
Suplemento Leo El Ascenso. Gustavo De Giuli nos contó su reciente pasado como colectivero de la línea 5 y cómo se las ingenió para combinar esa profesión con su pasión por dirigir. El entrenador de Laferrere hizo una parada para abrirnos la puerta de su imperdible historia de vida. Y por supuesto, sacamos boleto...
Por Guido Magrini
Vistiendo camisa celeste, pasando cambios y disfrutando este presente de manera inconmensurable... Los sueños que circulaban arriba de un colectivo se hicieron realidad, porque quien espera no desespera.
Como Roberto Goyeneche, que se ganó la vida manejando un bondi de la línea 219; como el Chaqueño Palavecino, conductor de micros de larga distancia. Sin volar tan alto por ahora, Gustavo De Giuli, el técnico de Laferrere, los emuló. Chofer durante doce años de la línea 5, que va de Retiro a Villa Lugano, ahora vive de la pelota, lo que más le gusta.
Leo El Ascenso dialogó con él. Y el Tano, de 44 años, cuenta su historia: “Mi vida con el fútbol arrancó como jugador en las inferiores de Español. Después me fui a Laferrere (89-90), ascendí al Nacional B y a los pocos años (93-94) me desligué. Jugué en Vedia y en 30 de Agosto, lo que hoy sería el Argentino C, hasta que entré en una línea de transportes, en la 5. Trabajé desde 1995 hasta 2007. En mis inicios como DT, en Claypole y Lamadrid, todavía estaba en el colectivo. A la mañana entrenaba y a la tarde manejaba”.
- ¿Cómo ves hoy, a la distancia, tus doce años arriba del 5?
- Me enorgullece, porque gracias al colectivo vivieron mis hijos (Sabrina, Karen y Joan). Estoy muy agradecido y orgulloso de lo que fue esa etapa de mi vida. La empresa sabía que era técnico y, por intermedio de los delegados, me cambiaban los francos para que pudiera dirigir los partidos. Me dieron una mano hasta que pude dedicarme solo a esto. Hoy sí puedo vivir de esta profesión.
-¿Y cómo fue el camino para dedicarte de lleno al fútbol?
-Fue bastante raro. Yo estaba totalmente desligado. Como vivo a una cuadra de la cancha de Lugano, me propusieron que me acercara a ayudar y arranqué en las inferiores, sin cobrar nada. Al poco tiempo Tuta Torres (actual DT de Sacachispas), que era el técnico de la
Primera de Lugano, se quedó sin ayudante. Me ofreció el puesto y acepté. Después lo seguí a Argentino de Merlo hasta que se fue como ayudante del Turco Asad a Ecuador. Yo me quedé sin club hasta que apareció Claypole... Había ido por algo insignificante. Para mí el fútbol era como un hobby, por eso tenía que seguir con el colectivo, que me daba el respaldo económico. Claypole venía mal, pero armé el equipo y salimos segundos, detrás de Ituzaingó que ascendió. Y fue tan explosiva esa campaña, de la nada a salir segundos, que de repente me llamaron de Lamadrid, ya en la C. Hicimos un campañón con jugadores que estaban borrados del fútbol: Panceri y Gigliotti, hoy en All Boys, Mandarino, hoy en Almirante... Salimos segundos y entonces dejé el colectivo.
-Seguro tendrás muchas anécdotas que entremezclan el fútbol y el colectivo.
-Muchísimas. Antes de arrancar solo como técnico, cuando Laferrere había descendido a la C, agarré el equipo como interino en los últimos seis partidos. Justo nos tocó el clásico con Almirante. A la semana siguiente iba por la avenida Rivadavia, se sube un muchacho, saca el boleto, me mira, va hasta el fondo, vuelve y me dice: “¿Vos no sos el técnico de Laferrere? ¿Qué hacés acá?”. Otra: estar dirigiendo y ver en la tribuna a diez compañeros con la camiseta celeste que me fueron a ver...
Y llegaron los éxitos: primer ciclo con un Laferrere que llegó a la final del Reducido, ascenso a la “C” con Midland, permanencia y buena campaña con Defensores Unidos. Ahora la pelea con “Lafe”. Y De Giuli cierra: “Hoy vivo de esto. Puse mucho sacrificio y hoy lo valoro”.
Parada, chofer
CLAYPOLE: “Agradecimiento. Siempre voy a querer que le vaya bien porque fue el primero que me abrió las puertas. Me dio la oportunidad de haber demostrado lo que uno puede hacer. Le tomé mucho cariño”.
LAMADRID: “Una sensación rara. Es un club con gente grandiosa y sé que cometí un error con ellos. Me siento en deuda. No importa qué. Fue algo producto de la inexperiencia del momento. El club me dio todo, deportivamente, extraordinario”.
DEF. UNIDOS: “Una enseñanza de vida. Zárate es una ciudad hermosa, la gente estupenda y el club maravilloso. Nos salvamos del descenso y en la temporada siguiente hicimos una gran campaña, lo que jerarquizó al club, que merece estar en categorías superiores. Y tiene al mejor dirigente del fútbol de Ascenso, el presidente Juan Carlos Ciliberti. Ojalá todos sean como él”.
MIDLAND: “Amor y odio. Amor porque tengo gente amiga, tuve la suerte de salir campeón y me brindé por el club. Odio porque uno a veces encuentra ingratitudes en el reconocimiento. Voy a ser siempre hincha de Midland porque, cuando uno sale campeón, quiere que a
ese equipo le vaya siempre bien. Quiero mucho al club, es hermoso, pero un poco ingrato”.
SAN MIGUEL: "Estuve poco tiempo como para dar una definición. En menos de dos meses no llegás a conocer mucho. Por lo poco que viví, puedo decir que San Miguel, con todas sus limitaciones y sus problemas, tiene gente que le pone el pecho sin respaldo económico, y eso es muy importante”.
“A Lafe le queda chica la categoría”
Su actual club no podía quedar afuera de esta conversación. Y el Tano De Giuli solo tuvo palabras elogiosas para Laferrere: “Es un club especial para mí. Siempre se arma bien y, aunque últimamente no le está dando en la tecla, en lo institucional está pasando un gran momento. Sé que Laferrere cuando ascienda no desciende nunca más porque tiene una estructura como sostén. Sergio Luongo (el presidente) y la Comisión Directiva están haciendo un trabajo bárbaro. Hoy ‘Lafe’ tiene un estadio espectacular, una buenas Inferiores. Como jugador, viví las carencias, quiebras y juicios que afrontó y hoy encontrar a Laferrere ordenado, económicamente saneado, es muy lindo”.
De Giuli continuó hablando de las virtudes del Villero, al que considera un grande: “Yo tengo la sangre blanca y verde. Estoy identificado por haber ascendido como jugador y los hinchas me lo reconocen. No descubro nada si digo que ‘Lafe’ es el más grande de la categoría. Un equipo que juega con 12.000 personas de local en Primera C es inusual. Le queda chica la categoría. No subestimo a nadie, pero digo que es un grande, más en La Matanza. Me queda un sueño con Laferrere: ya fui campeón como jugador, ahora espero serlo como técnico”.
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