"Ver reír a los chicos nos hace muy felices"

Una ONG que ayuda a construir escuelas rurales. El grupo solidario lo componen tres amigos que se conocieron en el jardín de infantes. 

1 de 2 - Maia, Sebastián y Martín, las cabezas visibles del proyecto.

2 de 2 - Alumnos de uno de los establecimientos construidos en Chaco.

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S e conocieron en el jardín de infantes, formaron una hermosa relación de amistad y hoy siguen unidos recorriendo el país y realizando acciones solidarias. Esta es la maravillosa historia de Martín Mosiewicki, Sebastián Kahansky y Maia Wiernik, tres amigos de 32 años que lanzaron la organización "Verte reír nos hace bien" en 2015 y ya hicieron felices a niños de dos escuelas rurales de Chaco y de Santa Fe y están proyectando tareas en otro establecimiento de Goya, Corrientes.

La iniciativa no incluye trasladar donaciones desde Buenos Aires hasta las diferentes provincias, sino "hacer grandes proyectos educativos", dado que con el correr del tiempo "nos dimos cuenta de que recibimos la ayuda de muchísima gente", según le relató Martín a este medio.

Cuando decidieron poner manos a la obra, recordó el joven que además cumple con sus obligaciones laborales al igual que sus amigos, se contactaron con la Asociación Civil Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales. "Nos comentaron cuáles eran las escuelas a las que podíamos ayudar", recordó.

De esta manera, el primer paso fue analizar la situación del establecimiento rural 808 de Pampa del Indio, en Chaco, y a través de eventos y gestiones, consiguieron los materiales necesarios para armar una plaza de juegos. "Compramos todo en Haedo y por un flete les mandamos 500 kilos de bulto con los herrajes, tornillos y maderas, entre otros. Los padres construyeron todo", relató el joven, y aclaró que fue la única vez que llevaron donaciones.

En 2017, el destino elegido fue la escuela rural 81 de Venado Tuerto, donde "los chicos no podían asistir a clases por una semana cuando llovía" debido a que el establecimiento quedaba a 11 kilómetros de la ruta. Entonces, para el Día del Niño, "mediante ayuda de los medios provinciales, conseguimos 11 bicicletas y se las entregamos", contó Martín.

Asimismo, "hicimos un playón para que puedan jugar en un lugar donde era todo pasto" y que fue inaugurado en marzo pasado. "Lo que más nos llega es cuando los chicos nos dicen gracias", se sinceró uno de los creadores de esta organización solidaria. Este año, el objetivo es colaborar con la escuela 972 de Goya, Corrientes.

"La directora nos contó que son muy precarios los baños" y que en el establecimiento "haría falta realizar un contrapiso y pintar". El deseo de este grupo de tres amigos es poder llegar a todas las provincias del país y llevar la misión a una o dos escuelas por año. Sin embargo, para ello, "necesitamos ayuda con los viajes ya que estamos viendo cómo conseguir recursos económicos. Mucho lo costeamos de nuestro bolsillo", señaló Martín, quien aclaró que las escuelas donde dejaron su huella "no las abandonamos, sino que seguimos su historia a través de otros grupos solidarios".

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