La solidaridad empieza en casa, pero debe haber criterio

Opini贸n por Gabriel Calisto.聽

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@gcalisto聽

El zapato aprieta por todos lados. La clase media se ajusta y resigna las conquistas que buscaba: ni vivienda propia ni vacaciones afuera. Incluso resigna esas marcas tradicionales y prueba de "las otras". Hasta los millonarios piden que tengan en cuenta que ellos tambi茅n sufren la crisis.

La realidad, y la forma en la que nos agrupamos socialmente, marca que uno suele estar encerrado en una burbuja de su propia clase social. El ejercicio de sacarse esa anteojera implica sacrificar la necesidad propia, tambi茅n postergada, para entender la del otro.

Es entendible que los millonarios se quejen. Nos causa gracia a los que los vemos desde nuestro departamento alquilado, pero en su c铆rculo es una crisis. Entender la urgencia implica salir del escenario propio y poder comprender que no siempre seamos destinatarios de los planes pol铆ticos.

En la clase media, por ejemplo, se instal贸 el debate sobre c贸mo rescatar a quienes tomaron un cr茅dito sin entender que la inflaci贸n lo har铆a dif铆cil de pagar. Sin morosidad, debieron ajustarse al m谩ximo. A cambio tienen una casa. Algo casi imposible de alcanzar en los 煤ltimos 20 a帽os del pa铆s. Es injusto que les cueste m谩s de lo que les prometieron, como lo es que el resto no pueda acceder a una vivienda digna propia.

Lo verdaderamente urgente es la necesidad de los que est谩n abajo. Ya en octubre, un informe advert铆a que el consumo de leche es el m谩s bajo desde 1990, cuando el pa铆s sal铆a de la hiperinflaci贸n. Pensar un par de minutos en una familia que no puede comprarles leche a sus chicos eriza la piel. Leche.

La magnitud de la decadencia socioecon贸mica se puede apreciar en otros datos concretos: el 60% de la poblaci贸n argentina gana menos de 20.000 pesos. Ocho de cada diez hogares no cubren la canasta b谩sica. Ocho de cada diez. En la Argentina de hoy llegar a fin de mes es un privilegio, tristemente.

El panorama, sin embargo, es tambi茅n claro sobre el rumbo a tomar: ayudar a los que m谩s lo necesitan implica exigir un mayor esfuerzo a los que m谩s tienen, incluso a los que tienen poder. Saber por d贸nde empezar es lo obvio, la verdadera pol铆tica implica dar la pelea para que el esfuerzo se reparta con la misma equidad con la que se plantea la recuperaci贸n.

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