
Algunas situaciones vividas o diversas imágenes que uno puede observar a lo largo de su propia historia, tal vez se puedan borrar de la mente. Sin embargo, hay un momento que nadie podrá sacar de sus retinas por el resto de su vida y, a los que tuvimos la ¿suerte? de apreciar cómo derribaban a un gigante representado por dos edificios y parte de un Departamento de Defensa, podemos comenzar a comprender la magnitud del fenómeno terrorista que alteró al mundo por completo.
No fue un atentado más. Un antes y un después fue lo que marcó este suceso antinatural. Así como ocurrió en 1989 con la caída del muro de Berlín o dos años más tarde cuando sucediera la Guerra del Golfo, este tipo de acontecimientos acarrea un giro de 180 grados en la agenda política, económica y social de cualquier gobierno en funciones.
Estados Unidos y su administración jugaron un papel clave en los atentados del 11 de septiembre del 2001. Con sólo citar las palabras que el destacado columnista del New York Times Thomas Friedman publicó dos días después de la masacre, podemos empezar a interpretar algunas cuestiones. “Los terroristas no sólo odian nuestras políticas, sino que odian nuestra misma existencia”. Más claro, imposible. Eso es algo que debería entender tanto la sociedad como los personajes que gobiernan esta superpotencia mundial. Y de más está decirlo, es elemental la pronta elaboración de un plan estratégico para modificar estos aristocráticos pensamientos que al único lugar donde desembocan es al constante conflicto bélico.
Posiblemente a los estadounidenses les fastidie mucho más el saber que hay una presencia más poderosa que la de ellos, que las más de 3 mil vidas perdidas esa fatídica jornada. Por eso, a medida que transcurren los años, este histórico acontecimiento va tomando mayor trascendencia y, gracias a los testimonios de sobrevivientes, sumado a las escenas exclusivas y agregando la exhaustiva recopilación de datos, nos ayudan a la mejor comprensión del crucial hecho.
Ese mismo 11 de septiembre, la respuesta del presidente norteamericano George W. Bush fue rotunda: “Estamos en guerra”. Un mes después, las tropas yanquis y sus países y organizaciones aliadas decidieron invadir y tomar el control de Afganistán e Irak. Fue allí cuando comenzó una nueva etapa de lucha contra el terrorismo, la cual seguirá prevaleciendo, a no ser que “aquellos” que controlan al mundo quieran dar marcha atrás con un proyecto que tiene como principal objetivo acabar con la existencia de la humanidad.
me acuerdo como si hubiera sido ayer. que locura y cuanta gente muerta inocente que no tenÃa nada que ver y por culpa de los que gobiernan y quieren todo se pierden esas vidas
me aterra..mas alla de lo fuerte de la imagenes mas....las consecuencias..y justo esto en mi tiempo ...para tener una idea otro 11 de septiembre nohay economia para aguantarlo\..Y NO SE COMO PERO SEGURO SIEMPRE PAGAREMOS LAS CONSECUENCIAS NOSOTROS JE
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