H茅roe: "Su maestro es un soldado que los quiere y los extra帽a"

La historia de Julio Rub茅n Cao, el docente que dej贸 todo para defender a la Patria en la guerra de Malvinas.

Por Mar铆a Helena Ripetta
mripetta@cronica.com.ar

"Yo no podr铆a jam谩s sentarme en un escritorio frente a mis alumnos, hablarles de San Mart铆n y Belgrano, si hoy, como maestro no voy a defender a la Patria", le respondi贸 Julio Rub茅n Cao a su mam谩 cuando ella le dijo que a煤n no hab铆a sido notificado para ir a la guerra de Malvinas.

"Llamaron a la clase de 茅l, pero la carta no le hab铆a llegado. Pero fue y se present贸. Ten铆a 21 a帽os, su esposa estaba embarazada de cinco meses, 茅l pens贸 que iba a volver", le dice a Cr贸nica.

Delmira la mam谩 de Julio. Junto a ella est谩 su nieta, a quien el 煤nico maestro soldado no lleg贸 a conocer. Por un compa帽ero supieron que le quer铆a poner Julio a su hijo, lo que no sab铆a era que iba a ser nena, entonces, cuando naci贸, la mujer de Cao la llam贸 Julia. "Mi hijo ten铆a valores tan grandes que no pod铆a no haber ido. Aunque no lleg贸 la carta fue, se hubiera sentido un cobarde frente a sus alumnos", recuerda su mam谩. Antes de irse, Julio fue a ver a Pachy, uno de sus alumnos pero como no estaba, le dej贸 una nota que el estudiante guard贸 todos estos a帽os. Adem谩s, a帽os m谩s tarde, le puso Julio a su hijo. En junio pasado y gracias a la labor de la Cruz Roja Internacional, Delmira finalmente supo d贸nde estaba enterrado su hijo. "No quiero que lo traigan. Quiero que quede all谩, en esa tierra muri贸 y por ella luch贸", sostiene su mam谩, que fue presidenta de la Comisi贸n de Familiares de Ca铆dos en Malvinas durante mucho tiempo. "Cuando 茅l no volvi贸, cre铆 que no lo iba a soportar. Pero yo sab铆a que 茅l estar铆a contento de que yo tambi茅n estuviera luchando por Malvinas", dice la mujer, quien a principios de los 90 perdi贸 a su esposo -"muri贸 de dolor", dice ella con seguridad- y despu茅s, a otro de sus hijos.

"Las guerras no sirven. S贸lo traen destrucci贸n y muerte", sostiene Delmira a quien se le nubla la mirada cuando dicen que lo que m谩s le duele es que Julio no pudo conocer a su hija. "Era una persona muy buena. Hubiera seguido haciendo caminos ense帽ando", dice con nostalgia.
(Cr贸nica-Nahuel Ventura)
A su lado, Julia escucha, ella habla poco. Desde chica le contaron lo que hab铆a pasado con su pap谩. "Con 茅l nunca me enoj茅, s铆 con la situaci贸n de c贸mo se lleg贸 a la guerra", dice Julia que recuerda con mucha emoci贸n cuando viaj贸 a Malvinas y fue al cementerio. Siente que cuando se cumplieron los 30 a帽os de la guerra la sociedad se comprometi贸 m谩s con una causa que durante mucho tiempo estuvo callada, quiz谩 por el dolor de los recuerdos de una batalla que reg贸 de muerte a los argentinos. "Tenemos que recuperarlas pero por la paz, con guerras no", afirma la mam谩 del maestro soldado, que en pleno conflicto, pas谩ndola mal, le escribi贸 una carta a sus alumnos. "No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas noches aqu铆 en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: defender la Bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por m铆 porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso C贸ndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al pa铆s de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas", escribi贸 con letra clara. "Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sue帽o que estoy con ustedes. Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extra帽a. Ahora s贸lo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cari帽os de su maestro que nunca se olvida de ustedes. Julio".

Julio muri贸 en la batalla de Monte Longdon el 10 de junio de 1982. Hoy la escuela de Escuela N掳32 de Gregorio de Laferrere donde estaba al frente de de 3掳 D, lleva su nombre.
Batalla de Monte Longdon

Julio Rub茅n Cao falleci贸 en la batalla de Monte Longdon, considerada la m谩s importante durante el conflicto de las Islas Malvinas. En primera instancia, porque se lleg贸 al combate cuerpo a cuerpo, poco usual en la guerra moderna, y en segundo t茅rmino, por el lugar: se trata de una posici贸n clave para la guarnici贸n argentina.

El resultado fue favorable al poder铆o ingl茅s. Comenz贸 en la noche del 11 de junio y se extendi贸 hasta la madrugada del 12. De acuerdo con los relatos de los sobrevivientes, fue la detonaci贸n de una mina que pis贸 un paracaidista brit谩nico lo que alert贸 a las tropas argentinas del inminente ataque sorpresa. "隆Scali, ponete el casco que nos est谩n atacando!", cuentan que grit贸 el jefe del primer pelot贸n de la compa帽铆a B del RI7, Juan Domingo Baldini. Segundos despu茅s, el cielo se ilumin贸 por la artiller铆a de campa帽a de los brit谩nicos que proteg铆an el avance de los 300 paraca铆distas. Baldini muri贸 minutos despu茅s, acribillado, cuando intent贸 salvar a uno de sus soldados.

La batalla termin贸 a las 7 de la ma帽ana del 12 de junio, cuando el jefe del RI7 orden贸 a las tropas que se replegaran hacia Wirelles Ridge. Sobre las rocas de aquel des茅rtico lugar quedaron m谩s de cien heridos, 23 soldados brit谩nicos sin vida y otros 29 argentinos. Entre ellos, Julio Cao. El maestro soldado. 聽
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