El gorri贸n, el caf茅 con leche con a las de Buenos Aires
Por Pedro Patzer.
鈥...yo miro a Buenos Aires del nido de un gorri贸n鈥︹ Manifest贸 el poeta Horacio Ferrer
Entre sardinas de subte, arbolitos de Florida (que su 煤nico reverdecer es el d贸lar), y 聽c谩maras que nos esp铆an, sin revelar ning煤n milagro cotidiano, est谩n los linyeras m谩s elegantes de la ciudad: los gorriones.
Hacen del poste de luz, un 谩rbol; de la estatua, un ingenuo espantap谩jaros, de los cables de tensi贸n, lianas de la selva urbana; hacen nido en la mirada perdida del 煤ltimo poeta de caf茅 y en el estribillo del tango que silba el canillita al amanecer.
En Buenos Aires todo es m谩s moderno, ya no hay yeyos como taxis, al cortado lo llaman latte, y el alma de nada por estos lares funciona con cospel, 聽sin embargo los gorriones permanecen custodiando los antiguos tesoros porte帽os, aunque cada vez m谩s cuesta hallar a estos p谩jaros color de domingo. Las radiaciones electromagn茅ticas de las antenas de tel茅fonos celulares son la causa principal de su desaparici贸n.
La historia blanca nos cont贸 que el presidente Sarmiento los trajo en 1871 de Estados Unidos e hizo una suelta en Plaza de Mayo, o que el empresario cervecero Emilio Bieckert los hab铆a transportado en barco desde Europa y que enfurecido por las impuestos aduaneros que le exig铆an pagar para ingresarlos, los liber贸 en el puerto. Aunque lo cierto es que los primeros gorriones vinieron en el tambor de un esclavo africano, muchos a帽os antes de que Sarmiento fuera presidente y de que Bieckert tuviera el cabreo del siglo XIX en la aduana porte帽a. Tanto es as铆 que el negrero que 鈥渃ompr贸鈥 al esclavo le tatu贸 en su brazo la marca de un gorri贸n, porque fue todo un suceso de la 茅poca, cuando al golpear el parche del tambor una bandada de gorriones poblara de futuro al cielo porte帽o. No hay demasiados registros del esclavo, lo 煤nico que se sabe es que al morir fue enterrado con su tambor y un gorri贸n.
La banalidad de las estad铆sticas indica que un gorri贸n puede llegar a vivir trece a帽os en cautiverio, y que generalmente no llega a los siete a帽os en libertad. Es decir, el gorri贸n enjaulado vive m谩s que en libertad. Aunque todos sabemos que un gorri贸n en una jaula es tan s贸lo un fantasma de un gorri贸n. Los gorriones que hicieron nido en los barcos pintados por Quinquela Mart铆n, en las discusiones de los fil贸sofos de pizzer铆a o en la boca de Delia Garc茅s, son los mismos gorriones que miran a los que nadie mira, los gorriones que le cantan a los que nadie les canta, esos gorriones - que jam谩s conocieron una jaula y que nunca consideraron delicioso al alpiste - son los que cambiaron la historia del coraz贸n de esta ciudad y, aunque 聽viven biol贸gicamente menos que los de cautiverio, viven hermosamente m谩s. Un gorri贸n enjaulado se marchita, un gorri贸n en libertad cierto d铆a se va para siempre al pa铆s de la sudestada.
El poeta Celedonio Flores lo comprendi贸 por lo que escribi贸: 鈥淩ebeldes como los gorriones que mueren de rabia dentro de la jaula y llenan las plazas de alegres canciones鈥
Si bien a Gardel - el que cant贸 como nadie el tango Gorriones - lo bautizaron como el zorzal criollo, y 聽las baladas suelen mencionar al jilguero como el p谩jaro del canto amoroso, el gorri贸n consigui贸 lo que ninguno de ellos: aprender lunfardo. El gorri贸n comprende lo que significa 鈥渕ina鈥, 鈥減ucho鈥, 鈥済uita鈥, 鈥減ilcha鈥, 鈥渃urda鈥, 鈥渁poliyar鈥, 鈥渢roesma鈥 y boludo; no es un p谩jaro que haya que hablarle con los modales de la real academia y mucho menos de t煤. Al gorri贸n se le habla de vos, se le dice: 鈥渃he gorri贸n鈥, hasta sufre cuando una gorriona se raja con otro gorri贸n y mucho m谩s cuando se pianta con un canario de jaula de oro.
Cualquier preso te va a hablar del gorri贸n como aquel que le trae noticias del cielo de los libres. En el Borda suele ser el p谩jaro preferido de los Napoleones y en los patios de los museos de los bostezos es el encargado de ponerle un poco de m煤sica a tanto desierto.
Edith Piaf fue bautizada como el gorri贸n de Par铆s, nosotros tuvimos como gorri贸n de Buenos Aires al poeta H茅ctor Negro que como testamento l铆rico escribi贸: 鈥淨uisiera que me dejen elegir ser el p谩jaro que m谩s se pareci贸 a las cosas m铆as. Ni ruise帽or, ni c贸ndor, ni zorzal. Yo tengo mi paisaje y mi canci贸n. Ni colibr铆, ni albatros...nada m谩s que gorri贸n鈥
El gorri贸n no tiene pretensiones de 谩ngel, 茅l prefiere ser el caf茅 con leche con alas de Buenos Aires, porque el gorri贸n es el p谩jaro que m谩s le gusta andar entre lo humano, conoce la tragedia del pan duro y del zapato roto. Por eso cada vez que veas un gorri贸n decile las palabras m谩s libres que salgan de tu coraz贸n, record谩 que 茅l es el alma de los esclavos que lucharon por su libertad en los tiempos de la colonia, record谩 que en su cantar hay algo del retumbar de los tambores negros, y si quer茅s tambi茅n decile adi贸s, ya que el gorri贸n es como la Buenos Aires parda que est谩 dejando de ser - que como tantas Buenos Aires que ya se han ido con demasiadas cosas - esta Buenos Aires se va junto al gorri贸n, a vivir hacia la memoria de muchos, hasta que ella se apague.