Rubén DarÃo, un ser humano que encontró la magia en las pequeñas cosas
El reconocido poeta no era argentino, pero quiso mucho a esta tierra. Fue un hombre de un espÃritu especial que sintió que sólo cuando volaba, no corrÃa el riesgo de caer.
Quien esto escribe residió durante muchos años en la ciudad de Adrogué, partido de Almirante Brown, llamada también la "Ciudad de los Ãrboles". Es sorprendente la curiosa diagramación del lugar y de sus diagonales, que convergen formando numerosas plazas.
Esa caracterÃstica tan especial, sumada al perfume de las flores que en primavera la hacen inconfundible, atrajeron a ella a numerosos poetas. Inclusive Jorge Luis Borges, vivió largos años en Adrogué. Y también residieron allà Miguel Cané y Belisario Roldán.
Pero no todos saben que en una vieja quinta de Adrogué ubicada en la calle Avellaneda, vivió un poeta de fama universal. No era argentino, pero quiso mucho a esta tierra. Se llamó Rubén DarÃo.
HabÃa nacido un 18 de enero de 1876. Fue un hombre de un espÃritu especial que sintió que sólo cuando volaba, no corrÃa el riesgo de caer.
Un poeta, que soñó –y no se equivocaba- que sus lectores soñarÃan sus sueños. Un ser humano en definitiva, que encontró la magia de las pequeñas cosas. Porque descubrió que la magia, está en las cosas.
Y para mostrarles más acabadamente su personalidad, quiero recordar un pequeño trozo de un poema, que define la pureza del poeta:
"Puede una gota de lodo
Sobre un diamante caer
Puede también de este modo
Su fulgor, oscurecer.
Pero aunque el diamante todo
Se encuentre de fango lleno
El valor que lo hace bueno
No perderá ni un instante
Y ha de ser siempre diamante
Por más que lo manche el cieno".
HabÃa nacido en América Central, en Nicaragua, en 1867, el mismo año que nacÃa un gran escritor argentino, Roberto J. Payró, autor de “El Casamiento de Lauchaâ€, de quién fue gran amigo. Porque cuando Rubén DarÃo vivÃa en Adrogué, Payró residÃa en Lomas de Zamora, ambas ciudades del sur del Gran Buenos Aires y geográficamente cercanas.
Rubén DarÃo, de origen mestizo, de salud enfermiza, de vida irregular, en la que el alcohol y las mujeres jugaron un rol preponderante, tuvo una generosidad no menor que su talento.
Un año antes de su muerte, acaecida a los 49 años, en 1916, con una situación económica bastante precaria, habÃa conseguido cobrar del gobierno de Nicaragua, su patria, una vieja deuda, luego de varios años de lucha legal.
Y aquà un caso inusual de nobleza. Habiendo retirado Rubén DarÃo el dinero de una institución bancaria, al salir, se encontró en la calle con una humilde vendedora de frutas que estaba acompañada por cuatro hijos pequeños. Era de aspecto enfermizo.
Extrayendo de su billetera todo el dinero percibido pocos minutos antes, Rubén DarÃo se lo regaló a la mujer diciéndole: “Tus hijos están desnutridos, aliméntalosâ€.
¡Qué podrÃa agregar!. Que su generosa sensibilidad trae a mi mente este aforismo que lo define: “El gran poeta no es solamente el que escribe mejor, sino aquel que siente mejorâ€.