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 Reportaje

22.02.2012   

¡Una charla con mucho "glamour"!

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La nota del semanario Democracia.
La nota del semanario Democracia.

Teté Coustarot y una entrevista mano a mano con Roberto Giordano, quien quiere llevar sus mega desfiles a toda la provincia de Buenos Aires. Su vida y sus proyectos en una nota exclusiva del semanario Democracia.

La peluquería de Roberto Giordano en Galerías Pacífico
fue el punto de encuentro para una entrevista que bien podría haber sido una charla entre amigos. Con Roberto nos unen muchos años de amistad, desfiles e innumerables anécdotas. Por eso, durante buena parte de la conversación, que duró más de media hora, nos dedicamos a recordar momentos inolvidables de nuestras carreras.

Gracias a él, por ejemplo, tuve la oportunidad de ser presentadora cuando dejé de desfilar. Su ímpetu y su empuje fueron decisivos para que yo empezara
a desempeñar ese rol en los maravillosos eventos que llevaban su sello.

También hablamos de sus proyectos, que siempre son un fiel reflejo de un hombre que vive generando novedades y apostando a la creatividad. Ahora se lo ve muy entusiasmado con una nueva idea: alcanzar un acuerdo con el área de Turismo de la Nación para llevar sus megadesfiles a todo el país y mostrar, a lo largo de todo el año, los atractivos naturales y arquitectónicos de las provincias argentinas, cada una con su singular
riqueza.

Por supuesto, también hay otro motivo de alegría. Boca, una de las grandes pasiones de su vida, es el último campeón del fútbol argentino. Y no es una felicidad
menor para alguien que ha seguido al equipo xeneize a todas partes del mundo, incluso tres veces a Japón. Un ameno diálogo con un pionero del peinado y la moda, un
hombre que a fuerza de innovación y talento se transformó en el gran referente de su profesión en nuestro país.

-Es difícil encontrarte sin planes porque estás todo el tiempo generando cosas. ¿Siempre fuiste así?

-Sí, se podría decir que nací así. Siempre tuve inquietudes muy fuertes y lo primero que le dije a mi madre fue que iba a hacer lo que me apasionaba y que iba a tener tanto éxito que mi nombre sería muy conocido. Le aseguré
que no iba a parar hasta lograr lo que quería. Una vez vino a mi casa un vidente y cuando tocó mi cama dijo: “Acá hay triunfo”. Entonces, un poco en broma, un poco en serio, se le conté a mi mamá.

-¿Cómo empezaste a buscar tu camino?

-Fue algo impresionante. Resulta que a mi casa de Quilmes vino un amigo de mi hermano que nos contó que estaba trabajando en la peluquería de la madre y que todo
era fantástico. Un día lo acompañé y me quedé imantando. Se llamaba Maison Isabel y quedaba en Santa
Fe y Uruguay. Empecé como asistente, barriendo y alcanzando ruleros, y me terminé quedando. Así comencé. Somos cuatro hermanos: uno se dedicó al deporte, otro a la cocina y mi hermana siguió mis pasos. Todo se fue dando en un clima de inquietud permanente.
Con uno de mis hermanos arreglábamos jardines en Quilmes. Siempre buscamos hacer cosas, pero todo tenía que ver con la habilidad manual.

-¿Soñabas con tener tu propia peluquería cuando trabajabas en aquella de Santa Fe y Uruguay?

-Sí, decía: “Esto lo voy a tener, lo voy a lograr”. Tenía una actitud muy positiva y emprendedora. Salían en las revistas las pestañas postizas y yo enseguida iba a ver
cómo se hacían. Una vez se contrató a una tejedora para hacer postizos y yo me puse al lado de ella para aprender. El pelo se pasaba por tres ciclos, se hacía el nudo y así quedaban. Las pestañas, los postizos, la media peluca…
hacíamos todo. No bien tuve la posibilidad busqué a mis compañeros de trabajo y compramos el primer local. Era chiquito, en la calle Güemes. Lo llamamos Jean Disier. Ahí te conocí a vos, Teté. Después pasó algo increíble: Sylvia Albisu pasó por la peluquería para después ir a almorzar con Mirtha Legrand, a quien le encantó el peinado. Le preguntó quién había hecho el trabajo y ella
contestó: “Los chicos de Jean Disier”, es decir Héctor Campano y yo. Así fue que nos invitaron al programa.

-Entonces empezaste a ser conocido.

-Fue una época de oro. Además ya sabíamos toda la técnica para armar las pelucas: comprábamos los telares, los carreteles de hilo, los pelos. Así le hicimos a Susana Giménez la media peluca para esa publicidad de jabón Cadum donde ella exclamaba: “Shock”. A tanta gente linda atendimos… A vos también, que venías
desde La Plata.

