El espejo de la realidad
Hace un año, un fotógrafo casi muere por tomar imágenes de una marcha de protesta. Un ejemplo de la intolerancia con que la sociedad actual intenta, sin éxito, resolver sus conflictos.
No existen imágenes que permitan dar una idea acabada de cómo se vivÃa en la prehistoria ni en la antigüedad. Las pinturas rupestres o las esculturas que sobrevivieron hasta nuestros dÃas son, por su propia naturaleza, insuficientes para dar una visión integral de aquellas épocas.
Las técnicas artÃsticas mejoraron mucho en el Renacimiento, con la técnica de la perspectiva y con una camada de artistas excepcionales. Por esos años, los reyes y los magnates solÃan contratar a pintores de calidad para que los retrataran junto con sus familias. Obviamente, los mecenas se aseguraban asà una imagen pública que los favoreciera, sin importar si era auténtica.
Varios siglos después llegaron el daguerrotipo, la fotografÃa y la cinematografÃa. Los avances técnicos permitieron obtener imágenes más fidedignas y de calidad para capturar la realidad. Al menos, para destacar lo que el operador de la cámara considera lo más importante de ella.
De allà derivó el fotoperiodismo, una de las técnicas más ilustrativas para mostrar lo que pasa en el mundo. La lente del reportero gráfico puede captar por igual escenas cotidianas, guerras, fiestas populares, eventos deportivos, tragedias y alegrÃas. Las imágenes son un espejo de la realidad y del observador depende si ella le agrada o le disgusta.
En estos dÃas (el 12 de marzo) se cumplirá un año de que un fotoperiodista casi encuentra la muerte en una marcha de protesta frente al Congreso de la Nación. Pablo Grillo fue alcanzado por un cartucho de gas lacrimógeno que le explotó en su cabeza. Su vocación de retratar una manifestación de jubilados pidiendo que les aumenten sus magros haberes casi le cuesta la vida. Si el proyectil no se desviaba levemente en una valla, si la ambulancia tardaba dos minutos más en llegar, si los médicos del Hospital Ramos MejÃa no hubiesen actuado con la destreza con que lo hicieron, si no existieran técnicas e instrumentos adecuados para drenar el exceso de lÃquido cefalorraquÃdeo producto de la fractura de cráneo y de la pérdida de masa encefálica, Grillo habrÃa muerto.
El caso tiene una derivación judicial: Héctor Guerrero, el gendarme que le disparó, está procesado por lesiones gravÃsimas y al borde del juicio oral. Y deja también una moraleja: Grillo casi pierde la vida cumpliendo su tarea de mostrar la violencia con la que se zanjan las diferencias entre representantes y representados, en un paÃs que tiene cada vez más intolerancia y menos formación democrática. Las imágenes (son de hace un año, podrÃan ser de esta semana) del fotógrafo tirado en el piso, inconsciente y con la cabeza abierta, son un espejo para que se mire la sociedad. Y también las autoridades.