Las malas noticias vienen en "aumento"

Opinión por Esteban Godoy. 

Los aumentos y la inflación; el dilema del gobierno de Macri.

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egodoy@cronica.com.ar 
@egodoyvallejos

La situación económica de la Argentina transita en permanente terapia intensiva. Los habitantes de este país nos acostumbramos a vivir "surfeando" las crisis, los cambios de reglas de juego (como la intangibilidad de los depósitos, por ejemplo), las devaluaciones y uno de los peores flagelos del bolsillo: la inflación.

Las noticias que todos desearíamos leer no aparecen. El presidente Mauricio Macri llegó al poder con un fuerte discurso de modificación del rumbo kirchnerista. Mayor apertura al mundo, sinceramiento de subsidios, tarifas y retenciones. Una apuesta a la lluvia de inversiones y, por sobre todas las cosas, fuerte pelea a la inflación.

A 26 meses de su asunción, los resultados son, cuanto menos, pobres. El índice de precios al consumidor ya suma casi 70% durante este período y todo indica que la meta del 15% anual no se cumplirá ni de cerca. Y la sentencia no es caprichosa, dado que los aumentos siguen su camino imparable. A los incrementos en luz, prepagas, celulares, peajes, combustibles y transporte, durante estos dos primeros meses del año, trascendió el último: 26% de alza en la tarifa del agua a partir de mayo.

La erosión sobre el poder adquisitivo es constante y angustiante. Incluso, hay números que causan dolor, como los que dio a conocer este martes la Dirección de Estadísticas porteña, que determinó que, para no ser pobre, una familia tipo necesita $17.096 en la ciudad de Buenos Aires.

El principal dolor de cabeza del Presidente es la inflación. Desea con todas sus ganas erradicarla, pero hasta el momento su estrategia y praxis fueron ineficientes. Y resulta llamativa o bien paradójica esa preocupación de Macri, porque, de persistir esta tendencia alcista, su período de 4 años al frente del Ejecutivo será, sin contar las híper de Raúl Alfonsín y Carlos Menem, por supuesto, el de mayor inflación desde el regreso a la democracia, en 1983.

Habrá que cambiar el enfoque y buscar a los mejores ejecutantes. Tan simple como formar un gran equipo de fútbol o la mejor orquesta. Por ahora, el bolsillo está detonado y las malas noticias vienen en aumento.

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