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 Catástrofe

06.04.2013   

El barrio olvidado

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DRAMA. Parte del grupo que estuvo refugiado en la casa de Claudia durante el temporal (Jonatan Moreno)

Edición impresa. Ubicado en Berisso, quedó dos metros bajo el agua durante el diluvio y no recibe ayuda del municipio, publica el Diario Crónica.

Por Sandra Martínez

En el barrio que no existe empezaron a llorar. Después de tres días de sacar, agua, barro, colchones, electrodomésticos, fotos, recuerdos, las mujeres y hombres del barrio Universitario de Berisso comenzaron a llorar. Este barrio de clase media, de casas de material, donde viven trabajadores, profesionales, estudiantes y amas de casa, no figura en ningún listado de emergencia, no recibe donaciones, no tuvo centro de evacuados, pero además es el barrio que tuvo dos metros de agua y el fuego de YPF a sus espaldas tras la explosión de la refinería.

Pero eso no parece alcanzar para “despertar” a los funcionarios, porque tres días después de la inundación que arrasó con manzanas enteras, el municipio de Berisso sigue sosteniendo que en el distrito no hubo inundados. Es el tercer día en el que muchos de ellos no comen, duermen como pueden sobre colchones húmedos, toman mate salteado porque la única agua potable que tienen es poca y fue acercada por otros vecinos. Y además es el día en que empezó la diarrea. “Todos tenemos diarrea, estamos brotados, nos bañamos con el agua marrón que sale de la ducha. La ropa que nos ponemos es la que vamos poniendo al sol, pero sin lavar”, dice Patricia Martínez.

“Nadie nos vino a ver, no podemos ir a los centros donde se reparten alimentos y colchones porque no tenemos en qué ir y porque como somos de Berisso no nos corresponde la ayuda de La Plata ¿se entiende lo que digo? No somos de La Plata; por eso no recibimos agua, ni lavandina ni nada, pero en Berisso no saben que estamos inundados. Este es un barrio que paga tarifa residencial, somos gente de trabajo y nos quedamos así como nos ves, con lo puesto. Horas y horas pasaron desde la inundación y no vino nadie”, dice.

“No lo podíamos creer. Estábamos tapados por el agua, arriba del techo de mi casa con mi mujer, mi hijo y mis dos perros cuando se sintió como una bomba, me doy vuelta y veo la columna de fuego sobre nuestras cabezas”, relata Daniel Fioravanti. “Listo, pensé, ahora sí que se termina todo. Nos agarramos fuerte entre nosotros y nada más. Uno de los perros se asustó tanto que saltó al agua y se ahogó. Así nos quedamos, en el medio de la noche con mi casa tapada con más de un metro y medio adentro, subidos al techo, bajo la lluvia. A las dos horas pasó un bombero solito nadando, gritando si estábamos bien. Me dio tanta pena -dice conmovido-por él, por nosotros. Por todos. Y así seguimos de solos”.

En el barrio Universitario, llamado así porque está cerca de las facultades de Medicina, Veterinaria, Agronomía y Tecnológica de La Plata, todo huele mal. El agua de cloacas, mezclada con residuos de combustible de la planta de YPF que se inundó y que se metió en las piezas y cocinas, está adherida a las paredes, muebles y ropa. No hay cómo sacarla.

Fotógrafo, en problemas

Zorba es fotógrafo y arregla computadoras. En el momento en que el agua lo tapó todo, tenía más de doscientas para reparar. “Quedaron todas bajo el agua, no sé qué hacer, ni qué decir, ni cómo explicarle a la gente qué es lo que pasó. Cuando empezó a subir el agua empecé yo también a subir las cosas, era una batalla desigual, ella iba más rápido que yo y seguí hasta que vi cómo el agua me sacó la heladera de un golpe y empezó a flotar. Ahí me di cuenta de que tenía que salvar mi vida, agarré a mi chica, a mi perro y nadando llegamos hasta enfrente, que hay una casa de departamentos. Trepamos por la escalera y alguien nos abrió la puerta, había otros vecinos, nos quedamos toda la noche”.

"Paco" zafó de milagro

Las mascotas también sufrieron las consecuencias del terrible temporal que afectó a La Plata y sus alrededores. Patricia, con su mamá Coca de 70 años y una jaula con el loro “Paco” cruzaron la calle con el agua hasta el pecho hacia la casa de dos pisos que sirvió como refugio a todos los vecinos. “Paco es muy querido en el barrio. Estaba muy nervioso por la tormenta, pero por suerte pude salvarle la vida y que no muera ahogado”, contó la mujer en diálogo con “Crónica”.

Casa de refugiados

Claudia, de 27 años, con sus dos hijos, fue la primera en llegar a la casa de otra Claudia, la única con vivienda de dos plantas en la cuadra. “Cuando vi que mis nenes León y Morena no hacían pie adentro de mi casa, salimos a la calle con ellos a upa y fuimos a la casa de Claudia. Nosotros, mis hermanos y dos perros”. “Sí, éramos 10 grandes y 15 chicos, más tres perros y el loro, dicen Claudia Castellini y su hijo Rodrigo. Estuvimos todos juntos en una pieza hasta las seis de la mañana, que el agua empezó a bajar". Cuando le decimos a Claudia que con su solidaridad salvó muchas vidas, llora. “No me digas eso, hoy es el día del llanto para mí. Veo mi casa y me quiero morir. Soy sostén de hogar, trabajo doce horas por día y no me quedó nada”.

Los hijos del agua

Vanesa y su marido tienen tres hijos, una casa devastada, un auto parado en la puerta que está todo abierto, para que se seque y probar si arranca, y una historia. “No tenemos nada, ni qué comer siquiera. Anoche comimos un poco de arroz hervido que nos trajo una vecina y nada más. No tenemos colchones, mi frazada, ni ropa, ni zapatillas. Los chicos de 14, 10 y 6 años están en la casa de mi hermana, pero lloran que se quieren volver, quieren venir a buscar sus mochilas con los libros, sus juguetes, no sé cómo explicarles que ya no tienen nada de eso.”

Se quedó sin palabras

Miriam muestra su casa desolada. Las botas de goma van guiándonos por la cocina, las habitaciones húmedas sin colchones, sin ropa, sin objetos, sin recuerdos. En el fondo, la pileta levantada por la fuerza del agua. La perra labradora que se salvó subiéndose solita la techo. Su marido, que es médico, luchó la noche del 2 de abril como un titán contra el agua, hasta que tapó sus casi dos metros de estatura. Hizo todo y con ropa prestada fue a trabajar, pero no pudo volver a su casa. “No puede volver, no puede, dio todo lo que tenía en dos días. No puede enfrentar lo que pasó con todo esto, con la nada que nos quedó”.

"Arañas en la ropa"

Nicolás y Francisco trabajan y además son músicos. Tienen una banda, Chabamba, y muchos sueños. Hoy sábado 5 de abril iban a tocar en un local de La Plata. Pero el agua, además de dejarlos sin ropa, documentos, tarjetas, celulares, electrodomésticos y autos, les arruinó todos los equipos de música: “Salimos nadando de mi casa, no hacíamos pie en la calle, yo nadé dos cuadras para ver cómo estaban mis viejos. Y cuando llegué ellos estaban igual, subidos arriba de la mesada. Mi mamá toda picada, tenía hormigas y arañas prendidas a la ropa. Los pudimos sacar con dos bomberos y los vecinos”.

 



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