UN POCO DE HISTORIA

El humilde origen de la quiniela y la razón de su nombre

La quiniela es una práctica social y cotidiana que se realiza desde tiempos inmemoriales. ¿Cómo fue su origen en Argentina y de qué manera funcionaba en sus comienzos?

Las personas rara vez se detienen a indagar en las cosas que las rodean, que son parte de su cultura, y tienden a naturalizar los distintos fenómenos sociales. Esto sucede, por ejemplo, con la quiniela, de la cual poco se sabe acerca de su humilde origen y la razón de su nombre.

Esta práctica social, que desde tiempos inmemoriales sirve como una actividad lúdica y para "matar" el ocio, se convirtió en un fenómeno que alcanzó un fuerte arraigo popular y es constitutiva de la cultura nacional. ¿Cómo surgió la quiniela y de qué manera funcionaba?

¿Qué es la quiniela y cómo nació en Argentina?

La quiniela es un juego de azar que en sus orígenes (se dice que se fue gestando en las orillas argentinas y uruguayas a fines del siglo XIX y principios del siglo XX) era una actividad clandestina e ilegal, ya que consistía en apostar a la unidad o a la decena (una o dos cifras) de los números que salían sorteados en la Lotería de Beneficencia Nacional, en aquel entonces el único juego oficial. 

En cuanto a la etimología y significado, la raíz del término "quiniela" procede del latín "quintus", que quiere decir "quinto". El extracto de la lotería oficial siempre se manejó con cinco cifras, por lo cual esto refuerza el significado del nombre "quiniela" (que hace referencia a la palabra "cinco"). La quiniela clandestina tomaba los últimos números del sorteo de la lotería para consagrar al ganador.

El vocablo quiniela se convertiría también en lunfardo y en sinónimo de apuesta clandestina que subsistirá de forma paralela con la lotería oficial durante todo el siglo XX.

¿Cómo funcionaba la lotería legal?

De acuerdo al Archivo General de la Nación, "el 16 de octubre de 1893, la Municipalidad de la Capital autorizó a través de la ley 2989 la creación de una Lotería de Beneficencia Nacional, cuyos beneficios serían destinados al sostenimiento de los hospitales y asilos públicos y a las capitales de provincia". Es decir, la Lotería Nacional fue un ente que dependía del Poder Ejecutivo y que, en sus inicios, monopolizó el juego legítimo porque se encargó de regular, administrar y explotar los juegos de azar. Los fondos generados eran utilizados para la asistencia social.

Programa de la Lotería extraordinaria a sortearse el 24 de Diciembre de 1896, producida por la gerencia de la Lotería de Beneficencia Nacional (Fuente: Archivo Histórico de la Cancillería Argentina)

"El Estado prohibía la introducción y venta, en la Capital Federal y territorios nacionales, de toda otra lotería que no fuera la autorizada y que devendría –desde entonces– clandestina e ilegal", señala Ana Cecchi en su libro "La timba como rito de pasaje: La narrativa del juego en la construcción de la modernidad porteña (Buenos Aires, 1900-1935)".

Respecto al funcionamiento de la Lotería en sí, la autora explica: "La Lotería de Beneficencia Nacional se dividió en dos tipos de sorteos: los ordinarios y los extraordinarios. El sorteo de Navidad del 24 de diciembre será uno de los sorteos extraordinarios de cada año y se convertirá en un masivo ritual urbano. A estos sorteos, se suman también sorteos especiales que se organizaban por iniciativa del Congreso o del Poder Ejecutivo con el fin de recaudar fondos para una cuestión puntual".

Sorteo organizado por la Lotería de Beneficencia Nacional durante la década del '30. (Fuente: El Historiador)

El público urbano acompañó los sorteos extraordinarios y especiales agotando los extractos. Como señalaba el magazine Caras y Caretas en su edición número 169 del año 1901, las agencias de lotería y las salas de sorteos se veían atestadas de personas, lo cual era un paisaje bastante habitual de la ciudad durante las primeras décadas del siglo XX.

Caras y Caretas en su edición número 169 del año 1901.
En 1934 un grupo de peatones observan en Avenida de Mayo los billetes de lotería exhibidos en las vidrieras y escaparates de la Peluquería y Agencia "Basile". (Foto: X @BsAs_recuerdo)

Por supuesto, la lotería era el único medio legal para participar de las apuestas y de los juegos de azar, por lo que cualquiera que faltase a un artículo de la ley sería castigado con fuertes penas y multas. "Además, se buscaba castigar la venta de billetes de lotería clandestina con tres meses de prisión", explica Cecchi en su libro.

Anuario Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires sobre la lotería de Navidad en 1901.

