Segundas marcas en la grieta de las góndolas
Opinión por Luis Autalán.Â
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@luisauatalanÂ
Cuando los jefes de este diario nos encomendaron escribir en este espacio, tuvo lugar un hecho Ãntimo y -si se permite- para compartir. Fue la tÃa Nelly quien nos recordó: "EscribÃs en el mismo espacio en que alguna vez lo hizo Américo Barrios". Nombre artÃstico de Luis MarÃa Albamonte, quien culminaba sus opiniones en Crónica con la viñeta: "¿No le parece?", lectura de niño para mÃ.
Inferirán ustedes nuestra emoción y ahà nuestro eje de hoy. Ni soñar con estar a la altura de Barrios, a lo sumo en la góndola periodÃstica seremos cuarta marca de esa raza. Y hablando de segundas marcas, ellas existieron también décadas atrás en el paÃs, al compás de las idas y venidas del neoliberalismo argentino.
Es asà que hasta los alumnos de la primaria, sin que se tratara de una materia curricular en el programa, conocimos de niveles sociales en cuanto al uso de marcas para productos varios. Las biromes en los 60 estaban prohibidas en las aulas, y los que empuñaban una Parker o una Sheaffer eran referentes envidiados. Pero la cuestión inclusiva era más amplia, incluso años donde las zapatillas no eran uso y costumbre, salvo para ejercicios fÃsicos.
Ocasión para la cual tomamos nota de que otros compañeros iban con ese calzado, zapatos de alguna imitación de plástico y varios sin medias. Curso acelerado de las leyes de la vida, si bien no eran tiempos de asistencia masiva a comedores escolares de la enseñanza pública. Sà una marca a fuego para lo que décadas después nos llevarÃa a ejercitar el periodismo económico, polÃtico y social.
En sÃntesis: no es lo mismo un producto elaborado en base a leche que un lácteo al 100%. Si de segundas marcas se trata, y desde el rango polÃtico en año electoral, en la traza de ciudadanos y segundas marcas de ellos, choca de frente que algunos expertos en comunicación gubernamental sostengan, con sonrisas, que "mucha gente tarda menos en pensar para definir su voto que para comprarse un vehÃculo o un electrodoméstico".
Si están en lo cierto, el spot presidencial de campaña respecto de que "los argentinos somos imparables" deberÃa ser editado para considerar que en realidad gran parte de nosotros "somos incorregibles", sin necesidad de ser peronistas. Podemos incluir a gobernantes. ¿No le parece?