Los gatos de la pol铆tica

Opini贸n por Roberto Tassara.聽

rtassara@cronica.com.ar聽

El gato de la hija de los Clinton, un ejemplar com煤n llamado "Socks", muri贸 de c谩ncer a los 20 a帽os (m谩s de un siglo de vida humana). El 20 de febrero, en EE.UU, se festeja el D铆a Internacional del Gato en homenaje al longevo "Socks". Pero los gatos entraron en la pol铆tica mucho antes: el cardenal Richelieu, primer ministro del rey Luis XIII , vivi贸 rodeado de gatos.

En varias fotos, el bolchevique Lenin sale acarici谩ndolos. El Dalai Lama, Nobel de la Paz, los admira. Benedicto XVI, antecesor de Francisco, tambi茅n fue fotografiado con un gato. Si tan grandes personajes se identifican con 茅l, 驴por qu茅 en nuestro argot pol铆tico, "gato" es un insulto? Porque el "gato" es Macri, dice la calle.

Pero, el gato no tiene la culpa de los traumas pol铆ticos argentinos. Los egipcios lo adoraban 4.000 a帽os antes de JC. Su percepci贸n sensorial le permite anticiparse a los fen贸menos naturales y a la toxicidad psicol贸gica de los humanos. Sibilas y augures lo consultaban, y los chinos calculaban la hora mirando sus pupilas.

El gato practica la sociabilidad seg煤n sus necesidades vitales, por eso los grandes felinos se extinguen mientras los peque帽os sobreviven. El m谩s pol铆tico de los animales es el gato. El peronismo tiene tambi茅n su gen gatuno: "Cuando los peronistas se pelean -dec铆a el General-, es que se est谩n reproduciendo".

El motivo de la estigmatizaci贸n gatuna de nuestro argot remite al lunfardo. En los a帽os 30, "gato" era el bac谩n que pagaba mujeres. Seg煤n los eruditos, viene de "gatillar", o sea, sacar la billetera para el "garpe". Despu茅s, el mote se aplic贸 tambi茅n a las mujeres de alto precio. En los 90, la jerga "tumbera" incorpor贸 "gato" por el preso que limpia el pabell贸n. Tambi茅n puede significar ladr贸n descuidista. Esta 煤ltima voz parece la m谩s apropiada para relacionar al gato con la pol铆tica argentina actual.

Del 83 para ac谩, 驴cu谩ntos "gatos/as" hubo? Pero el gato escamotea s贸lo bocados excluidos de su rutina alimentaria (por la comida envasada que le da CFK o por las privaciones de la vida callejera), como un lomo de at煤n, porque es sibarita; en cambio los "gatos" pol铆ticos (y alguna "gata" tambi茅n) son glotones, tragan sin saborear, temiendo que alg煤n d铆a los citen a vomitar en tribunales.

Los gatos se domestican, pero no se someten. Suelen ser sociables, pero no necesitan la aprobaci贸n del entorno. Son independientes. Esto es lo que la soberbia humana, sedienta de poder absoluto, no puede tolerar. Nuestro problema no son los gatos, es la diarrea pol铆tica.

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