GRAN BONETE

Reforma Laboral: el misterioso artículo 44 y la doctrina de Felipe Solá

Fuerzas misteriosas incluyeron un artículo durante las negociaciones de la media sanción otorgada por el Senado, del que nadie se hace cargo.

Horacio Minotti
Director de Relaciones Institucionales de Grupo Crónica

Fue así, de improviso. Aparente fruto de una aparición espectral, una mano negra, una luz mala. De pronto, en el texto aprobado por el Senado de la Nación que le dio media sanción a la Ley de Reforma Laboral, se coló un artículo 44 en el que se establece que cuando el trabajador requiera licencia por problemas de salud no imputables a su actividad profesional, percibirá solamente el 75% de su salario si el hecho que lo enfermó o lesionó fue contingente y el 50% si sufrió un daño que pueda imputársele.

Digamos para aclarar, que si usted hoy se rompe los ligamentos corriendo por el parque un fin de semana y no puede pararse durante cierto lapso, la licencia se le debe otorgar y percibe el 100% de los ingresos pactados. Y también dejemos claro que estas breves líneas no tienen como objetivo opinar sobre la justicia o no de la reforma señalada, sino más bien, tienen la infructuosa pretensión de salir a la búsqueda del gran bonete.

Lo relevante del hecho es que, cuando los senadores recibieron el texto votado, se dieron cuenta de que es lo que habían votado y se pusieron a buscar quien había cambiado el artículo 44, cuyo texto no existía en el proyecto enviado por el Ejecutivo, ni tampoco en las diversas enmiendas, cambios, tachones y sobre raspados que se le efectuaron a la iniciativa primigenia para conseguir aprobarla.

Hay más de un cuento de fantasmas que los viejos empleados de "la casa" relatan en el Senado, pero sería la primera vez que uno de ellos deja la aburrida actividad de arrastrar cadenas por los pasillos y se pone a redactar un artículo de una norma. Por ende, la tendencia general se aboca la inconducente actividad de buscar al legislador que lo insertó y que ahora, aplica con fervor la doctrina del ex canciller Felipe Solá.

El histórico dirigente peronista dijo hace años a un periodista, en una de sus tantas frases célebres, que para mantenerse mucho tiempo en el poder hay que "hacerse el boludo". Digamos, para no repetir la tan gráfica grosería, que alguien en el Senado mira para otro lado y se retira silbando bajito.

El gobierno claro, no reconoce el texto como propio y asegura que incluso, no le parece bien. Fuentes oficiales dijeron a Crónica con una convicción envidiable que: "lo que queríamos que esté, fue lo que enviamos como proyecto del Ejecutivo, esa era nuestra voluntad de máxima, sabiendo que había que bajar las expectativas para negociar", y lo cierto es que el argumento es creíble.

Cerca de la senadora Patricia Bullrich, presidenta de la Comisión que trató el proyecto y representante del gobierno en las negociaciones con los aliados para alcanzar la media sanción, niegan cualquier participación en el luctuoso hecho. "Para mí lo pidió alguno de los aliados a último momento", hipotetizan alzando los hombros y frunciendo la boca. 

Consultadas también fuentes del PRO, niegan haber tenido nada que ver con el controvertido artículo y un senador radical dijo a este medio que: "bastante nos dolió aprobar varios de los artículos de esta reforma, como para ser nosotros los que agregamos esta barbaridad, olvídate", se desentendió convencido.

Al fin de cuentas, encontrar a Wally puede ponerse espeso cuando una negociación incorporó tantos cambios en tantos momentos: previo al debate en Comisión, en la misma Comisión, luego de ella y hasta la sesión, e incluso durante la misma sesión, poniendo y sacando artículos, tachando y sobreescribiendo. Si la norma tiene alguna coherencia general y los artículos no se contraponen unos con otros, hay que agradecer a la divina providencia.

Hay antecedentes históricos realmente lamentables en materia de confección de normas con ese nivel de caos. En el gobierno de Mauricio Macri se trató en la Cámara de Diputados el proyecto de Ley de Extinción de Dominio de los bienes obtenidos de manera ilícita. Hubo iniciativas de Bullrich, en ese momento también ministra de Seguridad, de Laura Alonso, titular de la Oficina Anticorrupción, de Graciela Camaño, diputada peronista opositora pero dialoguista, entre otros. Cuando se llegó trabajosamente a un texto de consenso, se convocó a sesión, pero allí el PRO descubrió que no le daban los números y que dependía del bloque de Sergio Massa para la aprobación. El propio Massa pidió cambios para colaborar ya con la reunión en marcha en el recinto y los discursos pronunciándose, pero luego, diversos diputados massistas pasaban por la presidencia de la Cámara, donde se trataba de dar forma final al proyecto, pidiendo más cambios.

Se votó de madrugada. El producto: un mamarracho infame, contradictorio, con vacíos legales y artículos que decían lo contrario a lo que rezaban otros, en el mismo cuerpo normativo. Se aprobó y pasó al Senado, pero jamás fue tratado. Un senador del propio partido oficialista que quería la sanción dijo en reserva por entonces: "esto hay que escribirlo de vuelta no hay forma de corregirlo, no sale más". No salió más.

De modo que si la experiencia no fue esa en este caso, probablemente hayan actuado las fuerzas del cielo para evitar una catástrofe, aunque claro, se coló el artículo 44.

Sobre dicho artículo los propios asesores técnicos del gobierno que colaboraron en la redacción del proyecto original, mucho más duro que el que se sancionó, exhibieron su desacuerdo puertas adentro. Hay quienes dicen que el secretario de Trabajo, Julio Cordero, puso el grito en el cielo y que, el propio ministro de Desregulación, Federico Struzenegger, tiene serias dudas sobre el asunto.

El problema es que si se pretende modificar el artículo en la Cámara de Diputados, el proyecto va a tener que volver al Senado, Bullrich va a tener que volver a juntar los votos, las presencias, y los aliados van a pedir "colaboraciones" adicionales para volverlo a votar. Es decir, la cosa se le complica al gobierno de modo innecesario.

Algún estratega cercano a la administración de Javier Milei acercó una idea que parece ser la que va tomando cuerpo de cara a la reunión de Comisión del próximo miércoles: "que salga como está y después metemos otro proyecto para modificar el artículo 44 en marzo, ya en ordinarias y que salga cuando salga". Hoy, parece ser el camino elegido.

Mientras tanto, en la Cámara Alta siguen buscando al responsable, como si en definitiva no hubiese tenido 42 votos de legisladores, que en el mejor de los casos, ni leyeron lo que votaron. Esos mismos senadores miran con sospechas y recelo al mozo de espalda encorvada y calva lustrosa, tanto como al espectro ruidoso de las noches de tormenta. Por ahí anda el culpable.

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