LA COLUMNA DE JOS脡 NAROSKY

El Obelisco y el d铆a que naci贸 la Avenida 9 de Julio: recuerdos viejos pueden traernos dolores nuevos

El monumento que se volvi贸 un 铆cono de la Ciudad se inaugur贸 el s谩bado 23 de mayo de 1936. Poco m谩s de un a帽o despu茅s, el 12 de octubre de 1937, le toc贸 el turno a la tradicional arteria聽que recorre el centro porte帽o.聽

Un d铆a 12 de octubre de 1937, la Ciudad de Buenos Aires, se transformaba, por inaugurarse la Avenida 9 de Julio. Como si se le otorgara el diploma de honor de Gran Ciudad.聽El a帽o anterior, se hab铆a erigido una construcci贸n que le dar铆a personalidad propia, no solo a la avenida, sino tambi茅n a toda la Ciudad: el Obelisco.

En diciembre de 1880 se hab铆a declarado a la Ciudad de Buenos Aires, capital de la Rep煤blica Argentina.聽Y un acontecimiento, que en alguna medida sirvi贸 para otorgar esta Ciudad, una definida personalidad, fue la inauguraci贸n del Obelisco.

En aquel a帽o 1936, la capital argentina, a 400 a帽os de su primera fundaci贸n por Pedro de Mendoza, no parec铆a sentir el peso de esos a帽os.聽Porque al igual que en la vida del ser humano, 鈥渓o vivido si bien est谩 perdido, tambi茅n 聽est谩 ganado鈥.

Ca铆an tambi茅n en ese momento, viejas casas coloniales, se ensanchaban calles, apuntaban al cielo nuevos rascacielos. Y en las entra帽as de la tierra porte帽a, por el subsuelo, los subterr谩neos, como orugas de metal, la recorr铆an velozmente.

Todo lo que significaba progreso iba venciendo la resistencia de los viejos habitantes de Buenos Aires que miraban con pena los solares vac铆os, que luego ocupar铆an, seguramente edificios de departamentos y no se equivocaban.

Quiz谩 los porte帽os siguieron a帽orando sus viejas casas ya demolidas, en las que para siempre quedar铆an sue帽os, recuerdos, horas felices.聽Son los momentos en que todos comprendemos que 鈥渘o es el tiempo el que pasa, somos nosotros los que pasamos por el tiempo鈥.

Y en ese d铆a de 23 de mayo de 1936, en que se inauguraba el Obelisco, ya hac铆a varios a帽os que en algunos tramos estaba desapareciendo la 鈥淐orrientes Angosta鈥, tan grata tambi茅n a los recuerdos.

Pero una gran ciudad no puede vivirtotalmente aferrada a su sentimentalismo. Tiene otras urgencias.聽Iban van cayendo los 煤ltimos reductos del pasado. La piqueta no descansaba. Y en lo que hoy es la Plaza de la Rep煤blica, se abr铆a un amplio claro en lo que hab铆a sido una densa concentraci贸n de casas bajas, de viejos teatros, de famosos caf茅s.

De caf茅s donde se practicaba la bohemia, esa bohemia que naci贸 a煤n antes de comenzar el siglo XX.聽Era s谩bado ese d铆a 23 de mayo de 1936. Y en la flamante Plaza de la Rep煤blica, parec铆a que se hab铆an dado cita todos los habitantes de Buenos Aires.

La inauguraci贸n del Obelisco fue presenciada por una multitud.

A las 15 horas聽dio comienzo la ceremonia oficial. Emoci贸n, solemnidad.聽El primer magistrado, presidi贸 la ceremonia. La Banda Municipal ejecut贸 el Himno Nacional.聽Miles de voces 鈥搃nclu铆das las de los chicos de las escuelas- formaban un coro fervoroso.

Y las voces de esos chicos ten铆an una significativa resonancia. Parec铆an anunciar y saludar a la vez a la gran urbe del futuro.聽A las 15.30 en punto se cortaron simb贸licamente las cintas y se declararon inaugurados simult谩neamente el nuevo tramo del ensanche de la calle Corrientes y el gran Obelisco.

隆El Obelisco!. Este ser铆a la involuntaria v铆ctima del inagotable ingenio porte帽o, que con humor desprovisto de malicia, hac铆a de esta mole un sujeto pasivo de bromas, que muchos escenarios de teatros recog铆an y ampliaban.

Pero por encima de este aspecto humor铆stico 鈥搎ue es lo anecd贸tico- hab铆a algo m谩s profundo. Estaba naciendo para la ciudad de Buenos Aires una nueva etapa, portentosa e infinita.

Y dentro de ella ese Obelisco, que con las l铆neas cl谩sicas con que hab铆a sido erigido, ser铆a con el devenir del tiempo, el documento m谩s aut茅ntico de una ciudad con personalidad, grande, fuerte y pujante.

Y 鈥揷uriosamente- ese d铆a 23 de Mayo de 1936, tambi茅n se celebraba el cuarto centenario de la Primera Fundaci贸n de Buenos Aires, que ratificaba, que aquel lejano d铆a de 1536, con la fundaci贸n del Puerto de Santa Mar铆a del Buen Ayre, comenzaba en las orillas del Plata, un hito civilizador.

Y desde entonces, Buenos Aires con su grandeza, tiende sus brazos a todos los pueblos del mundo. Y lo hace con sentimientos nobles, generosos y fraternales. Terminada la ceremonia, se apagaron 聽las voces.

El r铆o de seres humanos se alej贸 despaciosamente como una ola gigantesca que se fue diluyendo hacia los cien barrios porte帽os. Sus habitantes comprendieron que desde ese d铆a la Gran Aldea, comenzar铆a su definitivo destino de Gran Ciudad.

Muchos quedaron pensando, sin duda, que ya no se apagar铆a el incesante progreso que fue haciendo de Buenos Aires una de las ciudades m谩s importantes del mundo y verdadero orgullo de todos los argentinos. Porque, 聽鈥渉ay llamas que encendidas, no podr谩n apagarse鈥.

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