Contra el pensamiento homog茅neo, caiga quien caiga
Opini贸n por Anal铆a Caballero.聽
Qu茅 dif铆cil que es bancarse la libertad de expresi贸n cuando el otro no piensa como uno. En estos tiempos de tribuna virtual abierta las 24 horas, no queda tiempo para la reflexi贸n: lanzado un tema a la arena de la opini贸n p煤blica, hay que reaccionar r谩pido, sumarse al debate del d铆a y adoptar posici贸n clara.
Entonces sucede que si alguna figura rechaza dar su visi贸n sobre las pol茅micas actuales, se desconf铆a hasta de su conciencia ciudadana. Queda bien decir lo que dice la mayor铆a y defender el derecho individual a pensar de otra forma, pero...
Este jueves, las declaraciones de Esmeralda Mitre generaron un tremendo revuelo sobre todo en las redes sociales, espejo inmediato de lo que pasa y que muchas veces ofrece una imagen distorsionada. La actriz, miembro de una familia tradicional argentina, carga con la cruz de ser "cheta" de nacimiento, lo cual ya le juega en contra de arranque. Para colmo, su clan es due帽o de uno de los medios m谩s poderosos del pa铆s, algo que sin duda condiciona su forma de vivir y ver la realidad, por m谩s libertad de esp铆ritu que ella como artista pregone poseer.
Y hay que admitir que no le tembl贸 la voz para referirse a temas candentes: sobre el movimiento Ni Una Menos, consider贸: "Las mujeres no nos podemos victimizar, nos tenemos que poner en un lugar de mujeres fuertes, para salir adelante. Por supuesto es muy importante que est茅n concientizando a la gente que tiene menos recursos. (...) No soy feminista ni machista", adoptando un gris que hoy no tiene lugar en nuestra sociedad.
Pero sin duda lo que m谩s ruido hizo fue su comuni贸n con aquella frase que su ex, Dar铆o Lop茅rfido, inmortaliz贸 sobre que "en Argentina no hubo 30.000 desaparecidos" sino que esa cifra "se arregl贸 en una mesa cerrada" para "conseguir subsidios". "Dijo la verdad, que es lo que dice la Conadep, es la cantidad de desaparecidos que figuran, el resto no est谩n", sostuvo Mitre.
Y estallaron las opiniones. Este cuestionamiento de verdades instaladas puede molestar pero forma parte de la tan mentada libertad de expresi贸n. Como contrapartida, el Estado -sin importar el gobierno de turno- debe complementar las distintas versiones de la historia con informaci贸n clara, contrastable y accesible sobre los hechos que nos interesan a todos.