El Padre Jorge, un jesuita que está más allá de todo

Por Alicia Barrios.

Irlanda y un viaje difícil para el Papa (AFP).

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Por Alicia Barrios
abarrios@cronica.com.ar

Uno puede ser analfabeto de la Biblia. Muchos lo somos. No es este el error que cometió el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, cuando pidió al Papa que haga justicia por los abusos de la Iglesia en todo el mundo. Este hombre es un ignorante del protocolo y la buena educación.

Desde su lugar de anfitrión en el Palacio de Dublín, retaba a Su Santidad como si fuera un chico diciéndole eso que debía hacer no sólo en Irlanda, sino en todos los demás países. Varadkar no debe haber leído los diarios respecto de la actitud de tolerancia cero ante los abusos que caracteriza el mandato de Francisco desde el mismo 13 de marzo de 2013.

Carecía de información acerca de las reuniones que mantuvo en Santa Marta con las victimas de abusos en Chile, a quienes invitó a su casa e hizo un apostolado de la escucha. Ni que hablar cuando citó a toda la jerarquía eclesiástica chilena, los puso a reflexionar y la conclusión fue la renuncia de todos a disposición de Su Santidad. Aceptó cinco y va por más. Luego de este recibimiento, el padre Jorge con sus pasos de jesuita empezó a caminar la multitudinaria fiesta de las familias en Irlanda. Lo ovacionaron más de 100 mil personas en el Croke Park. Fue recibido como un rock star.

Bergoglio, humilde como es, se quedó entre el público. No quiso un altar para él, no tenía sentido porque se trataba de una fiesta para las familias. Al final subió al escenario para contestar preguntas de varios matrimonios procedentes de todo el mundo.

Él resaltó "somos una sola familia en Cristo". Para él la Iglesia es una familia de los hijos de Dios, en la que nos alegramos con quienes están alegres, y lloramos con los que sufren o se sienten abatidos por la vida.

Para él son la mayoría del pueblo de Dios. Es tan importante que Francisco no concibe la Iglesia sin familia, porque no existiría la alegria y sería una institución de establishment. Después con ese humor que no pierde de vista, se refirió a que la santidad no está reservada sólo a unos pocos privilegiados, todos tienen que participar "padres, madres, abuelos, nietos, hijos e hijas. No sólo ellos: también las suegras y las nueras". Un padre que da consejos. Explicó que cuando estamos enojados queremos perdonarnos y no sabemos cómo. Nos da vergüenza, pero queremos construir la paz, dio una clave: "Necesitamos aprender tres palabras: perdón, por favor y gracias". Después regaló a cada uno de los asistentes una copia de Amoris Laetitia, que él escribió como una guía para vivir con alegria el Evangelio. Palabra de Bergoglio, palabra de familia.

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