Nada de esto fue un error

Opini贸n por Luis Autal谩n

lauatalan@diariobae.com聽
@luisauatalan聽

Cuando en la d茅cada de los ‘70 alguien llamado Guillermo Vilas hizo del tenis un deporte inclusivo, nacional y popular en este pa铆s, aprendimos su lenguaje t茅cnico. “Errores forzados y no forzados”, entre algunas de sus definiciones. Concepto al que podemos echar mano para hablar de econom铆a en grandes trazos.

Lo podemos esbozar a partir de la declaraci贸n de soberan铆a que ofrecieron en las PASO dos de cada tres argentinos, entre los cuales se encuentran un tercio de los compatriotas que est谩n a distancia gal谩ctica de cualquier “efecto derrame”, salvo que este contenga pobreza y otros males. Son los que en situaci贸n de v铆ctimas les propusieron un freno al modelo econ贸mico de Cambiemos, sus parches y otros destratos.

Decimos entonces “errores no forzados” en virtud de que se trata de yerros a los que no nos empuja el rival, sino que se concretan desde la propia impericia o, en un nivel m谩s grave, los errores buscados. Como resumi贸 el colega Alejandro Bercovich en un editorial radial, de 2015 a la fecha se activaron medidas econ贸micas para que gane, como siempre, una m铆nima porci贸n de los argentinos, la cual, si se asoma a la pobreza, lo har谩 desde alg煤n medio o en un filme. Alguno de ellos incluso lament贸 “el dolor de ya no ser billonario”.

Si de errores no forzados se trata, los dichos del Presidente invitan a diferentes formas de verg眉enza, cuasi adjudicando el fracaso de su proyecto de gesti贸n a quienes no votaron al oficialismo, y su pedido de disculpas posterior, le铆do a trav茅s de un monitor, mengu贸 apenas el papel贸n.

Habr谩 que decir, tambi茅n, que el formato de la econom铆a de Cambiemos no tiene partitura original, ya se aplic贸 con otros disfraces, como dijo Bercovich, antes y despu茅s de 1976. Para la ocasi贸n que nos ocupa, con funcionarios que poseen gran parte de sus bienes en el exterior, y algunos considerando que los volver铆an a tener en esta tierra “cuando recuperaran la confianza en Argentina”. No parece osado considerar que, si de pol铆tica se trata, la sensibilidad del Ejecutivo, por tocar alguna fibra, no brotar谩 ni siquiera con un nuevo pr茅stamo del FMI.

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