El argentino en su laberinto

Opinión por Analía Caballero. 

Las protestas, una imagen recurrente en estos tiempos.

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acaballero@cronica.com.ar 
@analiacab 

La mayoría de los argentinos no entiende esa economía de números rojos en las tablas de cotizaciones de la Bolsa, estrategias bancarias, rescates financieros o reestructuraciones de deuda. El ciudadano "de a pie", como suele decirse en la jerga periodística, se preocupa si sube el dólar. Punto.

Sabe lo básico: que cuando nuestra moneda se deprecia, los empresarios especulan, los supermercadistas retienen productos y las naftas suben. La realidad es que no importan los motivos porque la masa asalariada está ocupada pensando cómo hacer para que este mes le alcance ese mango tan devaluado que tiene en el bolsillo.

Los verdaderos protagonistas, esos que mueven la aguja de nuestras vidas, son dos: el gobierno y el mercado. Cargado de bonitas palabras, el primero intenta domar al segundo, que sólo se mueve al ritmo de ese billete que acá no se produce. La fiebre del dólar vivida en las últimas horas alcanzó un nivel de desasosiego peligroso, que agita los peores recuerdos y nos arrastra a todos a una paranoia digna de un diciembre cuando aún no comenzó septiembre.

Las malas decisiones políticas de esta gestión durante los últimos meses sembraron el camino con una disconformidad que ya está teniendo frutos en la calle, todos los días: gremios, estudiantes y organizaciones sociales encuentran en la protesta una vía de escape a la frustración.

Otras maniobras difíciles de entender, como la decisión -vamos a presumir patriótica- del Presidente de la Nación de mostrarse "paternalista" y enviar ese mensaje en video que luego fue descalificado por el Fondo Monetario Internacional, suman confusión. Por eso, la crisis económica parece necesitar una solución política. Porque mientras la gente hace cuentas, empieza a pensar en su próximo voto.

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