San Pugliese y los milagros de la dignidad
Por Pedro Patzer
Un pianista muchas veces amenazado y encarcelado por su ideolog铆a se transform贸 en el amuleto y el santo de los m煤sicos (y de los que la vida var贸 en sus insondables silencios) o como 茅l mismo se reconoc铆a en聽"la medallita del pueblo".
La cultura popular ha creado un arquetipo que ha destrozado la carrera art铆stica y la vida personal a muchos: el mufa. Talentosos artistas han sido envueltos en este siniestro sayo nacido de la envidia, as铆 se han eclipsado carreras y obras.
La maldad produce una superstici贸n que hace que inseguros periodistas culpen de sus frustraciones a estos condenados artistas. De modo que dejan de difundir e invitar a los 鈥測etas鈥. Sin embargo a veces a los malvados el tiro les sale por la culata y cuando la envidia los incita a darle el mote de mufa a un artista, por un extra帽o misterio, los vuelven s铆mbolos de la buena suerte.
Algo as铆 sucedi贸 con Osvaldo Pugliese, quienes no se conformaron con perseguir y encarcelar por sus ideas pol铆ticas, adem谩s quisieron hacer de 茅l un yeta.聽
Pero don Osvaldo se convirti贸 en el milagrero de los m煤sicos, en un santito de los que luchan por no perder su propia m煤sica, pese al ruido del mundo. Tanto es as铆 que cada vez que Pugliese era detenido, su orquesta se presentaba con un clavel rojo sobre su piano solitario.
Era la contrase帽a con la que sus seguidores ingresaban a esos conciertos con una ausencia presente. Nadie podr铆a asegurar de qu茅 jard铆n se sacaba ese clavel aunque todos podr铆amos afirmar que esa flor nunca hubo marchitado.
De hecho nadie lo piensa como muchos claveles, se sue帽a como un mismo clavel, la misma antorcha, la misma paloma, la misma bandera, la 煤nica llave, como su m煤sica. En ese clavel rojo podr铆a estar la cicuta que le hicieron beber al viejo griego y los clavos con los que crucificaron al redentor. Es decir, ese clavel viene de lejos, ese clavel perdurar谩 por siempre.
Ese clavel rojo es el No necesario para decirle S铆 a las mejores cosas de la vida. El mismo No que a la larga fue el S脥 de S贸crates, Cristo, Dorrego y tantos otros. Como ese clavel, la presencia de Pugliese se ha vuelto figura de la buena suerte. Son muchos los m煤sicos que lo tienen retratado en sus guitarras, camarines, hasta tatuado en sus cuerpos. Su poder antimufa custodia a los artistas en sus retos m谩s dif铆ciles.
Charly Garc铆a, Le贸n Gieco y tantos otros promueven a este santo de Villa Crespo, este milagrero de caf茅, que custodia a los m煤sicos desde esos 鈥渃ulodebotella鈥 que esconden detr谩s a dos ojos que parecen hormiguitas de pentagrama.
Tal vez a trav茅s de esos gruesos anteojos era posible ver ese otro mundo que so帽aba, ese deseo que le hizo crear el sindicato de m煤sicos, esos ideales que le otorgaron una claridad mental, un pensamiento antorcha: 鈥淟a soberan铆a nacional se defiende tambi茅n con la cultura鈥.
La vida de Osvaldo no fue f谩cil, pero 茅l nunca estuvo solo, su dignidad fue lo que el bast贸n a Chaplin, o mejor dicho, su dignidad fue su otra m煤sica. Sa煤l Cascallar,聽compa帽ero de c谩rcel del maestro, recuerda: 鈥淧ugliese estaba all铆, y cuando le toc贸 barrer los pisos, la gente le dec铆a: 鈥淣o鈥. Pero 茅l dec铆a: 鈥淵o tambi茅n鈥, y 茅l tambi茅n pasaba el lampazo con todos los dem谩s presos, y al otro d铆a le toc贸 ir a la cocina a pelar papas. Y pel贸 papas.鈥
C贸mo extra帽ar铆a don Osvaldo a su piano en la celda, todo la m煤sica que acumular铆a en los silencios de calabozo 驴Pero acaso el que encierra al p谩jaro en la jaula, puede encerrar su canto? Ese hombrecito del piano se hizo gigante en la historia del tango y tuvo que padecer todo lo que anunciara Yupanqui en el destino de canto: 鈥淪i t煤 eres el elegido, si has sentido el reclamo de la tierra.聽Si comprendes su sombra, te espera. Una tremenda responsabilidad.聽Puede perseguirte la adversidad. Aquejarte el mal f铆sico. Empobrecerte el medio, desconocerte el mundo.聽Pueden burlarse y negarte los otros.聽Pero es in煤til, nada apagar谩 la lumbre de tu antorcha.聽Porque no es s贸lo tuya.聽Es de la tierra, que te ha se帽alado鈥.
Osvaldo Pugliese, como tantos artistas populares que lograron alcanzar el alma de su pueblo (Antonio Tormo, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Horacio Guarany), tuvo que pasar por estas penurias, aunque el villacrespense consigui贸 lo que ninguno de los otros pudo: regresar como un santo.