli, por solo mencionar a algunos de los enganches “distintos” que hay en el fútbol nacional.
Y para que todos podamos gozar con su juego, los árbitros tienen que “cuidarlos”. ¿A qué me refiero con “cuidarlos”?. Tienen que impedir que el juego violento de los adversarios impida que ellos puedan desarrollar su actividad de la manera habitual. No puede ser que, como pasó con Moreno en el encuentro All Boys frente a Racing, Hugo Barrientos actúe con total impunidad, golpeando en todo momento al colombiano y el juez de ese cotejo no lo amoneste.
Después llegó el triste desenlace de la roruta de ligamento cruzado por parte del jugador “académico” en la que Barrientos no tuvo participación directa pero si indirecta.
Es que el volante central del “Albo” lo buscó durante todo el encuentro y “Gio”, un hombre de ataque y sin marca, quiso “tomar venganza por mano propia” debido a la pasividad de Pablo Lunati y fue cuando se fracturó su rodilla.
Esta acción se pudo prevenir si aplicase el reglamento para todos igual y no fuese tanto “siga que no pasó nada” o “cobro la falta pero te amonesto en la próxima”. La “próxima” puede terminar con un jugador lesionado.
Ellos (los árbitros) tienen la obligación de hacer cumplir lo establecido por la AFA y así, “proteger” a los que mejor tratan a la redonda.
Espero que se empiece a cuidar a los habilidosos, sino nuestro fútbol, va a estar cada vez peor.
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