Se va complicando el panorama para el gobierno
Opini贸n por Javier Carrodani.聽
jcarrodani@cronica.com.ar
@javiercarrodani聽
Los 煤ltimos aumentos que entraron en vigencia en febrero (combustibles, transporte, medicina privada, electricidad, peajes) impactaron en los bolsillos de la gente. Si se suma que la subida del tipo de cambio a 20 pesos por d贸lar preanuncia un traslado a precios de productos de primera necesidad -como suele pasar con cada devaluaci贸n, por peque帽a que sea-, puede entenderse que ciertas expectativas econ贸micas positivas que despertaba este gobierno vayan decayendo.
Las 煤ltimas encuestas de opini贸n tanto sobre la figura de Mauricio Macri como sobre la gesti贸n del gobierno nacional muestran una merma en los niveles de percepci贸n positiva y un aumento en los de percepci贸n negativa. El contexto pol茅mico que rode贸 la aprobaci贸n de la reforma previsional hizo mella en la imagen del gobierno, tras lo cual el episodio del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, con su ex empleada o colaboradora empeor贸 un poco m谩s el panorama.
Otro elemento que juega en contra es que en Capital y Gran Buenos Aires hubo m谩s cortes de luz este verano que el anterior, algo dif铆cil de aceptar cuando las tarifas ya han aumentado sensiblemente desde 2015 hasta la fecha y las inversiones grandes para mejorar el servicio todav铆a no se hicieron.
La explicaci贸n es que el atraso tarifario era tal que, con lo recompuesto, apenas alcanza para ir reemplazando y renovando las instalaciones existentes. A los usuarios, l贸gicamente, esa respuesta no les resuelve los trastornos sufridos. En tanto, el gobierno sostiene un enfrentamiento con sectores sindicales que cuestionan su pol铆tica econ贸mica y su modelo laboral, y emprende una ofensiva basada en la reivindicaci贸n del rol de las fuerzas de seguridad de "defender la ley y mantener el orden" con una rigurosidad que remite a tiempos previos a la crisis de 2001.
Parece buscar respaldo social eligiendo como adversarios a gremialistas ricos y bur贸cratas y a sectores "ultragarantistas" que, al decir de funcionarios, estar铆an m谩s del lado de los delincuentes que de la ley. Una jugada que, por cierto, implica algunos riesgos importantes.