La disputa por los barrios: el puntero, el narco y el pastor
Opini贸n por Gabriel Calisto.聽
gcalisto@cronica.com.ar聽
@gcalisto聽
El Estado no llega a los barrios m谩s necesitados. Por su estructura y forma de gestionar, la burocracia que implica y las dificultades para extender sus redes, la presencia de los servicios b谩sicos en las zonas m谩s carenciadas hist贸ricamente brilla por su ausencia. Pensar en hospitales, escuelas, centros de tr谩mites y comisar铆as es casi una quimera que se mantiene en el tiempo, pese a los intentos de gobernadores e intendentes.
De all铆 que hayan proliferado durante a帽os los punteros pol铆ticos, que hac铆an el trabajo sucio de conectar las necesidades de los humildes con la gesti贸n de los partidos. Pedir el voto a cambio de llevar una heladera. A fines de la d茅cada del 90, sin embargo, la mala fama de los punteros perdi贸 terreno frente a un nuevo actor social que se instal贸: el narco.
D铆as atr谩s, un dirigente del oficialismo lo defini贸 as铆: "El narco, a diferencia del puntero, no busca la ayuda del Estado; el narco lo reemplaza, y se convierte en el benefactor cuando hay una necesidad, pero tambi茅n en el verdugo porque hace su propia ley".聽El avance del narcotr谩fico impuso esa ley en numerosos barrios del pa铆s, tanto en el conurbano bonaerense como en villas y otros puntos de todos los distritos.
En los 煤ltimos tiempos emergi贸 un nuevo actor social, la iglesia evang茅lica, que cobr贸 mayor relevancia a partir de dos hechos: el acuerdo con el gobierno de Mar铆a Eugenia聽Vidal para gestionar la ayuda social, y m谩s ac谩 en el tiempo, la victoria del pol茅mico Jair Bolsonaro en Brasil.
"Los evang茅licos te evitan la intermediaci贸n sucia del puntero y combaten al narco porque ellos ganan adeptos con un mensaje muy fuerte contra las adicciones", grafican quienes miran con preocupaci贸n el desarrollo del nuevo sector, "pero tambi茅n acumulan un poder y una fanatizaci贸n que pueden ser una bola de nieve dif铆cil de controlar".
Para pensar el nuevo panorama social hay que tener en cuenta, siempre, a los actores influyentes. Y en los barrios la "competencia" es feroz.