Tres dram谩ticos testimonios sobre la falta de trabajo

Relatos en primera persona de la fr谩gil situaci贸n laboral聽en Argentina en medio de la crisis.

Por Francisco聽Nutti
@FranNutti

No importa si hace fr铆o o calor, tampoco la distancia que todos los d铆as recorren para juntar cart贸n. Oscar y Lorena son un matrimonio de Florencio Varela que hasta hace unos a帽os ten铆an trabajo estable, pero la crisis se los llev贸 puesto y ahora s贸lo les queda salir por la calles de Capital Federal y del conurbano bonaerense para hacer reciclado. "Es lo 煤nico que nos deja m谩s o menos algo para subsistir", se帽al贸 el hombre, entristecido.

"Hasta no hace mucho tiempo ten铆a trabajo fijo, hace menos sol铆a hacer changas. Sacaba las malezas de alguna casa, pintaba, realizaba tareas de limpieza. Ten铆a varios domicilios que me llamaban, pero con el paso del tiempo dejaron de hacerlo. Ahora junto cart贸n", indic贸 a Cr贸nica聽Oscar, quien recorre toda la avenida porte帽a Juan de Garay en busca de papeles y cart贸n, a los que suele sacarle aproximadamente $600 por d铆a.

"Ante la falta de laburo empec茅 a ofrecerme casa por casa pero la mayor铆a me pidi贸 que pasara despu茅s porque ahora estaban cortos. Una mujer, por ejemplo, me explic贸 que en este momento todas las tareas que antes requer铆an de mi presencia, ahora las hace su marido en vez de estar descansando de su trabajo", agrega.

La recolecci贸n de cartones la realizan junto con su esposa, Lorena, quien cont贸 que "hace dos a帽os ten铆a trabajo en blanco en un geri谩trico, pero me echaron. Al principio hice changas, cuid茅 abuelos, nenes, limpi茅 casas, pero me qued茅 sin nada. Ahora estoy dispuesta a hacer tareas de lo que sea".

"Nosotros venimos a las 9 de la ma帽ana y nos vamos a casa a las 11 de la noche. Ya no hay changas, la gente te dice que no le alcanza y est谩 bien, pero no queda otra que rebuscarse. Por eso queremos que esto mejore de una vez, para poder salir adelante, para poder vivir bien, que haya trabajo, que haya futuro para nuestros hijos y nietos", comparti贸 Lorena.

Ca铆a la tarde del 煤ltimo mi茅rcoles, la temperatura apenas pasaba los 10 grados y las miradas de ambos segu铆an fijadas en el contenedor de basura ubicado a la vera de la avenida. Las manos, 谩speras, contin煤an separando algunos cartones y papeles de diario que encuentran y que al siguiente d铆a comercializan. Es lo 煤nico que les queda.

“La gente empez贸 a regatearme los precios para cortar el pasto”

Changar铆n desde que tiene uso de raz贸n, Roque Garc铆a siempre se las ingeni贸 para llevar comida a su casa, a trav茅s de todo tipo de trabajos. Hace una d茅cada, mediante mucho esfuerzo y sudor, pudo comprarse una cortadora de pasto con la que supo armarse una clientela, pero hoy la situaci贸n econ贸mica lo complic贸. “Con toda esta crisis que estamos viviendo, la gente empez贸 a regatearme los precios”, asegur贸.

“Cortar un lote de mano de obra m谩s la nafta para la m谩quina cotiza 3 o 4.000 pesos, lo ten茅s que cobrar la mitad, porque siempre hay alguien que agarra por menos, entonces te presionan por ese lado”, indic贸 a este medio.

Garc铆a posee una desventaja: no tiene camioneta, sale en bicicleta por las quintas con la m谩quina al hombro. “Todav铆a tengo la que compr茅 hace diez a帽os. Tambi茅n consegu铆 una motosierra, que hoy en d铆a me ser铆a imposible adquirir porque est谩n a precio d贸lar. Si se me llega a romper la cadena, es todo un tema”, agreg贸. “El pasto crece primavera y verano; por lo tanto, es un trabajo estacional, en oto帽o e invierno no hay llamados. Y si antes lo hac铆an cada 15 d铆as, ahora lo hacen cada un mes”, continu贸 el hombre, que, si bien suele hacer otras changas, comprende que “hay mucho pintor, alba帽il o plomero improvisados sin matr铆culas, lo que hace que el oficio se deteriore en su esencia. Se largan por necesidad”.

“Los vecinos cada vez me hacen menos pedidos”

En la esquina de las calles Vicente L贸pez y Paso, “Bety”, como la conocen hace a帽os los vecinos de Mor贸n a Beatriz Carrau, se dedica a hacer arreglos de ropa. Es jubilada y, a pesar de que trabaj贸 toda su vida, cobra la m铆nima, entonces complementa su ingreso con unas horas de trabajo con la m谩quina de coser. “En los 煤ltimos tiempos baj贸 mucho la cantidad de encargos”, cont贸 a Cr贸nica.

Experta costurera y modista, es conocida en la zona por la excelencia de su trabajo y su puntualidad, pero desde el a帽o pasado que a Bety ya no le suena tanto el timbre. “Tengo un cartelito en la puerta donde ofrezco mi servicio de arreglos de ropa, pero tambi茅n vienen vecinos recomendados. Siempre alguien tiene un cierre para cambiar o un dobladillo para hace; sin embargo, parece que la gente anda con poca plata porque me encargan un tercio de lo que trabajaba antes”, estim贸.

“Se nota mucho la diferencia, antes ten铆a tres pedidos por semana y ahora son tres por mes”, asegur贸 Bety y agreg贸: “Todos los que hacemos alguna changa estamos as铆, tengo una vecina que hace masajes, cobra $200 a $300 y ya casi no va nadie. Tambi茅n es jubilada, lo hace porque no le alcanza para todo el mes”.

Bety tiene un precio general para cualquier pedido (cambio de cierre o botones, por ejemplo): $150. “Si son varias cosas, armo un presupuesto seg煤n las horas que me lleve. Cuando la econom铆a andaba mejor ven铆an con un bolso con varias prendas para arreglar o me encargaban una campera de cuerina a medida; ahora apenas puedo comprar el hilo y las agujas que aumentaron un mont贸n, y tengo menos clientes”.

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