Familia v铆ctima de okupas, recibi贸 pu帽alada y qued贸 en la calle con hijo discapacitado
Un matrimonio intercambi贸 su casa de palabra聽con otro, y fueron聽enga帽ados. Al reclamar聽la propiedad recibieron todo tipo de agresiones y amenazas, las cuales tuvieron su punto m谩ximo cuando atacaron al hombre con un arma blanca. Los vecinos de los "nuevos inquilinos" en repudio les incendiaron el auto, porque lo que abandonaron el barrio. Tras esto a la vivienda "se mud贸" un grupo de barras y aun el clan聽afectado espera por una decisi贸n judicial.
Por Fernando Costoya
@fecostoya
A Valer铆a Paula Quirico la despojaron de su casa en el Barrio Matera, del partido bonaerense de Merlo. Con vistas a hacerle la vida m谩s f谩cil a su hijo discapacitado, Valeria decidi贸 -de com煤n acuerdo- intercambiar viviendas con la prima de una vecina mediante un simple arreglo de palabra, sin duda, un enorme error.
All铆 comenz贸 su calvario. Nunca m谩s pudo recuperar su propiedad de la calle Colodrero 185. En estos dos a帽os Valeria fue golpeada, amenazada de muerte y su marido acuchillado. A la fecha sigue esperando, infructuosamente, que la Justicia ordene el desalojo para regresar a su hogar. Una pesadilla que no tiene fin.
En di谩logo telef贸nico, Valeria relata a “Cr贸nica” que a principios de 2015 una vecina le present贸 a su prima, F谩tima Ch谩vez, quien ten铆a una casa en el barrio Mariano Acosta y quer铆a mudarse -seg煤n dijo- para estar cerca de su familia. A Valeria el cambio le conven铆a, ya que estar铆a m谩s cerca de San Antonio de Padua, donde su hijo discapacitado hac铆a su rehabilitaci贸n. “Acordamos cambiar de casa, de manera informal. Ella me dijo que ten铆a escritura de la otra casa, que estaba todo legal”, explica.
Pero una vez en su nueva vivienda, empezaron a aparecer acreedores reclamando deudas de Ch谩vez. Como tuvo dudas, Valeria averigu贸 y descubri贸 que el dominio de la propiedad estaba a nombre de otra persona y la mujer s贸lo ten铆a un boleto de compraventa.
Por este motivo, le propuso firmar un contrato para dejar todo claro. Como respuesta, Ch谩vez comenz贸 a atacarla, no s贸lo con palabras sino con golpes, agresi贸n que se extendi贸 a su marido. “Hice la denuncia, y despu茅s de eso me empez贸 a mandar audios con amenazas”, cuenta.
“Finalmente -contin煤a Valeria- arreglamos un d铆a para hacer el cambio de casa, yo volv铆a a la m铆a y ella a la suya. Pero cuando llegu茅 a la puerta de mi casa con el cami贸n de mudanzas, me dijo que no me la iba a devolver”.
Tuvieron que dejar los muebles en el patio de la casa de su madre, que vive a media cuadra y se fueron a alquilar durante un a帽o. “Un d铆a me acerqu茅 a hablar de persona a persona, explic谩ndole que necesitaba mi casa, que no ten铆a d贸nde ir. Otra vez me agredi贸, y la pareja de ella, de nombre Dami谩n R铆os, apu帽al贸 a mi marido, que sufri贸 una herida superficial en la zona genital”, rememora.
Una pesadilla
Los vecinos del barrio, hartos de los nuevos inquilinos, les prendieron fuego al auto, as铆 que los usurpadores terminaron y茅ndose. Pero la pesadilla sigui贸, ya que la casa de Valeria permaneci贸 ocupada por distintos grupos de personas. “Se mudaron barrabravas, estaban siempre en la puerta, como para amedrentarnos”, se帽ala.
Durante un tiempo Valeria se enfoc贸 en la crianza de sus cuatro hijos, en particular del menor, que padece una discapacidad. Pero quiere recuperar su casa, que compr贸 en el a帽o 2006 y de la cual es titular. Ya present贸 numerosas denuncias en la Fiscal铆a de Mor贸n, por estafa, usurpaci贸n, amenaza y da帽os. Hasta el momento no tuvo respuestas.
“Estamos esperando que el Juzgado 1 en lo Civil de Mor贸n d茅 la orden de desalojo”, remarca. “Cuando fui a hacer la denuncia en la Justicia, me cargaban por lo que hab铆a hecho”, se lamenta. Como contrapartida, Ch谩vez le hizo un mont贸n de denuncias “falsas”, y en todas ellas Valeria tuvo que ir a la fiscal铆a a desmentirlas con pruebas.
Actualmente, Valeria vive en la casa de su madre, donde se construy贸 una pieza. “En mi casa ahora vive una pareja con una criatura, y otro muchacho que a veces me sigue en una moto. Un d铆a que estaba sola me sigui贸 y me dijo: ‘Si vas por all谩, te mato’”, relata. A veces se cruza a los usurpadores en el supermercado, una situaci贸n por dem谩s extra帽a. E injusta. “Nos miramos, pero no nos decimos nada. Ellos saben que es mi casa”, completa. Alg煤n d铆a, tal vez, termine su pesadilla.