Identidad de género: "La sociedad no avanzó nada"

La mamá de la primera nena trans del mundo que obtuvo su documento habló con Crónica.

Gabriela y Luana siguen sufriendo discriminación y el rechazo de una parte de la sociedad.

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Por Conrado Moreno
@conramoreno

La novela "100 días para enamorarse" que se emite por Telefe visibilizó temas que generan polémica en la actualidad y apunta a que la sociedad se replantee ciertas “normas” sociales naturalizadas pero que no responden a la realidad. Uno de los personajes más logrados y arriesgados es el que interpreta Maite Lanata. La actriz de 18 años encarna a Juani, siendo así la primera vez que la ficción argentina se mete de lleno en la interpretación de un chico trans.

Desde el espacio CreSiendo Bien destacaron el rol del personaje en la novela y sostuvieron: “Es muy enriquecedor que se le dé el reconocimiento tan buscado a la diversidad sexual. De esta forma se puede visualizar qué cosas puede sentir una persona que pasa por este proceso, como así también las dificultades y el sufrimiento que padece”.

Si bien la visualización del tema fue halagada por quienes militan a favor del derecho a la identidad de género, la realidad es mucho más cruda.

Crónica dialogó con Gabriela Mansilla, la mamá de Luana, la primera niña trans de Argentina en obtener su DNI: “Si bien está buenísimo que la novela trate este tema, lo hace de una forma bastante dulce. Seguramente su intención sea mostrar cómo debería ser, pero la realidad es mucho más violenta y difícil”.

Histórico

El caso de Luana fue un hito histórico que marcó a la sociedad. En 2012, cuando se aprobó la Ley de Identidad de Género, ambos representantes legales de la menor hicieron una presentación para que se le cambiara su documento. “Nos negaron inscribirla en ese momento. Salimos a reclamar a través de los medios a la comunidad. Era la identidad autopercibida de una nena de 6 años. Luego de dos meses presentamos un recurso de reconsideración en el Registro Civil. Exigíamos que se respetara la ley de Identidad de Género. No existía en el mundo una nena tan pequeña que pidiera un DNI porque no existía una norma que ampara a los menores de 14 años. En 2013, cuando tenía 6, se lo entregaron, transformándose así en la primera nena transgénero del mundo que obtuvo el DNI sin instancia judicial”, contó Mansilla.

La mamá de Luana coordina la Asociación Civil Infancias Libres, a través de la cual acompaña a 60 familias de niños, niñas y adolescentes trans de todo el país. “La parte de los adolescentes cuesta mucho porque la ley no se respeta y las familias muchas veces no acompañan. Esta es la principal diferencia con la novela, donde vemos al personaje de Nancy Dupláa que entiende, reflexiona y acompaña a su hijo. En la realidad cuesta mucho que algo así ocurra”, explicó.

Desde la asociación sostienen que la educación y la capacitación son cuestiones clave para que las personas trans sean respetadas y ocupen un rol decente en la sociedad. Mansilla aseguró que el Estado está ausente frente a este tema, a la vez que hay profesionales de la salud mental que no entienden sobre la materia, como así también destacó que las familias no suelen acompañar estos procesos. A todos ellos se los puede englobar bajo una característica: no están formados por perspectivas de género. Gabriela resumió: “Si yo no doy capacitaciones a docentes, nadie sabe nada, no entienden nada”.

Desde que empezó la lucha de Mansilla por su hija Luana hasta hoy pocas cosas cambiaron. “En los lugares donde nos aceptan y nos respetan son porque yo voy, les pateo la puerta y les tiro la ley en la cara. En muchos lados siguen hablando mal, siguen pensando que es un varón, no respetan la identidad de género autopercibida de mi hija. Es increíble, pero no baja la morbosidad que genera que sea una nena con pene”, denunció Mansilla, quien sostuvo que “la sociedad no avanza nada”.

Dura realidad

“La realidad de una piba trans es totalmente diferente. Estas chicas están condenadas a la prostitución y reciben mucho más violencia que los varones trans porque son cagadas a palos desde chiquititas para no tener un puto en la familia”, enfatizó.

El promedio de edad de las mujeres trans en Argentina es de 36 años, un dato que no debe ser pasado por alto. “Es muy difícil hacer una estadística porque no hay datos oficiales y porque muchas veces las chicas trans mueren y son enterradas como NN porque sus familias las expulsan desde muy chicas y no se hacen cargo ni de los cuerpos”, afirmó María Belén Correa, quien trabaja en el Archivo de la Memoria Trans.

“Cuando una adolescente crece, muchas veces termina en la calle, sin acceso a la educación y con la prostitución como única salida laboral, por lo que es muy probable que surja el consumo de drogas, así como todas las enfermedades de transmisión sexual. Esto pasa en la mayoría de los casos, algo que buscamos cambiar con nuestro activismo”, indicó Correa.

Gabriela y Luana siguen sufriendo la discriminación y el rechazo de una parte de la sociedad que aún no se adaptó al siglo XXI y sigue viviendo bajo normas sociales arcaicas. Lo que representa “100 días para enamorarse” es “lo que debería ser”, pero para eso “faltan décadas de trabajo y cambios sociales”.

Frente a una niña o un niño trans, las familias suelen entrar en crisis, se dividen y no participan ni colaboran en la etapa de transición que emprende el o la menor. El sistema aparta a esa persona, la abandona y no le brinda las herramientas necesarias para ser aceptada. Hay mucha violencia física y verbal que recae en esa persona trans. La identidad de género reclama ser respetada. Esta vez, la realidad está a años luz de la ficción.

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