La batuta de la vieja guardia

Opinión por Luis Autalán. 

Schmid, Moyano, Barrionuevo y compañía vuelven a pensar en tomar medidas.

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lauatalan@diariobae.com 

Mar del Plata generó un escenario del verano caliente sindical. Confirmó divisiones, posturas ante el gobierno y algunos clamores en común. Punto gravitante, el anfitrión tradicional Luis Barrionuevo, que tiempo atrás ofició de contacto privilegiado con la Casa Rosada, en presente distante y de regreso a su virtud de francotirador dialéctico.

Anticipar un final al estilo de Raúl Alfonsín o de Fernando de la Rúa fue la frase que arropó la previa a un almuerzo con presencias de peso como Hugo Moyano, Sergio Palazzo, Juan Schmid, Carlos Acuña y otros en tenor de pulseada con la ausencia de los Gordos, Independientes y otros, algo similar a las posturas que se enfrentan sobre medidas de fuerza en tiempos de Cambiemos.

La respuesta llegó cuando la relación con el gobierno está en su peor momento, entre denuncias cruzadas y la polémica reforma laboral esperando en los archivos del Congreso. La ausencia del ministro de Trabajo, golpeado por el escándalo de su empleada, fue otra oportunidad para los sindicalistas para devolver los ataques.

Tampoco los ausentes dejaron de lado la actualidad para poner acento en temas de relevancia, como el escándalo del titular de Trabajo, Jorge Triaca. El triunviro Héctor Daer, sin asistencia a La Feliz, calificó de "aberración" que el jefe de la cartera laboral haya tenido personal en negro bajo su tutela doméstica.

El temario de Mar del Plata consignó llamados de atención, proclamó las paritarias libres y respaldó a organizaciones sindicales en conflicto, sea cual fuere su DNI respecto de centrales. La Ctera, blanco elegido por el Ejecutivo para aplicar un decreto misil, fue el destinatario de solidaridad pero no el único.

A la declaración final también le asiste más que un subrayado respecto de la judicialización sindical, vía tribunales y con eco mediático. La conclusión de los juegos de poder también deja su rezongo para los dirigentes más jóvenes, que fueron testigos una vez más del protagonismo de la Vieja Guardia, quienes tomaron la batuta.

Consideran sin embargo que discutir pergaminos quedará para otra ocasión, a la luz de paritarias condicionadas al 15%, avalancha de despidos, inflación atada con piolines de seda para su contención y otras cuitas. Otros ofrecen la mirada intermedia y desafío de supervivencia, postergando la disputa del próximo liderazgo del sillón mayor de Azopardo.

Es decir, no esmerilar al triunvirato porque ejercer el poder en medio de tormentas es algo más que pelear contra la quita salarial por Ganancias.

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