Despu茅s de los votos, 驴vendr谩n los vetos?
Opini贸n por Roberto Tassara.聽
rtassara@cronica.com.ar聽
Una de las perdurables lacras que nos legaron los 90 es el hiperpresidencialismo. En la segunda mitad de esa d茅cada, el califa de Anillaco que hoy es candidato a senador orden贸 que el Congreso aprobara la segunda ley de reforma del Estado, otorg谩ndole facultades anticonstitucionales, como dictaminar en materia tributaria y derogar leyes por decreto.
La Constituci贸n, reformada en el 94, fue pisoteada con el concurso de una clase pol铆tica seducida por el liderazgo carism谩tico de alguien que alardeaba de estar destinado a cambiar la historia. En parte logr贸 su objetivo, rematando el patrimonio estatal y eliminando dos millones de empleos. Aquel liderazgo, por cierto, cambi贸 la Argentina.
Un cambio, hasta hoy, irreversible. Pero el hiperpresidencialismo viene de m谩s lejos. Virreyes, directores supremos, caudillos, restauradores y dictadores militares nos inocularon el virus de la sumisi贸n al jefe/a de Estado. Nuestro Estado de Derecho qued贸 muy torcido. En su discurso de asunci贸n, el actual Presidente prometi贸 respetar “la divisi贸n de poderes”.
Pero tres meses despu茅s vet贸 la Ley de Emergencia Ocupacional, amparado en que la Constituci贸n le reconoce esa facultad. Cierto: los constituyentes del 94 no se atrevieron a remover ese lastre hist贸rico, por el cual el Ejecutivo puede pisar cuantas veces quiera la labor del Legislativo. Si tras la votaci贸n de octubre, el Presidente optase por eludir el obst谩culo de seguir siendo minor铆a parlamentaria obligada a negociar leyes con la oposici贸n, la Constituci贸n habilitar铆a esa audacia.
Con algo m谩s del 30 por ciento de los votos, Mauricio Macri podr铆a esgrimir el veto y los temibles DNU para acelerar “el cambio”. Un peronismo fragmentado podr铆a alentar la tentaci贸n de ese unicato seudo-democr谩tico, votado por una parte de la sociedad aferrada al providencialismo de los globos amarillos.
Tal vez, los properonistas y la oposici贸n democr谩tica lo convenzan de que, con un tercio del electorado, lo mejor ser铆a convocar a un pacto de gobernabilidad capaz de frenar la conflictividad social en auge, consensuar pol铆ticas de mediano plazo a favor de la producci贸n y el trabajo, la competencia empresarial y la transparencia de la funci贸n p煤blica. Un compromiso con partidos, sindicatos y organizaciones civiles, centrado en remover las viejas lacras, como el hiperpresidencialismo.
Un paso necesario para ir despu茅s hacia el futuro dorado que, del 83 para ac谩, encandil贸 a todos los que empu帽aron el tim贸n del Estado. 脡se, s铆, ser铆a un gran cambio.