8M: las deudas pendientes
Las tiene la política, la Justicia, las instituciones, pero también las tenemos como sociedad. Todas podemos ser victimas. Y todos estamos en deuda con las mujeres asesinadas por los violentos.
Son muchas las deudas pendientes con la lucha contra la violencia de género . Y esas deudas nos atraviesan a todos: a la política, a la Justicia, a la policía, a las instituciones pero también a cada uno de nosotros.
Por un lado está lo que se puede hacer desde la Política. ¿Está realmente en la agenda? ¿Hay aviones a corto y largo plazo para que dejen de matarnos? ¿Se cuenta con los recursos suficientes?
La realidad es que las casas de refugio, donde las mujeres en mayor situacion de peligro podrian estar protegidas, no son suficientes.
No alcanzaran las psicólogas y asistentes sociales para acompañar a las mujeres que lograron romper el círculo de la violencia y hacer la denuncia. Muchas veces no van a ratificarlas. ¿Quién va a ver por qué no lo hicieron? Si están amenazadas, si otra vez fueron engañadas por el violento con que ese golpe fue el último, si no pueden resolver su economía.
Están quienes no saben dónde pedir ayuda porque no siempre la información está clara, ni llega a todos los lados. La asesoría legal con que no se cuenta porque los gratuitos no son suficientes.
No alcanza con denunciar, tiene que haber un marco de contención desde la Justicia y desde el entorno. Es ingenioso pensar que basta con que una mujer sola vaya y haga la denuncia para que se ponga fin a la violencia.
Es cierto que en las comisarías hubo modificaciones, pero también es cierto que no alcanzaron. Denuncias que se siguen sin tomar. Mujeres maltratadas que son violentadas en el lugar donde se supone que van a encontrar ayuda. Prejuicios. Que se siga viendo como un problema de pareja cuando de lo que se trata es de violencia.
Las restricciones perimetrales que dicta la Justicia y que nadie controla. Los botones antipánico que las víctimas muchas veces no llegan a accionar. ¿Cuándo se va a invertir en tobilleras ? Se sabe que esta es la forma más efectiva para evitar que el violento se acerque, y que además le da tiempo a la víctima para escapar o pedir ayuda. ¿Cuánto vale la vida?.
Salimos a la calle reclamando Ni Una Menos pero logramos veces en nuestra vida cotidiana reproducimos o naturalizamos situaciones que tienen que ver con la violencia. Por qué aún hoy se cuestiona qué hizo una víctima para generar lo que le hicieron si se puso tal ropa, si le dio celos, si le fue infiel. Nada, pero nada justifica un golpe y por supuesto mucho menos arrancarle la vida a otra persona.
Nos falta tomar conciencia que nos puede pasar a nosotras, a nuestras amigas, a nuestras madres, a nuestras hijas, a nuestras sobrinas, a nuestras vecinas. Y los varones entienden que cualquier mujer querida que tengan cerca puede estar padeciendo violencia.
Y nos falta compromiso. Es frecuente frente escuchar a lo irreparable del femicidio que alguien escuchó gritos, otro que vio moretones, pero no se hizo nada.
Claro que las instituciones, la Justicia, la policía tienen muchas deudas pendientes y la responsabilidad de actuar sin excusas. Y si no hay recursos pedirlos. Si falta recuperarlo personalmente. Y si quienes no hacen lo que tienen que hacer. Las víctimas no tienen tiempo para la burocracia. Literalmente se les va la vida.
Pero como sociedad también tenemos una deuda muy grande por encima de las muertas, porque no es cierto que logremos que no haya Ni Una Menos. Esto no pasa. Las frias estadisticas asi lo dicen. Y corremos en el riesgo de naturalizar como se pudiera hacer nada.
Y tal vez esa sea nuestra mayor deuda pendiente no entender que no alcanza solo con la visibilización, es necesario dar un paso más . Y uno mucho más grande y comprometido. Que implica poner el cuerpo, no mirar para otro lado y exigir que los que tienen que hacer su trabajo lo hagan.
Nuestra mayor deuda pendiente es con las víctimas , con las que pidieron ayuda y con las que no podemos hacerlo. A ellas le debemos que de verdad no haya Ni Una Menos.