JUAN PABLO VIEYTES |

 Crónica paranormal

03.12.2011   

"Vi la carroza de la muerte"

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TETRICO. La carroza tirada por 12 caballos con ojos rojos y con un esqueleto como chofer.

Stella Maris le contó a Crónica.com.ar que segundos después de observar el macabro carruaje, se enteró que su padre se había suicidado.

Hay quienes viven toda una vida escuchando mitos y leyendas: las leen, las oyen, las miran, pero morirán creyendo que son sólo cuentos. Pero hay otras personas que sufren una realidad completamente diferente: la dimensión paranormal: “Nunca pude ir al cementerio porque veía fantasmas por todas partes”, aseguró Stella Maris (60) a Crónica.com.ar. Una mujer cuyas vivencias llegaron al punto máximo de ebullición cuando vio en carne propia “La carroza de la muerte”.

Todo comenzó hace 30 años, cuando se suicidó mi papá, en su casa de Tigre. Era una noche como cualquiera, cuando de pronto escuché un ruido seco. No pasó ni un minuto que sentí un viento terrible que se acercaba a mi casa, que lindaba con la de mis padres, y el relinchar de varios caballos. Miré temerosa por la ventana y me quedé helada: pude ver con lujo de detalles ‘La carroza de la muerte’”, contó Stella Maris.

Lo más impactante del relato fue la precisión con que la mujer describió al mítico carruaje: “No me olvido más esa imagen: una carroza antigua tirada por 12 corceles con los ojos rojos y comandada por un chofer. El era tenebroso: un esqueleto con capa negra y galera. En una mano llevaba el látigo y en la otra, las riendas. Los ejes rechinaban y la trayectoria era descendente, como que iba a aterrizar ahí nomás. Todo era negro, como de un humo espeso y oscuro”, recordó la mujer.

La historia de Stella ni siquiera había empezado. La muerte había llegado al vecindario pero ella no conocía el motivo... todavía. “Cuando terminé de dormir a mis hijas me fui para la casa de mis padres. Cuando estoy llegando escuché voces de vecinos y ahí me dicen que mi papá se había pegado un tiro. Ese fue el ruido que había oído: el balazo. Estaba muy nerviosa, iba y venía. Miré los árboles de la vivienda y estaban completamente podados. A los pocos minutos, el vecino de al lado me contó que su patio estaba cubierto de ramas. Ahí me di cuenta de lo que había sucedido: los latigazos del chofer no eran para los caballos sino para el alma de mi papá, por haberse quitado la vida. Y sin querer, el látigo cortó las ramas”, explicó Stella.

El progenitor de la mujer ya había recibido el castigo impuesto por La Muerte. Sin embargo, según la protagonista, la casa quedó maldita por dos años: “Al final del patio quedó, durante mucho tiempo, como una pared de vidrio congelado. Un portal invisible que sólo podía ver yo, por las condiciones paranormales con las que nací. Recuerdo que me acerqué y pasé al otro lado. El ambiente estaba cubierto como de burbujitas de aire y el cielo se veía mucho más cerca. Miré hacia arriba y observé una nube negra, llena de fantasmas de color negro. No tuve dudas: el infierno mismo se había presentado en mi casa”.

Una leyenda que tiene ribetes escalofriantes

La carroza de la muerte” es un mito muy popular en México. Cuenta la leyenda que el Día de los Muertos, quince minutos antes de la medianoche, emerge una carroza fúnebre de aspecto infernal.

De color negro intenso, similar a una sombra, el carruaje es conducido por un personaje inanimado, alto y sencillo, y tirado por caballos negros que desprenden fuego cuando avanzan al galope. En medio de lamentos, quejidos y ruidos escalofriantes, estas ánimas esperan a sus pasajeros para acompañarlos al mismísimo infierno.

Cuando las almas de los muertos aparecen, comienzan a aproximarse a la carroza entre lamentos de infortunio por haber perdido la vida. Según la leyenda, los perros se ponen muy inquietos y comienzan a ladrar incesantemente. Ese escándalo es lo que alerta a los vecinos, quienes, advertidos del peligro, no salen de sus casas.

¿Por qué? Dicen que quien se acerque al carruaje es tentado por los espíritus que lo custodian, a través de llamados o ilusiones agradables. Exactamente a las doce de la noche, la carroza comienza a desplazarse. Después de recorrer un corto trayecto se hunde en el asfalto hasta desaparecer del camino.

Se dice que los muertos son llevados al reino de las tinieblas, para dejar ahí a quienes se lo merezcan. No solo a los espíritus malos sino también a aquellos pobres humanos que se subieron sin saber lo que les esperaba.



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