Se cumplen 46 a帽os del asesinato de Mugica, el cura peronista
Los homenajes al brillante sacerdote son constantes y los curas villeros siguen su legado y ejemplo.聽
Por聽Alicia Barrios聽
abarrios@cronica.com.ar聽
"Dios es peronista, por eso en el cielo todos son peronistas", me dijo el padre Carlos Mugica, mi profesor de Teolog铆a en la Universidad del Salvador. Se cumpl铆a un a帽o del aniversario de la muerte de mi pap谩 y le ped铆 que le ofrendara la misa. A la parroquia de San Francisco Solano, en el barrio de Villa Luro, llegaron familiares y amigos.
Fue un homenaje celestial, en su homil铆a incluy贸 a los pobres, todo un acontecimiento para quienes pertenec铆an a una clase social a la que el lenguaje del Tercer Mundo le resultaba ajeno, m谩s complicado que el chino b谩sico. Sus clases eran magistrales. Nos sent谩bamos en c铆rculo y 茅l en el medio.
Ense帽aba la obra del franc茅s Pierre Teilhard de Charden, un sacerdote jesuita: "No hay nada m谩s valioso que la parte de ustedes que se encuentra en otras personas, y la parte de los dem谩s que est谩 en cada uno de nosotros". Charden era esperanzador porque entend铆a que sin la esperanza nuestra alegr铆a no ser铆a perfecta.
Mugica, citando al jesuita Teilhard, hablaba de amor: "El amor universal no s贸lo es psicol贸gicamente posible, sino la 煤nica, completa y definitiva forma de amar. No somos seres humanos con una experiencia espiritual: somos seres espirituales con una experiencia humana".
驴En qu茅 momento llegan a adquirir dos amantes la m谩s completa posesi贸n de s铆 mismos, sino en aquel que se proclaman perdidos uno por el otro? En la actualidad conservo estos apuntes. Atesoro esas clases en mi memoria. Mugica sum贸 a mi adolescencia las horas de biblioteca y a mis hombros, las palmas de su mano bendiciendo mi alma en pena por la p茅rdida de mi viejo.
Tambi茅n 铆bamos a la Villa 31 de Retiro, donde fund贸 la parroquia Cristo Obrero; fue el pionero de los curas villeros. Naci贸 en 1930 y 24 a帽os despu茅s fue, tras sentir su vocaci贸n por los pobres, a visitar los conventillos. As铆 se fue familiarizando. En esos d铆as una frase escrita en una pared lo conmovi贸: "Sin Per贸n no hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos". As铆 les llamaban a los sacerdotes.
Sus padres viv铆an en la calle Gelly y eran de clase alta. 脡l habitaba la bohardilla. Renunci贸 a todo para dedicarse a los humildes. Mugica era un cura peronista. Estaba convencido de que la misi贸n del sacerdote era evangelizar a los pobres e interpelar a los ricos. Ah铆 nom谩s remataba: "Y, bueno, llega un momento en que los ricos no quieren que se les predique m谩s, como sucedi贸 en el Socorro cuando me echaron las se帽oras gordas que le fueron a decir al p谩rroco que yo hac铆a pol铆tica en la misa".
Seg煤n su propio relato, el 68, el a帽o del Mayo Franc茅s, lo sorprendi贸 en Francia estudiando Epistemolog铆a y Comunicaci贸n Social. No perdi贸 el tiempo, de all铆 viaj贸 a Madrid, donde conoci贸 al general Juan Domingo Per贸n.聽Si hubiera una palabra para definirlo ser铆a "faro". Era un faro de Luz.
Sus homil铆as, como todas las de los Sacerdotes para el Tercer Mundo, eran grabadas por los servicios de inteligencia. Era un blanco m贸vil. monse帽or Aramburu, el arzobispo de Buenos Aires, le propuso en m谩s de una oportunidad que abandonara el sacerdocio. 脡l no se qued贸 callado, aunque s铆 sufri贸 en silencio: "Espero, en Dios, no verme forzado jam谩s a abandonar el sacerdocio, aunque deba resistir infinitas opresiones".
La revista "El Caudillo", que era la vocera de los asesinatos de la organizaci贸n antiterrorista de la Triple A, lo ten铆a de cliente. All铆 se multiplicaban los ataques: lo acusaba semana a semana de "bolche". El 11 de mayo de 1974, al terminar de dar la misa en San Francisco Solano, lo perforaron con siete tiros. Cinco le atravesaron el est贸mago, otro le dio en el pulm贸n y uno de gracia en la espalda. Estaba por subir a su Renault 4 L.
No pudieron matar su obra, que sigui贸 creciendo hasta el d铆a de hoy. Est谩 vivo en una oraci贸n que rezaba siempre: "Se帽or, perd贸name por haberme acostumbrado a ver que los chicos parezcan tener 8 a帽os y tengan 13. Se帽or, perd贸name por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no. Se帽or, perd贸name por haber aprendido a soportar el olor de aguas servidas, de las que puedo no sufrir, ellos no. Se帽or, perd贸name por encender la luz y olvidarme que ellos no pueden hacerlo. Se帽or, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propio hambre. Se帽or, perd贸name por decirles no s贸lo de pan vive el hombre y no luchar con todo para que rescaten su pan. Se帽or, quiero quererlos por ellos y no por m铆. Se帽or, quiero morir por ellos, ayudarme a vivir para ellos. Se帽or, quiero estar con ellos a la hora de la luz".
Esta era su peque帽a plegaria. De los pobres ser谩 el reino de los cielos. Am茅n.