Historias del crimen: Enriqueta MartÃ, proxeneta, curandera y asesina de niños
El aura siniestro que cubrió la figura de esta mujer la llevó a secuestrar, prostituir y asesinar varios niños en la ciudad de Barcelona, convirtiéndola en una de las peores asesinas de España.
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A comienzos del siglo XX la ciudad española de Barcelona se enfrentaba a un situación desesperante, es que la pobreza, prostitución, desigualdad social y otros condimentos desagradables formaban una bomba perfecta para estallar en cualquier momento. Si todo esto parecÃa escaso, una figura de las tinieblas apareció en la comunidad para sembrar terror e indignación: se trata de Enriqueta Martà y Ripollés o "La vampira de la calle Poniente".
Cuenta la historia que Enriqueta (nacida en 1868 en la ciudad de Sant Feliu de Llobregat) se fue de su pequeño pueblo para buscar una mejor vida, y por eso, decidió viajar hacia la ciudad de Barcelona, donde tuvo una doble vida: de dÃa era un gentil niñera y de noche se prostituÃa en burdeles, sitios claves de la ciudad como el Puerto o el Portal de Santa Madrona, o también los lugares donde frecuentaba la clase alta como el casino de Arrabasada, donde se sospecha que además ofrecÃa sus servicios como proxeneta de niños.
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Años más tarde, esta mujer se casó con un pintor de poca monta llamado Juan Pujaló, aunque la relación se debatió entre la separación, reconciliación y el gran amor que Enriqueta tenÃa por los hombres. A esto se le sumaba que la mujer llevaba una vida misteriosa y tenebrosa, que según el horario se podÃa distinguir, ya que a la mañana se la veÃa vestida con harapos mendigando en iglesias, conventos y casas de caridad, y en la noche sufrÃa la metamorfosis de vestir ropas lujosas, sombreros y pelucas que la depositaban en ambientes de la alta alcurnia catalana, todo esto, a espaldas de su marido que por largos viajes, poco se enteraba lo que pasaba en su casa.
Su carrera delictivaYa separada de Juan, la proxeneta comenzó con su raid de ilÃcitos ya que en 1909 fue detenida en una vivienda de la calle Minerva, donde ofrecÃan servicios sexuales de niños de 3 a 14 años, junto a un sujeto que también "fue a la sombra", sin embargo, los contactos importantes que ambos tenÃan en la alta sociedad hicieron que ambos quedaran libres en un breve tiempo.
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A todo esto, Enriqueta Martà comenzó a trabajar de un viejo oficio que tuvo de muy joven: curanderismo, por lo que comenzó a vender pomadas, pócimas, cataplasmas, filtros y remedios "mágicos" para contrarrestar enfermedades como la tuberculosis (terrible en aquel momento de la humanidad), entre otras, y por supuesto, la gente de buenos recursos pagaba buenos dividendos a la seudo curandera.
Una Barcelona pobre y desempleadaAhora bien, en aquella época sumida en la pobreza, analfabetismo y desempleo hubo una importante cantidad de niños de la calle que desaparecieron o bien, criaturas que tenÃan hogar que llegaron a ser secuestrados y nunca más se supo sobre sus paraderos, con lo cual, Enriqueta entra en escena y se la sindicó como una proxeneta, secuestradora y asesinada de niños, que utilizaba sus restos mortales como grasa, pleo, huesos, cabello y sangre para ser utilizados como el "famoso ungüento mágico" para curar las enfermedades y que nadie sospechó nunca. También se rumoreó de que Martà solÃa beber la sangre de los niños para lograr una "eterna juventud", aunque esto es algo manejado por los medios de aquella época.
Todas estas acciones recayeron sobre el alcalde local, quien decÃa que no habÃa niños desaparecidos y que se trataba de una movida periodÃstica para desprestigiarlo, sin embargo, las desapariciones tuvieron lugar pero la pobreza de esos niños, hacÃa prever que ningún padre se acercara a pedir por el paradero de los menores.