-Vos tuviste una cosa muy valorada por todas nosotras: el respeto profesional hacia la modelo, que hasta ese momento no existía. Nos contratabas, nos dabas un beneficio.

-Seguro, porque después trabajábamos juntos en presentaciones de peinados, en congresos, etcétera. Esa
fue la primera peluquería que pusimos con una ilusión muy grande. Para comprarla mi madre empeñó unas alhajas, mi hermano me prestó dinero y yo vendí un Volkswagen modelo 51 que me había comprado. Con eso pagué la mitad del anticipo del local.

-Otra cuestión que habla de tus inquietudes son los viajes que hiciste por el mundo para ver cosas nuevas. Así terminaste trayendo a la Argentina un concepto diferente, incluso de los salones.

-Recuerdo que en 1971 viajé a París para ver todo y volví con muchas ideas nuevas. La gente me felicitaba y yo no entendía cómo sabía que me había ido. Claro, nos habían
invitado al programa de Mirtha ese mismo año. Viví ese viaje de una manera muy intensa. Mi vida hizo un clic a partir de ver cómo trabajaban los maestros franceses, de apreciar su concepto de estética en cuanto a la decoración de los salones, las luces, etcétera. Ahí vino el
gran cambio y después, en el 73, comencé a hacer el salón más grande que inauguramos en 1977.

-¿En esos tiempos te hiciste amigo de Daniel Tinayre? Porque él fue una persona muy importante en tu vida.

-Sí. Yo entonces era Jean Disier y fue él quien me sugirió que, como no tenía socios, era hora de usar mi nombre y mi apellido. Me decía que Jean Disier era muy impersonal porque la gente buscaba a esa persona que no existía. Me empezó a guiar comercialmente, cuestión que fue
muy importante, y lo elegí como padrino el día de la inauguración. Todo el mundo pensaba que Daniel Porque con la gente estás permanentemente comunicado con el
aplauso, los silencios, los comentarios, los movimientos. Toda la puesta estaba pensada para hacer plano en los invitados y en el resto de los espectadores. También incorporamos el hecho de tener entre quinientos y mil chicos parados, porque en general el diez por ciento no viene y ellos te llenan, además de ser los más entusiastas y los que más aplauden. Es como en la ceremonia de los Oscar, que tienen gente que ocupa los lugares de los invitados que van al baño así no se pierde la sensación de lleno total.

-Es que detrás de los desfiles aparece una logística impresionante que muchos no ven.

-Ahora más porque fue mucho el desarrollo de la tecnología. Recuerdo el último desfile que hicimos en alta definición por Canal 4 de Uruguay, un sistema que esa emisora estaba inaugurando con nosotros. Cuando Telefe quiso pasarlo no pudo porque no tenía la teconología HD, así que hubo que disminuir la calidad.

-Recuerdo también cuando propusiste que en Solanas las modelos bajaran de un barco.

-Sí, venían del mar y cuando llegaban a la arena las esperaba una alfombra. Bajaban del famoso Eden Rock, que era el barco de Norma Cuenca.

-Sos un pionero y siempre vas adelante en todo. Ahora tenés un nuevo proyecto. Contanos un poco.

-Tenemos la idea de recorrer el país. Se trata de retomar un poco lo que hicimos en Puerto Madryn, en las cataratas de Iguazú, en Calafate. También, por qué no, lo que se hizo en el Luna Park, en los shoppings, en Pinamar, en Mar del Plata, donde las modelos bajaban de helicópteros en la explanada de la rambla. Lo más importante de toda esta historia fue que lo imposible se hizo posible. Ahora la idea es hacer convenios con Turismo de la Nación, con las provincias, para coordinar fechas y lugares. Así van a nacer nuevos talentos, como pasó con Ingrid Grudke en Misiones o Valeria Mazza en Entre Ríos. Valeria es rosarina pero estaba viviendo en Paraná; tenía 14 años cuando la descubrimos. Vamos en busca de las chicas que quizá no cuentan con demasiadas posibilidades pero tienen el talento. El proyecto es muy bueno porque nos va a potenciar, sobre la base de que el turismo argentino trasciende de esa manera.

-Sí, me consta, porque en tus desfiles vos además hacés una venta del lugar: las modelos viajan antes para hacer los avances, te vas a la pausa con imágenes de la
zona…

-Sí, con las pantallas led ponemos permanentemente imágenes del lugar. La idea es incorporar ese concepto
de naturaleza y sumar la moda a todo el ámbito del turismo. Queremos llegar al lugar mostrando pero, a su vez, cambiando cosas: los estilos, los horarios… Queremos tener la posibilidad de mostrar la puesta del sol. Vamos a elegir momentos especiales para difundir lo
más lindo del lugar. La escenografía será la naturaleza de cada sitio. Estoy muy entusiasmado porque este proyecto
me permite más actividad durante el año y poder estar en
contacto con mi país, que es tan lindo.

