De la R煤a: presidente honesto, gesti贸n ineficaz
La opini贸n de聽Roberto Di Sandro, el Decano de聽la Casa Rosada, tras conocerse la muerte del ex presidente de la Naci贸n.
Cuando asumi贸 el presidente Arturo Illia, lo primero que hizo es llamar a los periodistas. Los acreditados se aproximaron a su despacho y all铆 el mandatario habl贸 largamente.
Present贸 algunos de sus ministros, pero destac贸 a un joven que se hab铆a “colado” entre los miembros del gabinete.
Su nombre: Fernando de la R煤a. Era el ayudante infatigable que ten铆a aquel gran ministro que hab铆a designado al frente de Interior, Juan Palmero.
All铆, Fernando de la R煤a ejerci贸 el cargo de asesor directo del Ministerio Pol铆tico, pero ligado 铆ntimamente al presidente de la Naci贸n. Los a帽os pasaron. Los cambios de gobierno se sucedieron sin soluci贸n de continuidad.
Y de pronto aquel joven radical que hab铆a sido un apoyo muy importante para el gobierno de Arturo Illia, se convirti贸 en presidente.
Presid铆a una alianza que hab铆a incorporado como vicepresidente a Carlos “Chacho” 脕lvarez, quien despu茅s quiso desconocer al mandatario elegido y debi贸 renunciar ante dif铆ciles momentos que atravesaba el pa铆s. El tiempo trajo luego problemas econ贸micos y conflictos permanentes.
De la R煤a se ven铆a cayendo lentamente. La econom铆a se derrumbaba, la falta de trabajo se hac铆a cada vez m谩s evidente. Alfons铆n que estaba en plenitud descolgaba en cada palabra una suerte de respaldo a su correligionario. Pero todo fue imposible.
La ineficacia de De la R煤a en su gesti贸n se acentuaba cada vez m谩s y s贸lo algunos compa帽eros de lucha se acercaban a la Casa Rosada para tenderle una mano. De la R煤a muchas veces se acerc贸 a la Sala de Periodistas para hablar con la prensa. Nunca se neg贸 a ello.
Quiz谩s ciertas burlas de la ciudadan铆a le produc铆a un baj贸n, pero nunca esboz贸 una actitud agresiva contra nadie.
Al contrario, siempre se movi贸 en torno a palabras calmas, pero claro, con cierto contenido muy debilitado en temas que deb铆an saldarse con fuerza y claridad. Alguna vez cerr贸 alguno de los pasillos de la Casa Rosada y junto a sus arbolitos japoneses -los Bonsai- el mandatario caminaba pensativo.
En cierta ocasi贸n -muy hincha de Boca- no pudo con su genio y con un televisor puesto en el camino de su sendero grit贸 un gol de Boca conquistado por Mart铆n Palermo.
Su voz atrap贸 los aires del Patio de Las Palmeras. Ese momento de satisfacci贸n no se lo quit贸 nadie. Fernando de la R煤a fue un presidente “cascoteado” por diferentes sectores, y aquella brillantez de a帽os anteriores no volvieron a sumarse en los 煤ltimos tiempos de la trascendente gesti贸n. Cuando se produjo el momento de su renuncia, el pa铆s volv铆a a sacudirse de sangre.
El clima enrarecido motiv贸 su inmediata dimisi贸n. En la Casa Rosada algunos funcionarios que se pon铆an el saco para irse a tomar un caf茅, volvieron a sus puestos.
En la Sala de Periodistas este cronista intent贸 salir a la calle, pero se resign贸 y permaneci贸. “Qu茅dese, que en momentos traigo una informaci贸n”, dijo una voz oficial.
Al rato lleg贸 y ley贸: “Se dispuso el estado de sitio”. El presidente mand贸 un proyecto al Congreso”. As铆 fue. Al d铆a siguiente, la renuncia de Fernando de la R煤a se hac铆a realidad.
Otro presidente democr谩tico que dejaba el sill贸n del poder para subirse a un helic贸ptero que lo esperaba en la terraza de la Casa Rosada para llevarlo a su residencia, no la de Olivos.
Algo inusual: el aparato no se pos贸 en la terraza; sino a pocos cent铆metros del suelo y al presidente debieron ayudarlo para ingresar a la cabina. As铆 terminaba otro jefe de Estado elegido por el pueblo.
Esta vez no lo sacaron las Fuerzas Armadas. El Congreso de la Naci贸n, es decir la civilidad, hab铆a marcado el destino final de Fernando de la R煤a. Despu茅s, para qu茅 contar lo que pas贸. Le sucedieron cinco presidentes en un poquito m谩s de una semana. No lo cree. Vaya a los archivos y lo constatar谩.
Luego qued贸 uno solo votado por la Asamblea Legislativa: Eduardo Duhalde, quien tiempo despu茅s llam贸 a elecciones y all铆 hubo un ganador que no se present贸 en la segunda vuelta: Carlos Menem y entonces alcanz贸 el galard贸n m谩ximo de la Naci贸n un patag贸nico: N茅stor Kirchner. De aqu铆 en m谩s todo se normaliz贸 en el pa铆s. Lo escrito es una parte de la historia. Les asegur贸 que “a m铆 no me lo contaron”.