Laban casero: receta del yogur árabe que es un éxito en Medio Oriente por sus múltiples usos
Explorar su gastronomía es un camino de ida. No podés dejar de conocer el labneh, ligeramente ácido y que sirve como un sabroso acompañamiento.
El laban o labneh de uno de los ingredientes estrella de varios platos de la cocina árabe, ya que por su textura cremosa y ácida realza sabores y le aporta un gusto especial a cada preparación. Se trata de un yogur espeso que tradicionalmente se hacía con leche de oveja, aunque con los años se fue adaptando a la leche de vaca o cabra.
Es muy popular en la gastronomía de Medio Oriente, con varios años de antigüedad, y que si bien es fácil de encontrar en distintos formatos en los mercados, la mejor versión, la más rica y sencilla –según los especialistas- es la casera.
¿Cómo se utiliza en la mesa? Es un acompañamiento ideal para todas las comidas, tanto en el desayuno, como el almuerzo o la cena. También es apto para platos dulces. Del otro hemisferio del mundo se degusta como aperitivos o como complemento de rellenos en panes de pita, bocadillos y otras masas. Además, es casi adictivo y tremendamente fácil de elaborar en casa.
Su preparación es muy sencilla, solo necesitarás leche entera, yogur neutro, y un par de utensilios básicos: un recipiente tipo bowl de tamaño medio o grande, un buen colador de malla fina, y repasador fino que no suelte hilo ni pelusa. No hay que encender ningún fuego ni complicarse la vida con temperaturas o tiempos exactos, solo se requiere de cierta paciencia.
Para hacer nuestro laban, seguiremos las recetas del Diario Sirio Libanés y de Directo al Paladar. Para comenzar, recomiendan utilizar leche de vaca para obtener un sabor neutro, ya que la leche de los otros dos animales, especialmente la de cabra, tiene “mucha más personalidad y un sabor más pronunciado y ligeramente ácido”.
Procedimiento: Calentá la leche en una cacerola amplia, con el fuego a punto medio y revolvé constantemente para que no se queme. Dejá que hierva, e inmediatamente, retirá del calor. Reservá la leche en la cacerola hasta que se enfríe. Cuando la leche esté en un punto en que su calor no queme, agrega el yogur y revolvé bien, hasta que se integre. Colocá arriba del bowl un colador grande de malla fina, y por encima, un repasador de tela fina que esté limpio, que no pierda hilo ni tenga olores extraños (preferiblemente, que no haya sido lavado con suavizantes fuertes). Verté la mezcla sobre la tela e intentar escurrir la mayor cantidad de líquido. Luego, llévalo a la heladea y dejalo reposar varias horas, removiéndolo un poco, cada tres o cuatro horas, si es posible. Dependiendo del tipo de yogur y la consistencia deseada, podemos dejarlo desde 12 horas hasta un máximo de dos días. Al otro día, cuando retires el paño de cocina o repasador, vas a obtener un recipiente lleno de yogur para que uses en todas tus recetas de cocina árabe.