Los revolucionarios de caf茅
Opini贸n por Roberto Tassara.聽
De lo mucho que los 70 se llevaron en su ola de sangre, rescato el debate pol铆tico. Opinar y escuchar, sin temer a la posibilidad de que el adversario tenga una parte de raz贸n. Es cosa de gente que no se dedica a la pol铆tica. Una clase de gente como la de aquel caf茅 La Paz, de Corrientes y Montevideo, a comienzos de la d茅cada de plomo.
A帽os atr谩s, en una de sus mesas, Rodolfo Walsh hab铆a conocido a una estudiante de Filosof铆a que ser铆a su esposa. Aquel Walsh periodista, que despu茅s se inmol贸 en el guevarismo suicida. Otro pr贸cer de la izquierda, David Vi帽as, sol铆a paladear el caf茅 junto a la ventana, acaso para que una de sus lectoras lo abordase con seductora timidez.
El Turco As铆s, estrenando popularidad por "Los reventados", atra铆a las miradas femeninas y en su mesa no faltaban bellas psico-bolches, troscas y peronistas. Con los cuentos de "La manifestaci贸n", hab铆a sacado chapa de "enfant terrible", ridiculizando al viejo PC stalinista.
Todav铆a entre la publicidad y la literatura, Rodolfo Fogwill, m谩s tarde consagrado como "el 煤ltimo maldito", ten铆a mesa con ventana a Corrientes. En uno de sus relatos, "Los Pichiciegos", dej贸 una semblanza implacable de la guerra de Malvinas. Fundado en 1944, La Paz fue pariente pobre de aquellos m铆ticos reductos de la bohemia del Centenario, entre ellos el Caf茅 Santos Dumont, de Corrientes al 900, al que Rub茅n Dar铆o bautiz贸 como Los Inmortales; y La Brasile帽a, de Maip煤 y Bartolom茅 Mitre, frecuentada por el radical yrigoyenista Elpidio Gonz谩lez, que fue vicepresidente de Marcelo de Alvear.
Un vice d铆scolo, que dej贸 una lecci贸n de 茅tica para los pol铆ticos del futuro: en 1951, el ya viejo luchador rosarino muri贸 en el Hospital Italiano, habi茅ndose negado a cobrar la pensi贸n por el cargo desempe帽ado. Algo de aquella vieja bohemia sobreviv铆a en La Paz de los 70, donde la derecha tambi茅n opinaba y polemizaba. Una feminista y un cat贸lico pod铆an arrojarse filosos adjetivos filos贸ficos, pero jam谩s insultos.
La tertulia porte帽a motiv贸 a los extremistas de derecha. El ba帽o del caf茅 fue destruido con un artefacto explosivo, pero sin v铆ctimas. La sa帽a imperante entonces hace presumir que la intenci贸n del terrorista no era causar una masacre. Despu茅s, el terrible 24 de marzo y la dispersi贸n de los revolucionarios de caf茅, como nos defini贸 mi amigo Ricardo Morini, que me trajo a Cr贸nica. Es necesario que la "revoluci贸n" se haga en el caf茅, para que la pol铆tica fortalezca la democracia.