La vida se ha convertido en una ruleta rusa
Por Jorge Cicuttin
@jorgecicu
Lourdes Espíndola, de 25 años, era policía y la asesinaron salvajemente cuando salía de un trabajo adicional, para llevar un mango más a su casa. Sandra Calamano, de 48 años, era vicedirectora de una escuela de Moreno, y su cuerpo voló 50 metros por una explosión a partir de una instalación de gas mal hecha. Rubén Rodríguez, de 49 años, se desempeñaba como portero y como profesor de carpintería. Su cuerpo terminó cubierto por una sábana en medio del patio de la escuela cubierto de ladrillos que se convirtieron en proyectiles por la explosión.
Tres muertes horribles. Tres tragedias de un país que nos duele. Estas tres son víctimas. De la inseguridad. De edificios públicos -escuelas, hospitales- que no están en condiciones. Las tres víctimas trabajaban para el Estado. Una dándonos seguridad, las otras dos dando educación y cuidando a nuestros pibes. Y las tres murieron en su trabajo, cumpliendo con su deber. Tres caras de un país que nos duele. De un país en el que la vida se ha convertido en una ruleta rusa. En el que es cuestión de suerte, porque nos puede tocar a todos, salir a trabajar en la mañana y poder regresar con vida al hogar. Quizás alguno crea que no son casos comparables.
Por favor, deténgase un rato a pensar. Le aseguro que lo son. Porque son muertes evitables. Porque Lourdes -como muchos otros que están a la madrugada en la parada de un colectivo y son asaltados y asesinados- estaría con vida si existiera mayor seguridad. Porque Sandra y Rubén estarían vivos si la escuela hubiera estado en condiciones dignas y seguras. Seguridad y educación, dos funciones ineludibles de cualquier Estado. Hoy los lloramos, quizá la semana que viene los olvidemos. Hasta los próximos Lourdes, Sandra y Rubén. Porque la vida se ha convertido en una ruleta rusa y la tragedia puede tocar a la puerta de cualquiera de nosotros. Es cuestión de suerte.