La detenciónSin embargo, en febrero de 1912 comienza la debacle de "La vampira de Barcelona", ya que esta secuestró a Teresita Guitart Consgost, una niña de cinco años, que fue intensamente buscada por la policÃa española por espacio de dos semanas sin resultados positivos.
Pero lo que parecÃa ser un plan perfecto de Martàterminó cayendo como un castillo de naipes dÃas más tarde, ya que una vecina de la proxeneta, llamada Claudia ElÃas, confesó haber visto a un niña sin pelo mirando por medio de una ventana de la casa de Enriqueta, y sabiendo que ésta no tenÃa hijos decidió avisar a la policÃa a través del colchonero del barrio.
El comerciante hizo lo propio con el agente municipal, José Asens, y este definió realizar un allanamiento con el pretexto de varias gallinas que estaban adentro de la casa de MartÃ, y que molestaban a los vecinos con sus sonidos.
La Brigada española Ribot ingresó al lugar (calle Poniente número 29), y al ser cruzados por Enriqueta MartÃ, el jefe policial vió a dos niñas (una era Teresita Guitard y la otra de nombre Angelita, también desaparecida hace tiempo) y le preguntó de inmediato a la sospechosa quiénes eran las niñas, a lo que Martà respondió que "Angelita" era su hija y la otra una nena que encontró en la calle y tenÃa hambre.
"Pepito", otra vÃctimaMientras tanto, con el tiempo se supo que otro niño de nombre "Pepito" también moraba en ese casa, pero "Angelita" declaró en aquel momento que "vió como Enriqueta mató al niño en la cocina" y nunca más supo algo de él.
El allanamiento realizado en toda la casa de Enriqueta tuvo detalles escalofriantes, ya que por un lado, habÃa un salón bajo llave con muebles y ropas carÃsimas (además de dos trajecitos para nene y nena), y por otro, habitación en condiciones infrahumanas donde vivÃan las secuestradas, es decir, la posibilidad de que esta mujer regenteaba a criaturas a personajes de la alta sociedad era contundente.
Además, lo más macabro se encontró en otros sectores del inmueble, donde se halló una bolsa con ropa de niño manchada con sangre y un cuchillo, tarros con sangre y grasa a modo de pócimas mágicas, un libro antiguo con tapas de pergamino, en la cual habÃa extrañas fórmulas y recetas escritas en catalán a mano y con letra refinada, como asà también restos humanos de niños de entre 3 y 8 años hallados en falsas paredes y en los techos, con lo que la policÃa sostiene que al menos 12 fueron las vÃctimas que estaban en esa casa.
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Tras este panorama, Enriqueta fue detenida por las fuerzas del orden y encarcelada en la prisión Reina Amalia, a la espera de un juicio que nunca llegó, ya que mientras la justicia siguió su curso, Enriqueta intentó suicidarse cortándose las venas con un cuchillo de madera, pero el frustrado intento hizo que no la dejaran más sola.
La noticia enardeció al pueblo catalán que no querÃa la muerte de la proxeneta sino que pagara en la cárcel por los crÃmenes cometidos, por lo que tuvo la compañÃa en su celda de otras reclusas para que no se mate en la cárcel, pero a casi un año y medio de sus detención, en mayo de 1913 falleció en su celda aunque se desconocen bien las causas de la muerte, ya que un mito urbano dice que pereció tras los golpes de las otras presas, otros sostiene que ha sido envenenada porque podrÃa revelar nombres importantes en el juicio y una tercera, es que murió a causa de un cáncer de útero.Â
Lo cierto, es que Enriqueta Martà y Ripollés fue enterrada en una fosa común en el Cementerio del Sudoeste, ubicado en la montaña de Montjuic de la ciudad de Barcelona, y con ella también quedaron los cruentos crÃmenes ocurridos en el nacer del siglo XX.