OPINION

Miles de fieles se congregaron en San Cayetano

Por Alicia Barrios.

por Alicia Barrios

abarrios@cronica.com.ar

San Cayetano sali贸 a pasear. Por primera vez en la historia, el Santito, como lo llaman los fieles, estuvo en un atrio que se arm贸 en el patio. Fuera del templo.

El historial de Cayetano es Padre de la Providencia, patrono del Pan y del Trabajo. Oriundo de Thiene, Italia. Lo recuerdan en muchos pa铆ses de Europa y Am茅rica Latina. Su liderazgo indiscutido est谩 en la Argentina. Cuando era cardenal Bergoglio, no dej贸 de presidir una sola misa. La primera vez que fue, de pronto desapareci贸 de la vista de los sacerdotes. Reci茅n conoc铆an al arzobispo de Buenos Aires. Pensaron que se hab铆a ido sin saludar. Ofendido. Nada de eso, el padre Jorge estaba tomando mate con los Boy scouts y los promesantes que hac铆an la fila para entrar.

Siempre le ped铆a que bendijera el pa铆s con paz, pan y trabajo para todos. Una frase memorable de esas 茅pocas: 鈥淣uestra Patria florece cuando la vemos en el trono de la Santa Igualdad鈥 . Un Bergoglio 铆ntimo, inspirado, es el que siempre despertaba en Liniers el coraz贸n de los fieles. Siempre mencionaba lo caro que estaba el pan y lo duro que era conseguir empleo.

A San Cayetano muchas familias dejaron de ir como antes porque s贸lo hay para pagar un boleto. La SUBE anda seca como lengua de loro. El trabajo hace a la dignidad humana este a帽o, el mensaje m谩s fuerte y contundente fue el de monse帽or Oscar Ojea, presidente de la Comisi贸n Episcopal Argentina. Habl贸聽del mundo del desamparo, de los que est谩n afuera, excluidos. Sin pelos en la lengua, habl贸 del trabajo mal remunerado, que no s贸lo se extiende al sudor de la frente sino tambi茅n al del coraz贸n.

Todo el arco period铆stico y pol铆tico esperaba el 7 de agosto para la homil铆a de Bergoglio, porque reflejaba el dolor, la necesidad de los pobres. En el 2001, observando la brecha entre pobres y ricos, denunci贸 que mientras los primeros estaban en la calle buscando trabajo y, encima siendo reprimidos, la gente rica festejaba fastuosamente, elud铆a a la Justicia y, encima, recib铆a aplausos. Critic贸 desde entonces hasta hoy la insensibilidad de los poderosos intereses econ贸micos.

Al terminar de oficiar la misa, caminaba m谩s de veinte cuadras entre la gente. Los saludaba uno por uno. Recib铆a toda clase de pedidos para que no s贸lo intercediera por el trabajo, sino tambi茅n por comida, ropa y hasta 鈥渦n terreno para poder construir una casita para la familia 鈥. 脡l les dec铆a 鈥渇elices de ustedes, los que lloran al acercarse a San Cayetano, pidiendo el pan y el trabajo; en esa l谩grima conf铆an en el pedido y ruego, seguro que han sido escuchados y atendidos 鈥. Te acordaste, hermano, qu茅 tiempos aquellos, la vida nos daba la misma lecci贸n.

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