El aprendizaje de desnaturalizar la violencia contra los niños y las niñas

En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Maltrato Infantil, Crónica habló con una especialista acerca de las distintas formas de violencia contra lo más chicos.

Según un estudio llevado a cabo en Argentina, el 46,4% de los adultos admitió ejercer la violencia física para criar a sus hijos e hijas. Esto da cuenta que hay una fuerte naturalización de la violencia como forma de crianza y que se ve como algo natural. Si se recurre a esto como algo habitual en los primeros años de la infancia, resulta difícil construir un ambiente libre de maltrato para los más chicos. Es necesario desnaturalizar (es decir, no tomar como “normal”) la idea de que los golpes son una forma de enseñar algo positivo o que constituyen un “derecho de los padres y madres” frente al que no hay que intervenir.

La Licenciada Alejandra Libenson es psicóloga y psicopedagoga especialista en crianza, vínculos y nuevas parentalidades. Es autora de “Criando hijos, creando personas” y “Los Nuevos Padres”, y explica a Crónica sobre las distintas formas de ejercer violencia en los niños. "En lo cotidiano se dice que no es bueno pegarle a los niños, que no es bueno ejercer violencia contra ellos suponiendo que la violencia se asocia al maltrato físico, pero ahora estamos trabajando mucho en que registren que toda palabra, gesto y actitud puede ser un modo invisible de violencia, incluso más dañina que un golpe físico". 

Y agrega: "Si bien el golpe físico está repudiado bajo todo punto de vista, un grito puede ser tan doloroso como un golpe. Lastima su autoestima, su confianza y su susceptibilidad. Si quienes lo tienen que cuidar le pegan para enseñarle lo que está bien o mal, va a sentirse merecedor de ese castigo y va a entender que se aprende a través del dolor".

"Toda palabra, gesto y actitud puede ser un modo invisible de violencia, incluso más dañina que un golpe físico" 

Por esto es importante comprender que las violencias cotidianas también son las agresiones verbales, insultos, maltrato, humillación, y falta de respeto, porque daña su afectividad, y termina sintiendo que es merecedor de ser tratado asi.

Libenson explica que hay un resabio que muchos adultos tienen producto de su propia crianza como hijos donde la educación se ejercía desde el autoritarismo y el poder y era sustentado por la creencia de que el castigo era la mejor manera para que aprendiera lo que estaba bien y lo que estaba mal "claramente los niños así no aprendían, sino que obedecían por temor al castigo al igual que un animal. Y por supuesto esto no garantizaba que no se volviera a repetir esa conducta inapropiada".

Y agrega: "Probablemente niños criados y educados desde las violencias visibles e invisibles creen y establezcan vínculos basados en esas violencias vividas pasivamente. O siendo ellos niños con conductas excesivas o todo lo contrario con alguna limitación, inhibición y baja autoestima. Como así con dificultades de expresar lo que sienten por temor a no ser aceptados".


Lo que sucede durante los primeros años de vida tiene repercusión en el desarrollo emocional y sienta las bases para el futuro y en que clase de personas, adultas, se convierten. Como así también en sus elecciones. "Tal vez terminan eligiendo parejas violentas, o ejercen cierto sometimiento hacia los demás con quien establecen relaciones de poder. Nada es inocuo en la crianza. Por eso es importante trabajar mucho sobre la detección temprana de esta violencias en los vínculos, que lastiman tanto el cuerpo como el alma de los niños y niñas", indica la psicóloga.

Cuando hablamos de como se transmiten los límites en la crianza, es importante entender que es un proceso de enseñanza en el cual la idea es que comprendan lo que se espera de ellos, se le anticipe lo que puede y no puede hacer para que luego, si rompe esos limites, pueda aceptar las consecuencias. Asumir la responsabilidad y reparar si es necesario hacerlo. Pero siempre con el acompañamiento del adulto que cumple la función y en el tiempo presente, limitando la conducta y no la persona del niño.

En cuanto a esto la Licenciada indica que "un niño responde a los límites por el amor que le tiene a la persona que se los marca. El adulto representa la ley a través de ellos pero no es la ley. Cuando te covertís en ley, te convertís en un ser violento y autoritario lleno de certezas. Si la representás, limitás su conducta, pero no lo limitás como ser humano. Lo respetás como persona pero siempre manteniendo las diferencias. Para que pueda vivir su infancia con sentido y no tolerando una arbitrariedad sin comprender. Eso lo deja en un total sometimiento y desamparo emocional". 

Y cierra: "Cuidarlos es mostrarle la vida desde el respeto, el amor y la disponibilidad. Ellos así aprenderán que crecer y ser grandes vale la pena".

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