Vida, yo te bendigo; vida, estamos en paz
El embri贸n carece de voz y voto en un debate trascendental.
agodino@cronica.com.ar
Parece que hoy todo aquel que se opone al aborto libre y legal es un retr贸grado. Para no serlo hay que sumarle adem谩s la necesidad de apoyar a los m谩s d茅biles, luchar por la paz, condenar la violencia y defender el medio ambiente. El d茅bil es el ni帽o frente al adulto, el negro frente al blanco, la mujer frente a la sociedad, los animales frente al hombre. Hay que tomar partido por ellos. Es recusable la guerra, la energ铆a nuclear, la pena de muerte y cualquier forma de violencia, la carrera de armamentos y las nuevas bombas at贸micas. La vida es lo primero; lo que debemos es mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Gran tarea por delante.
Hemos escuchado un grito que, como una exigencia natural, elevaban muchas mujeres: "Nosotras parimos, nosotras decidimos". En principio, el reclamo parece incontestable y as铆 lo ser铆a si lo nacido fuese algo inanimado, algo que el d铆a de ma帽ana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia como parte interesada de tan importante decisi贸n.
La vida humana es un don, un misterio y una esperanza. Comienza a desarrollarse a lo largo de nueve meses, ah铆 donde un cord贸n umbilical une dos corazones, dos mundos. Se discute en principio si el feto es, o no, un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepci贸n. Una cosa est谩 clara: el 贸vulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un c贸digo gen茅tico propio que con toda probabilidad llegar谩 a serlo del todo si los que ya disponemos de raz贸n no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad.
El aborto no es matar; a algunos les parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino. Se trata de interrumpir vida. No es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embri贸n consume su desarrollo por las razones que sea. Me pregunto: 驴en nombre de qu茅 libertad se le puede negar a un embri贸n la libertad de nacer? Algunas defensoras de esta pr谩ctica piden libertad para su cuerpo. Eso est谩 muy bien, siempre que en su uso no haya perjuicio de terceros. Esa misma libertad es la que podr铆a exigir el embri贸n si dispusiera de voz, aunque en un plano m谩s modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder usar ma帽ana de 茅l con la misma libertad que hoy reclaman sus madres.
El embri贸n es vida, s铆, pero no persona; mientras que la presunta madre lo es ya y con capacidad de decisi贸n. No se piensa que la vida del feto est谩 m谩s desprotegida que la del obrero, la del inmigrante, la de la mujer, la del pobre, quiz谩 porque el embri贸n carece de voz y voto, y pol铆ticamente es irrelevante. Contra el embri贸n, una vida desamparada e inerme, puede atentarse impunemente. Unos pueden decidir la muerte de otros. Los dem谩s fetos callar谩n, no podr谩n hacer manifestaciones callejeras, no podr谩n protestar, son a煤n m谩s d茅biles que los m谩s d茅biles cuyos derechos tratamos de proteger.
A lo mejor muchos de los que estamos vivos y muchos que fueron amorosamente adoptados podr铆amos manifestarnos con carteles que dijeran: "Gracias, mam谩, por dejarme nacer".