Ej茅rcitos de voluntarios asisten a los que sufren la ola polar en la calle
Los sin techo y su eterna guerra con el fr铆o. Las personas que viven a la intermperie llegan a 1.200 en la ciudad de Buenos Aires.聽聽
Por聽Marco Bustamante聽
Todas las noches un ej茅rcito de voluntarios caminan por las calles de Buenos Aires ayudando a las casi 1.200 personas que no tienen un techo y viven a la intemperie. No pertenecen a partido pol铆tico alguno, lo hacen de coraz贸n y su preocupaci贸n es ayudar al otro. M谩s precisamente a "esos otros", los que viven en la calle y no tienen absolutamente nada. Esas personas que por distintas circunstancias quedaron exiliadas de la sociedad y que sufren como nadie la llegada del invierno.
En la zona de la Facultad de Medicina, nos encontramos con Milena Iraola, directora de la ONG "Vida Solidaria". Mientras caminamos por la avenida C贸rdoba aprovecha para contarnos: "Todos los voluntarios sentimos que cada invierno entramos en una etapa muy hip贸crita de la sociedad; porque nosotros, que estamos en la calle, vemos que mueren personas d铆a por medio y no s贸lo en el invierno, tambi茅n en los meses venideros por las enfermedades que acarrean".
A prop贸sito de la cantidad de gente que vive en estas condiciones, Milena nos cuenta que no hay una estad铆stica seria, porque oficialmente se habla de mil personas, pero s贸lo "Vida Solidaria" ayuda a esa cantidad de gente en la ciudad. "Tambi茅n est谩n los que hablan de que son 5.000 los que viven en la calle, pero eso es mentira, es claramente para hacer campa帽a", dice.
"El fr铆o mata, pero m谩s mata la indiferencia de los otros, el abandono al que est谩n expuestos"聽
La voluntaria recalca que entienden que los vecinos de Buenos Aires son muy solidarios pero sumamente desorganizados. Esta ONG es la m谩s grande del mundo en asistencia a personas en situaci贸n de calle, cuenta con 250 voluntarios y un proyecto a futuro: "Tenemos un plan para sacar a toda la gente de la calle. Queremos demostrar que los vecinos organizados podemos mucho m谩s que cualquier instituci贸n".
Hace pocos d铆as Sergio Zacar铆az, un hombre de 52 a帽os, se durmi贸 y nunca m谩s despert贸. Ocurri贸 en la vereda de la calle Per煤 en la intersecci贸n con Venezuela. Por ese lugar pasaban a diario Milena y los voluntarios de su organizaci贸n, conoc铆an de cerca la historia de la v铆ctima n煤mero cinco del fr铆o en lo que va del a帽o.
"Cuando se muere la gente que asistimos es muy fuerte porque sentimos un fracaso. Es decepcionante y nos genera mucha impotencia y bronca, eso nos pasa a todos los voluntarios que salimos a la calle" asegur贸.
Amigos en el camino
Muy cerca del Obelisco nos encontramos con M贸nica, ella es voluntaria de una ONG llamada "Amigos en el camino", ayudan a 850 personas por semana. Les alcanzan comida, kit de higiene, ropa y frazadas. Su meta es ir sac谩ndolos de a poco de la calle, pero saben que la tarea no es f谩cil.
"El fr铆o mata, pero m谩s mata la indiferencia de los otros, el abandono al que est谩n expuestos". La voluntaria asegur贸 adem谩s que en el invierno las condiciones empeoran much铆simo y todos los a帽os escuchamos en los medios de las personas que mueren por el fr铆o, pero pocas veces se habla de los que quedan con secuelas en el cuerpo.
Marcas que los van a acompa帽ar de por vida. "Hay un mito sobre las personas en situaci贸n de calle y es que muchos quieren vivir as铆, eso es tratar superficialmente el tema, muchas veces las personas en situaci贸n de calle lo que tienen son problemas relacionados con la depresi贸n o adicciones. Necesitan ayuda", manifest贸 a Cr贸nica.
En el pozo
Al costado del Riachuelo, en el barrio de Barracas, est谩 la villa 21-24. En el coraz贸n de los laber铆nticos pasillos nos encontramos con Daniel en su comedor "Mam谩 Sopa" y a pocos metros un lugar conocido como "El Pozo", una depresi贸n en el terreno del tama帽o de una cancha de f煤tbol cinco que suele rebalsar de agua cuando llueve.
"La humedad hace que el fr铆o llegue hasta los huesos", nos dice una vecina que camina rapidito. El comedor aqu铆 pas贸 de ser un lugar en el que uno recibe un plato de comida a una especie de refugio. Esta noche el sal贸n est谩 casi vac铆o. Se despachan viandas a los hogares para que las familias no tengan que moverse.
En el centro del pozo, un inmenso tanque de 500 litros hace de estufa y unos palets descascarados que encontraron los vecinos en la calle sirven para mantener el fuego ardiendo. M谩s all谩, un nene de unos 11 a帽os con un barbijo camina con un tupper en las manos hasta que se pierde en la oscuridad.
"Tiene leucemia" nos cuenta Daniel. Estamos a tan s贸lo a 15 minutos del Obelisco y en ese lugar se pueden ver improvisados braseros fabricados con viejas llantas y hasta alg煤n ladrillo envuelto con una resistencia. Todo vale para mantenerse caliente.