Acompa帽ar a Cristo en el camino de la cruz
Por Alicia Barrios.
Francisco no est谩 cansado, ni triste. La fe lo mantiene en pie. Se lo ve apenado, eso s铆. Desde que es Papa m谩s de un mill贸n de personas llegaban en Semana Santa. En esa plaza vac铆a, poblada de gaviotas habladoras, las luces titilan a lo lejos.
Antes del V铆a Crucis, medit贸, reflexion贸 la palabra del Evangelio. Entr贸 a la Bas铆lica y se postr贸 boca abajo en el suelo para adorar a Cristo en la Cruz. Este gesto trata de buscar la proximidad con Dios. Tiene pegada la frente y la nariz en el suelo. Son siete partes del cuerpo que se ubican en esa posici贸n.
Esto tiene un significado: la sumisi贸n a Dios en la que se est谩 m谩s cerca de 茅l. Cualquiera puede hacerlo en un momento de angustia y necesidad. Da resultado. 脡l permanece en ese estado de gracia m谩s de la cuenta y resiste tiempo. La postura demanda un esfuerzo que cuesta sostener. Es admirable.
Es un hombre de Dios. Debajo del h谩bito blanco, se asoman sus zapatos negros, con las suelas gastadas de dar pasos de jesuita. Quienes siguen este momento lloran todos los dolores, la Cruz de cada uno. Todos cargamos la nuestra.
En Italia le llaman Venerdi Santo Pasione del Signore (Viernes Santo en la Pasi贸n del Se帽or). Por primera vez, el V铆a Crucis no se hizo en el Coliseo, sino en la Plaza San Pedro. Fue 茅l quien invit贸 a los presos de la c谩rcel de Padua para relatar las 14 estaciones.
Los testimonios fueron escritos en primera persona pero se opt贸 por no poner el nombre y mantener el anonimato. Para Bergoglio, acompa帽ar a Cristo en el camino de la Cruz, con la voz de quienes viven en el mundo de la c谩rcel, da la oportunidad de asistir al duelo entre la vida y la muerte, descubriendo c贸mo los hilos del bien se entretejen con los hilos del mal.
La contemplaci贸n del calvario detr谩s de las rejas es creer que toda una vida se puede poner en juego en unos breves instantes como le sucedi贸 al buen ladr贸n. Esta verdad se carga las pilas con otras: el arrepentimiento por la culpa cometida, la certeza de que la muerte no es para siempre y tambi茅n que Cristo es el inocente m谩s injustamente encarnecido.
En la oscuridad de la c谩rcel retumb贸 un anuncio lleno de esperanza: “Para Dios nada es imposible”. Si alguien le estrecha la mano al hombre que fue capaz del crimen m谩s horrendo, podr谩 ser protagonista de la resurrecci贸n m谩s inesperada. Bergoglio, antes de ser Francisco, fue a la c谩rcel del Borda, a lavar los pies a los presos, que hab铆an perdido la raz贸n y la libertad.
Cr贸nica tuvo el privilegio de ser el 煤nico medio que lo acompa帽贸. Varios de ellos hab铆an salido en la portada del diario, por cr铆menes seriales, asesinatos crueles y all铆 estaban rezando junto al padre Jorge.
Lleg贸 el momento en que finaliz贸 la misa y nos dimos la paz. Los abrazos fueron desprejuiciados, intensos. Nadie preguntaba por el prontuario. Uno de ellos lleg贸 a decir “hace tanto que alguien no me abraza”. Lecci贸n: todos somos iguales ante la mirada de Dios.