La hipocres铆a de la meritocracia: 隆Discutamos la desigualdad!

Por Jorge Cicuttin.

@jorgecicu

En una semana en la que el centro de atenci贸n se lo han llevado las medidas que aumentaron el cepo cambiario –con el consiguiente incremento del d贸lar-, la discusi贸n sobre la falta de reapertura de actividades en medio de la pandemia, y la pelea entre Alberto Fern谩ndez y Horacio Rodr铆guez Larreta por el recorte de fondos coparticipables, pocos han debatido una frase del Presidente que a mi criterio es trascendental.

No en lo inmediato ni en referencia a los temas que hoy nos quitan el sue帽o y que m谩s nos preocupan, pero s铆 en cuanto al debate del modelo de sociedad que los argentinos queremos en el futuro.

"Yo no digo que el m茅rito no sirve para progresar, pero no creo en la meritocracia", exclam贸 en un acto el presidente, Alberto Fern谩ndez. Y la pregunta que dej贸 flotando y que es un debate mundial desde hace tiempo: 驴La meritocracia, funciona de manera equitativa, o termina siendo un sistema cerrado que solo beneficia a los que tienen m谩s oportunidades?

En uno de los carteles que los manifestantes llevaron este s谩bado frente a la Quinta de Olivos se pudo leer: “S铆 a la meritocracia. 隆Dejen de adiestrar vagos en lugar de educar trabajadores!”.

Ahora se sum贸 el ex futbolista Gabriel Batistuta, quien en las redes sociales se pregunt贸: “驴Fui un idiota por respetar estos ideales?”. Y puso su ejemplo, de una infancia humilde y de llegar al 茅xito gracias a sus m茅ritos y a su esfuerzo.

Por supuesto que esforzarse no tiene nada de idiota. Pero la discusi贸n de fondo no pasa por los esfuerzos individuales sino por considerar la desigualdad de los puntos de partida y si se debe o no tener en cuenta a la hora de medir los “m茅ritos”.

Una grieta pol铆tica y filos贸fica, que lleva a un punto crucial en las estrategias educativas de una sociedad, no solo en la Argentina sino en muchos otros pa铆ses.

En la Argentina, 驴se puede pensar en un sistema de ascenso social meritocr谩tico con el 40 por ciento de la poblaci贸n debajo de la l铆nea de pobreza?

Algunos soci贸logos, como Francois Dubet (“Repensar la justicia social”, editorial Siglo Veintiuno), piensan el sistema educativo como fuente de desigualdad y factor de consolidaci贸n de las diferencias de partida. Hoy la educaci贸n promete igualdad pero reproduce las desigualdades heredadas. El sistema no corrige la desigualdad, la reproduce.

En este sentido, la meritocracia es un sistema social en donde el criterio para definir los lugares que ocupan las personas en la estructura social, responde a los m茅ritos individuales, a aquellos que trabajan para obtener los mejores resultados. Pero sin tener en cuenta el gran condicionamiento de origen.

Dubet escribe sobre “el mito de la igualdad de oportunidades” y la enfrenta a lo que llama “la igualdad de posiciones”.

El reconocido soci贸logo franc茅s se帽ala: “Si las oportunidades son definidas como la posibilidad de elevarse en la estructura social en funci贸n del m茅rito y del valor, parece evidente que esta fluidez sea tanto mayor cuanto menos distanciadas entre s铆 se encuentren las posiciones, los que suben no tienen tantos obst谩culos que franquear y aquellos que descienden no se arriesgan a perderlo todo (...) En efecto, al menos desde los principios que la rigen, la igualdad de oportunidades no dice nada acerca de las desigualdades sociales que separan entre s铆 a las distintas posiciones; y el foso es a veces tan profundo que los individuos pueden no franquearlo jam谩s, con la excepci贸n de algunos h茅roes cuyas haza帽as se ponen en un marco dorado como una suerte de propaganda”.

Quienes se aferran a la meritocracia bas谩ndose en la igualdad de oportunidades entienden que las desigualdades socioecon贸micas est谩n justificadas porque son la expresi贸n del m茅rito que hizo cada uno en su vida. Aquellos que m谩s tienen son quienes m谩s se esforzaron. A la inversa, quienes menos tienen son aquellos que hicieron menos m茅rito.

聽Como se帽ala Dubet, “el problema es que acepta las grandes desigualdades porque provienen de una competencia equitativa. Otra consecuencia es que se acusa a los individuos de ser responsables de las desigualdades: si el rico se volvi贸 rico fue gracias a 茅l, si el pobre sigue siendo pobre fue por causa de 茅l”.

“En tal sentido la igualdad de oportunidades es enemiga de la solidaridad, porque la competencia instala un antivalor que es el desprecio por el derrotado, el vencido, se le culpabiliza individualmente de su derrota, mucho m谩s cuando se considera que hay iguales oportunidades y a pesar de ello no conquista una posici贸n”.

En este sentido, seg煤n el soci贸logo franc茅s, “la meritocracia anula la solidaridad, la diferencia de resultados, convierte al perdedor en un inferior, en un desigual cuya posici贸n es necesaria para organizar la sociedad. La igualdad de oportunidades clasifica a las personas, record谩ndoles que su lugar en la estructura social tiene un correlato directamente proporcional a su valor”.

El gran tema del mundo –del sistema capitalista podr铆amos decir-, es la desigualdad creciente. Una desigualdad que vuelve hip贸crita plantearse la meritocracia.

Ya s茅, todos estamos muy preocupados por la pandemia. Y est谩 bien. Nos asusta la disparada del d贸lar y nos quejamos por el cepo. Y no est谩 mal. Cuestionamos o apoyamos la marcha del gobierno nacional. Y es l贸gico. Pero a veces est谩 bien correrse de la vor谩gine diaria para plantearse temas de fondo. Y discutirlos, simplemente con el prop贸sito de buscar un futuro mejor que incluya a todos.

J.C

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