-Sos un apasionado por Boca. ¿Cómo festejaste este último campeonato conseguido?

-Fue algo impresionante. Lo festejé mucho porque hacía bastante que no ganábamos. Además, este título fue especial porque mi nieta Isabella, que tiene 5 años, comenzó a disfrutar, a gritar los goles, a abrazarse conmigo para celebrar. Eso me pasó con mis hijos cuando eran chicos y ahora me pasa con mi nieta. En el palco no podíamos creer que ella me abrazara. Además, se sorprendía porque la gente me saludaba. “Papá, cómo lo quieren al abuelo”, decía. Cómo no me van a querer si ganamos todos los partidos. Yo pasé a ser una especie de cábala.

-Pero de vos también destacan la fidelidad.

-Boca me hizo conocer el mundo. Estuve tres veces en Japón; viajé muchas veces a Brasil, al estadio Morumbí, por la Copa Libertadores; ir a San Pablo es como llegar a casa para nosotros. Hay lugares que conozco de memoria por ir tantas veces con Boca. El día que me muera quisiera que una parte de mis cenizas vayan a la cancha de Boca. Una de las cosas lindas que me pasaron fue que mi hijo me dijera un día: “Papá, tengo que agradecerte que me hayas hecho hincha de Boca”. En el 2000 Boca jugó contra River la semifinal de la Libertadores. Llegué a la cancha en el entretiempo, iban 0 a 0. Antes de que empezara el segundo dije: “Ahora ganamos 3 a 0”. Todos me miraron como si fuera un extraterrestre, pero finalmente Boca ganó 3 a 0. Fue el famoso partido donde Gallego dijo que si poníamos a Palermo él ponía a Francescoli. Ese fue el día más feliz de mi vida como hincha de Boca: ver cómo Riquelme
le hacía un caño espectacular a Yepes… Fue hermoso.

-Se justifica entonces que tu hijo te agradezca, porque ser de Boca es muy especial.

-Es un sentimiento muy fuerte. A mí me pasa que cuando pierde Boca no tengo ganas ni de mirar televisión.

-Otra cosa que tenés es que sos un creador de frases. Además de tu trabajo, tu trayectoria, en el recuerdo
quedan tus frases. El memorable “No me peguen, soy
Giordano” , “Moviendo las cabezas”, “Qué noche Teté”, que realmente te lo tengo que agradecer porque es mi comunicación con la gente.

-El “No me peguen, soy Giordano” fue un hecho desgraciado pero la frase me terminó salvando, porque cuando los tipos me reconocieron pararon. Era un Boca- River que había terminado 0 a 0, pero al final del partido Almeyda había sacado en la línea un tiro de Caniggia. Jugó Maradona también. Había mucha violencia porque es  Boca ganaba era campeón. Después del encuentro nos quedamos en el barrio porque íbamos a la casa de mi cuñado que quedaba cerca. Mis hijos tenían 12 años y
llevaban una banderita colgando, así que los empezaron a golpear. Yo me puse adelante y les dije que corrieran, pero comenzaron a pegarme a mí. Quedé contra una
pared y me dieron con todo: piñas, patadas, pisadas, hasta que grité “No me peguen, soy Giordano”y pararon. De todas maneras, estuve un año sin caminar. Me pusieron una plaqueta de ochocientos gramos y catorce tornillos desde la pelvis hasta la rodilla.

-De toda esta situación voy a revelar algo que te pinta de cuerpo entero: aprovechaste tu periodo de internación para hacer un curso de marketing.

-Es que no ganaba nada con lamentarme o estar mal. Tenía que salir de la mejor manera. Me interesaba aprender sobre el manejo de empresas familiares, cómo trabajar, el tema de los costos, etcétera. Después hicimos extensivo este aprendizaje a los empleados, con cursos y
una escuela interna. Después del accidente, al verme así, sin poder hacer nada, empecé a buscar cosas nuevas.
Con el tiempo pude moverme con muletas, pero podía hacer pocas cosas. Tiene que ver con mi personalidad,
soy permanentemente inquieto.

-Por supuesto, seguís con tu programa de televisión.

-Sí, por Canal Metro, todos los viernes a las 11.30, pero la verdad estoy muy entusiasmado con este proyecto nuevo de recorrer el país, porque lo llegamos a hacer esporádicamente y fue muy lindo. Ahora queremos darle una continuidad.

-Roberto, muchas gracias.

-Gracias a vos, Teté.





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