Francisco, encabez贸 el V铆a Crucis en el Coliseo romano

En el marco de las Pascuas, el Papa presidi贸 una nueva ceremonia ante m谩s de 20 mil fieles frente al hist贸rico teatro聽en Roma.

El Papa Francisco realiz贸 su s茅ptimo V铆a Crucis como pont铆fice frente al Coliseo romano, a donde lleg贸 apenas pasadas las 16 hora argentina (21 de Roma), all铆 fue recibido por la alcaldesa local Virginia Raggi y una multitud de m谩s de 20.000 personas, inform贸 el Vaticano.聽

Las calles aleda帽as estaban vac铆as desde primera hora de la tarde, cuando se cerraron las estaciones de subte y se dispuso el anillo de seguridad que se extend铆a m谩s de un kil贸metro a cada lado del hist贸rico s铆mbolo de Roma. Adem谩s, el pont铆fice recit贸 una oraci贸n al final de la ceremonia, luego de la lectura de las meditaciones tradicionales.

En un a帽o en que el Vaticano ha tomado la inclusi贸n de la mujer como eje, las meditaciones para el V铆a Crucis fueron escritas por la monja italiana Eugenia Bonetti, que centr贸 su trabajo en la denuncia de la trata de personas y la condena especial a la prostituci贸n.

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"Pensemos en los ni帽os de diversas partes del mundo que no pueden ir a la escuela y que, en cambio, son explotados en las minas, en los campos, en la pesca; vendidos y comprados por traficantes de carne humana, para trasplantes de 贸rganos; abusados y explotados en nuestras calles por muchos, incluidos los cristianos, que han perdido el sentido de la sacralidad propia y de los dem谩s", reclam贸 en esa l铆nea en la sexta de las 14 estaciones en las que se dividi贸 la celebraci贸n.

"Como una menor de edad de cuerpo diminuto, encontrada una noche en Roma, a la que hombres en autom贸viles lujosos hac铆an fila para aprovecharse de ella", denunci贸 en el texto, luego.

Francisco inici贸 el Viernes Santo en la bas铆lica de San Pedro, donde, postrado dos minutos en silencio en el piso, dio el primer paso para la celebraci贸n de la denominada "celebraci贸n del se帽or", que se caracteriza porque el Papa no predica sino que se limita a escuchar la homil铆a del predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, un capuchino de 84 a帽os que tambi茅n lo gu铆a en sus ejercicios espirituales anuales.

Cantalamessa afirm贸 en su homil铆a que "la Iglesia ha recibido el mandato de su fundador de ponerse de la parte de los pobres y los d茅biles, de ser la voz de quien no tiene voz y, gracias a Dios, es lo que hace, sobre todo en su pastor supremo".

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