El juego siempre movilizó y causó interés en todos los sectores sociales, por lo que aquellos que no tenían la oportunidad de participar en las loterías legales, recurrían a las casas clandestinas de juego que popularmente se conocían como "garitos". Para cualquier porteño, los ratos de ocio o de descanso dominical se "asociaba a la tentación permanente del juego, legal o clandestino, ofrecida por una multitud de garitos, agencias de lotería o carreras de caballos", menciona Cecchi.

En ese sentido, a fin de combatir la quiniela clandestina, en 1902 se sanciona la Ley de Represión del Juego, que dio vía libre al allanamiento de domicilio privado de los garitos populares. Es decir, con las nuevas funciones de carácter represivo otorgadas a la Policía de la Capital se garantizaba el manejo estatal del monopolio del juego legítimo y sus capacidades subsidiarias para el financiamiento de obras públicas, al mismo tiempo que servían de condena moral hacia una actividad lúdica clandestina que era cada vez más habitual.

Imagen del fotógrafo alemán Sigwart Blum, quien en durante la década del '30 emigró hacia Argentina y se instaló en Buenos Aires, en donde capturó distintas escenas de la vida cotidiana con su cámara Leica. 

No obstante, la quiniela en su carácter clandestino era una actividad que iba en ascenso, por más de que se sancionara esa dura ley. En el contexto local, las crónicas y las Aguafuertes Porteñas de Roberto Arlt "permiten develar posiciones sobre el rol social de los jugadores, trazar recorridos morfológicos de los lugares timberos y elaborar escenarios con actores poco conocidos", señala Cecchi.

El origen humilde y clandestino de la quiniela

Una de las voces más importantes que registraron los inicios de la quiniela como actividad popular en Argentina fue el escritor Roberto Arlt. En sus Aguafuertes Porteñas, obra que fue publicada a finales de la década de 1920 y principios del 30, y en la cual retrató la vida cotidiana de los barrios de Buenos Aires, hizo una descripción sobre cómo el juego clandestino y popular era una parte importante en la vida de las personas.

Por ejemplo, en su Aguafuerte titulada "la mujer que juega a la quiniela" Arlt ilustraba esta práctica a partir de la siguiente escena: "En los hogares pobres de nuestra ciudad se vive pensando en el juego, en la lotería, en la quiniela, en las carreras. Para los hombres quedan los burros, para las mujeres el numerito al que económicamente se le anotan veinte, treinta, cincuenta centavos (...) Pero, ¿qué se le va a hacer? Es la esperanza del pobre que tiene un presupuesto a base de centavos".

En sus Aguafuertes, Arlt describe de manera creativa y con una visión única el paisaje urbano de la ciudad, producto de sus recorridas y diálogos con los diferentes personajes de una época. Pero dentro de sus crónicas, el escritor supo plasmar aquellas situaciones que eran relativas al juego y que eran una parte fundamental de la cotidianeidad de un porteño promedio. En este submundo urbano, se "elogia la vagancia", la máxima aspiración es "sacarse la grande" y el gran deshonor es "ser visto en el hipódromo", en referencia a las apuestas ilegales sobre carreras de caballos.

El testimonio de Arlt da cuenta de cómo, desde tiempos inmemoriales, la quiniela no solo servía como lógica de juego, sino que representaba para los más pobres trabajadores la única posibilidad de acceder, con unos pocos centavos, a la esperanza de ganar. 

¿Cómo se juega a la quiniela en la actualidad?

En la actualidad, la quiniela consiste en el sorteo de 20 números de cuatro cifras, entre el 0000 y el 9999, que son ordenados de acuerdo a un sorteo paralelo que determina los lugares de ubicación (del 1 al 20).

El jugador puede elegir un número de uno, dos, tres o hasta cuatro cifras y la ubicación a la que quiere apostar. Por ejemplo, jugar el 14 a la cabeza significa que se jugará por dicho número al primer lugar de ubicación entre los 20 sorteados, que es el que más premio otorga.

También puede jugarse a los premios, es decir, a los lugares de ubicación que van desde el segundo hasta el quinto, hasta el décimo y hasta el vigésimo, para cuyos casos descienden respectivamente los premios otorgados.

A diferencia de los juegos poceados, en los cuales los premios dependen de la cantidad recaudada en las apuestas (o sea el pozo), la quiniela es un juego bancado: cuenta con premios fijos que son pagados por la institución organizadora.

A su vez, la quiniela se divide en Nacional y Provincial, las cuales realizan sorteos diarios de lunes a sábados en distintos momentos del día: La primera, Matutina, Vespertina y Nocturna.

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